Dolores o la inutilidad del todo

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Sin duda, la clave del relato es la desesperación de estas vidas inconclusas, personajes que nadan en la anomia y en el sinsentido. Gonzalo Ortega escribe sobre la primera novela de Ignacio Borel.

En la novela de Ignacio Borel, Dolores o la inutilidad del todo (Emergencia Narrativa, 2015), se despliega un mapa arrugado de un país sucio, gris y traicionero. En ella, un ramillete de personajes se unirá entorno a un hecho: el asalto al Banco Continental.

Luca, un tipo fracasado y solitario, conseguirá un trabajo en una armería después de varios declives en su vida laboral. Ahí aparecerá Ambrosio Bachmann, su jefe, un alemán desgraciado y xenófobo que lo utilizará para ser parte del asalto. Al grupo se unirá Romano (el hermano perdido de Luca) con su novia Dolores, y Wilson Equis, un miserable que no tenía nada que perder.

Sin duda, la clave del relato es la desesperación de estas vidas inconclusas, personajes que nadan en la anomia y en el sinsentido. De ahí el poder de la figura de Dolores, quien le da nombre a la novela, fantasma que visita el presente de los protagonistas, burlándose de aquellos que no pueden avanzar por amarrarse al pasado.

Por otro lado, los recursos que usa Borel, como diarios -con temporalidades traspuestas-, entrevistas a familiares y diferentes tipos de voces, van dibujando las sicologías de los individuos y sus perspectivas, dándole mayor profundidad al relato.

La escena de Luca afuera del banco esperando esos millones de pesos que cambiarán su vida, refleja la política de los años noventa en su intento por eliminar un pasado oscuro y proponer un futuro distinto. Sin embargo, el cambio no llegó, y Chile se transformó en “…un país que cada vez se asemeja más a una bomba que nunca estalló”.

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