Félix Bruzzone: “Las chanchas”

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Gonzalo Ortega reseña el libro “Las chanchas”, del escritor argentino Feliz Bruzzone. 

Félix Bruzzone: “Las chanchas”

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La literatura argentina actual ha generado un sinnúmero de escritores que avanzan por sus propios ríos, fluyendo en direcciones paralelas. Cada uno con sus específicas posiciones, velocidades y dificultades a sortear; cada uno sumergiéndose en sus corrientes. Nombres como Selva Almada, Iosi Havilio, Pablo Katchadjian, Maria Sonia Cristoff, Hernán Ronsino y Roque Larraquy experimentan cursos particulares.

Por su parte, Félix Bruzzone (Buenos Aires, 1976) con su libro “Las chanchas” (Editorial Random House) también logra crear su propio caudal. Y lo hace con una voz simple, alejada de los adjetivos; se desplaza, se hunde y levanta la cabeza constantemente para tomar aire y seguir nadando en las distintas temáticas que a veces desbordan lo explicable.

Ese primer gesto, el de explotar la cápsula de la realidad, de predisponer a una narración sin límites, ocurre en la primera línea: “Es una tarde cualquiera en el planeta Marte”. Con ello, Bruzzone establece desde el inicio la posibilidad del “todo puede pasar” en el libro. La realidad se puede moldear y distanciarse de lo lógico.

El libro comienza con Andy, uno de los protagonistas, abriendo la puerta de su casa a dos chicas (Mara y Lara) que pedían ayuda por el acoso de unos hombres. El refugio, que debía ser momentáneo, se expande, incluso, lograrán salir de esa casa y harán viajes juntos donde se incluiría Gordini, un amigo de Andy. La intimidad evolucionará.

La narración está dividida en tres voces: Andy, un personaje sin vitalidad que es trasladado a distintas situaciones por los dedos del destino; Mara, una de las chicas “secuestradas” que necesita una familia (por eso decide quedarse) y Romina, esposa de Andy, quien describe el clima junto a las fases del embarazo, uniendo lo externo e interno dentro de su siquis.

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Uno de los juegos que hace Bruzzone, es mostrar ese acto que une a Andy y las chicas, como visiones distorsionadas de un mismo hecho, percibiendo que todo es sicológico y maleable. Andy, asumiendo la anécdota sin consecuencias, mientras que Mara, conceptualizando ese encierro como un secuestro, que luego se tolerara por la idea de pasar tiempo con Lara.

Una de las claves del relato es que el tiempo es una masa sin distinción. Los personajes se desplazan solo geográficamente, el tiempo no existe. Excepto para Romina, mujer embarazada que, por tal condición, tiene su voz un registro más denso, manifestando por la coordenada temporal de lo que se vive y vendrá. Los otros se mantienen en el limbo, o en Marte.

Bruzzone incluye conejos, magos, marcianos, karaoke, todos elementos que en su configuración revelan sorpresas, la naturaleza  de romper con lo predecible. La diversión trata de eso, de lo inesperado. Con eso juega “Las chanchas” situando el relato en esa línea entre lo mágico y la realidad que explica la magia, confrontando el dinamismo y la necesidad de eliminar el pasado de varios personajes. Por un lado personajes que flotan (Andy, Gordini, Mara) y por el contrario, otros que registran los recuerdos como pesos inamovibles en la cabeza (Romina y la mamá de Mara que está sicótica a causa del supuesto robo de una hija).

“Las chanchas” se hunde en la vida, un pozo húmedo y oscuro, pero también encuentra en ese espacio un eco para reírse y lanzar piedras.

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