Una temporada en Puerto Azola

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Gonzalo Ortega reseña “Una temporada en Puerto Azola” en cartelera en el mes de abril en Teatro de La aurora. 

El inicio de la obra “Una temporada en Puerto Azola”, dirigida por Geraldine Ortiz, expondrá de inmediato el proceso creativo de un autor. Un actor llamará a otro para que realice una escena como si presenciáramos un casting. Mediante gritos lo impulsará a que repita una y otra vez, quién es él, cómo es la ciudad, de qué se trata en definitiva lo que veremos. El juego de mostrar el ejercicio y el error sumará una capa para hacer consciente al espectador que una obra no es solo lo presentado en el escenario, sino también, lo que va perdiéndose en la oscuridad de los ensayos.

Luego de eso, la aparición del humo y el apagado de las luces simbolizarán el inicio “verdadero” de la función.

La llegada de la pareja protagonista a la ciudad Puerto Azola reunirá en un diálogo reñido de distancias y acercamientos, los temas del presente, las decisiones y la familia. En el profesor recaerá el peso de demostrar por qué volvió a su ciudad de origen, en la esposa la duda por ese movimiento a contracorriente que están realizando: irse de la capital, regresar al pueblo.

Sin duda, dicho traslado, sobrevolará cada instante de la obra, donde las luces, los edificios y oportunidades que se dejaron atrás, se enfrentarán al muro de la corrupción representada por el Gobernador del pueblo. La política, como una tela de araña, se explicará como metáfora y realidad. La certeza de que las palabras construyen verdades se ajustará con la idea de que donde exista la posibilidad de poder, existirá la posibilidad de abusar.

La ida y vuelta, la rutina y los silencios, se concentrarán en una escena. La esposa leerá cada día un libro a la espera del marido. La sonrisa al recibirlo, el abrazo para validar la decisión, se irán erosionando a medida que las oportunidades no se materializan: la ciudad imaginada se enfrentará a la ciudad real.

El uso de la metáfora de las arañas, la construcción de la tela como una trampa, trasladará lo distante, la naturaleza de los bichos, a la cotidianeidad de la política. La memoria prenderá las luces para dibujar el recorrido del insecto hacia su presa.

Federico Zurita | Fotografía: Francisco Valdés Lagos

Federico Zurita | Fotografía: Francisco Valdés Lagos

Otro gesto que realza la idea de que la obra funciona más allá de lo expuesto será confirmado por un papel que está debajo de los espectadores. El profesor dará un discurso que no se podrá escuchar, interrumpido por las voces del Gobernador y una secretaria. Al salir de la obra, el espectador tendrá la oportunidad de leer dicho discurso como si la hora de duración se extendiera más allá de la sala.

La esposa protagonizará dos escenas violentas, una con el esposo, la otra con el Gobernador, develando que más allá de los gritos, la fuerza y los escupitajos, la verdadera violencia está en el acto de ser solo un rol: la mujer que espera el desarrollo de su marido.

En estas escenas dramáticas y en otras irónicas, en el simbolismo del espacio reducido, la casa que no es casa, las proyecciones que nunca ven la luz, la obra “Una temporada en Puerto Azola” manifestará un discurso para repensar la construcción de la familia, y cuáles son los mínimos elementos para soportar una vida en pareja.

Dramaturgia: Federico Zurita Hecht

Dirección: Geraldine Ortiz

Elenco: Juan Calderón, Jorge Salazar, Debora Weibel

Producción: Juls Toledo y Debora Weibel

Funciones en Abril:

Sábado 14 de Abril -19:30 Hrs.

Jueves 19 de Abril – 20:30 Hrs.

Viernes 20 de Abril – 20:30 Hrs.

Sábado 21 de Abril -19:30 Hrs.

Teatro de La aurora

Reservas: +569- 7137-3672

Av. Italia 1133, Providencia

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