Miercoles 20/02/2019

Control de historias

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Felipe Valdivia nos ofrece su reseña a “Niña de Cristal”, de la escritora española Iria López Teijeiro.

Control de historias

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Existen distintas formas de construir una historia… y abrir historias. Si el narrador es lo suficientemente consciente sobre cómo está manejando la trama, y dependiendo de qué tan atractiva sea ésta, la justificación del argumento puede terminar en un resultado exitoso. En esto, por cierto, influirán distintos factores, entre ellos, la evolución de la personalidad de los personajes y su respectiva interacción; conflictos, escenarios narrativos, el tiempo y espacio, entre otros.

En el caso de “Niña de cristal” (Furtiva, 2013), la escritora española Iria López Teijeiro (Galicia, 1981), nos presenta la historia de Xiana, una joven fotógrafa que viaja a un pequeño pueblo de España, tras recibir una llamada del médico de cabecera, quien le informa que su abuela Amalia está agonizando. A ella no la ha visto desde los cinco años, luego de que junto a su madre las echaran de la casa por confusas causas. En ese nuevo escenario, Xiana conoce a Luis y Joaquín López Castro, su prima María, entre otros personajes que darán vida a la trama. Atrás quedan entonces su novio Brais (y al mismo tiempo su jefe), su madre y su trabajo freelance como fotógrafa. Ese vendría a ser el spolier esencial, el sustrato de la obra, la acción que motiva que Xiana se mueva.

Hasta ese instante, la novela podría leerse perfectamente como la rebelión de una mujer ante su vida, particularmente contra su novio, acaso la búsqueda de una excusa para marcharse y “emprender” algo importante. No se trata de una lectura simple, sino que son las evidencias empíricas que ofrece en el primer capítulo la propia autora, quien propone presentar la trama como tal, dada las sugerencias descriptivas que expone a través de un narrador omnisciente que se apodera de toda la obra y que se cita a continuación: “Era cierto. De hecho, hacía bastantes noches que Xiana no pegaba ojo. Las pasaba tumbada en la cama en silencio, escuchando de fondo la respiración de Brais mientras ella empezaba a creer que se había vuelto completamente loca. Algo no funcionaba en su interior, pero no era capaz de explicarse qué”; “Había pasado toda la vida dejándose llevar por los acontecimientos, adoptando las cosas como venían sin detenerse a tomar ninguna decisión por sí misma. Por eso había terminado en aquel pequeño apartamento con un dibujante vanidoso y egocéntrico al que solía llamar mi novio porque era lo que esperaba de ella (…) ¡Estaba harta! Cansada de dar vueltas siempre en la misma rueda. Tenía ganas de largarse antes de que fuera demasiado tarde”; “Y escribió en un folio que encontró sobre la mesa de su novio: Me largo”.

Resulta interesante que Xiana abandone a Brais motivada por el hastío que siente hacia él y escape hacia el mismo lugar del que fue despojada cuando era niña: la casa de su abuela. El problema ocurre a medida que la historia avanza (muy lenta y majaderamente), porque recién en la mitad del libro se esboza sucintamente cuál es el conflicto entre ella y su novio. Desde ese punto de vista, la presencia de Brais –como personaje– parece injustificada, pues su inexistencia no habría condicionado el resto de la historia, dado que Xiana de igual forma podría haber asistido al pueblo buscando otras excusas. Al lector le surgirá la siguiente pregunta: ¿por qué la autora demora tanto en argumentar la historia entre Xiana y Brais?

Inmersos ya en la trama con su abuela, la protagonista debe descubrir un secreto de familia que se irá develando, a medida que el narrador ofrezca una serie de cartas antiguas escritas por Nicolás, otro personaje que parece comunicarse desde el más allá con Amalia. Sin embargo, a medida que las cartas se inmiscuyen desde los primeros capítulos, caeremos en la cuenta que la autora construye una trama paralela a la obra, una que parece escribirse por sí sola, la cual es leída por nosotros, los lectores, porque Xiana sólo las descubrirá en los últimos capítulos. Entonces, a resumidas cuentas, aquel contenido epistolar contiene la historia de Nicolás, cuyos sucesos motivan a que Xiana se mueva y descubra su propio registro familiar; de alguna manera, los hechos, se conectan con la nostalgia y rabia que provoca algún tipo de abandono tanto en ella como en el autor de las epístolas. Esta repercusión directa en Xiana, provocará que emerjan otros conflictos referidos a los cuestionamientos que se le presentan a la protagonista, los cuales abordan (de nuevo, muy sucintamente) desde su inestable relación de pareja hasta su trabajo: “Las historias familiares son demasiado complicadas para comprenderlas desde fuera, pensó. De hecho, la mayor parte de las veces apenas si podemos entender la propia”; “–¿De qué te escondes?    –De mi madre, del trabajo, de mi novio (…) ¿Nunca has tenido la sensación de estar viviendo una vida que no te corresponde?”.

Iría López Teijeiro - www.radiofusion.eu

La autora, además, intenta abrirnos otra ventana a través de los recurrentes sueños que experimenta. En ese sentido, es muy interesante el fundido que realiza entre realidad e imágenes oníricas, dándole una forma estética bastante atractiva con el manejo de descripciones, pues logra recrear de manera magistral los escenarios en los que Xiana se desenvuelve. El contexto de un pequeño pueblo parece una decisión acertada, obedeciendo a las características de la historia. No sé si habrá realmente conexión, pero la novela posee muchísimos elementos literarios que recuerdan las ambientaciones que realiza el escritor argentino Federico Falco, cuyos cuentos ubicados en pueblos hablan de lentitud, cotidianeidad, pasividad, misterio, pero por sobre todo, de historias que abren otras historias. En cuanto al misterio, algunos pasajes de Niña de cristal también poseen un guiño a algunos relatos de Edgar Allan Poe, con descripciones lúgubres, muy propias de ese género. Al término de la novela, queda la sensación de que la historia tiende a volverse un tanto épica, por la forma en que la protagonista encuentra las cartas y resuelve el misterio del tan anunciado secreto familiar. Es por eso que la apertura de historias, a veces también conlleva mayor control, para que no queden preguntas abiertas en cuanto a su forma de ejecución.

Ficha del libro:

  • Título: Niña de cristal
  • Autor: Iria López Teijeiro
  • Editorial: Furtiva
  • Año: 2013

El autor:

Felipe Valdivia | Santiago, Chile, 1985. Escritor, Periodista y Gestor Cultural por la Universidad de Chile, autor de “Traducciones de anagramas” (editorial Forja, 2012) y Manual de alteraciones (RIL editores, 2014). Columnista de las revistas El Desconcierto e Intemperie. Actualmente dicta un taller de introducción a la narrativa en la librería Lila y concluye su primera novela “Nosotras”. Sus cuentos han sido incluidos en varias antologías, entre ellos, “Sueños en tinta” (editorial LK).

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