Apocalipsis a la hora de comer: teatro pop

PortadaRecomendaciones

Paula Peña nos recomienda la obra “Apocalipsis a la hora de comer”, del dramaturgo Federico Zurita. Si quieres verla, ¡está disponible hasta el 1 de Agosto! Jueves, Viernes y Sábado a las 20:30 horas, en Sala Actuación Arcos.

Apocalipsis a la hora de comer: teatro pop

Afiche "Apocalipsis a la hora de comer"

En el teatro nacional no es común encontrar comedias de buena calidad que nos hagan reír y pensar. En general, pareciera que nuestro teatro prefiere el drama antes que la comedia, y cuando se montan obras de este último tipo son, en su mayoría, apuestas comerciales y, por lo tanto, su calidad queda relegada a un segundo plano. Considerando este contexto, la obra Apocalipsis a la hora de comer resulta novedosa dentro del circuito del teatro emergente nacional por dos razones. La primera es que es una comedia y como decíamos, no hay muchas en nuestras tablas; la segunda es que aborda un tema inusual para los escenarios de teatro nacional, el apocalipsis zombi, tema que sirve a la obra para cuestionar y reírse de la realidad social chilena, de manera inteligente y sutil.

La obra es protagonizada por tres mujeres zombis que, en pleno apocalipsis, se ven enfrentadas a un nuevo orden social. Dado que el mundo como lo conocían hasta antes de convertirse en zombis ya no existe, estas tres mujeres deben organizarse y establecer jerarquías entre ellas para poder satisfacer sus necesidades básicas y sobrevivir. Y por supuesto, como buenas zombis, la primera (quizás la única) gran necesidad es comer (humanos, obviamente), y en torno a eso es que girará la discusión a lo largo de la obra: ¿Qué comer? ¿Cómo repartirlo? ¿Quién se come a quién? A partir de esta necesidad es que las tres se van configurando ante los ojos del espectador como una pequeña sociedad en la que es necesario elegir un gobernante, donde existe una clase dominante, otra oprimida y una clase media que se deja tironear por los otros dos grupos. Estos tres grupos sociales están claramente representados por cada personaje. Hay una zombi que se jacta de ser “una Errázuriz” y por tanto, entendemos que simboliza a la clase dominante. Ella es la primera que evidencia la necesidad de establecer un orden y está convencida de que le corresponde gobernar, sin embargo, cuando señala su parecer, otra zombi, una que es lesbiana, la cuestiona. Esta es la que de alguna manera, le hace el peso (ideológicamente hablando), y entendemos que representa a una clase media que se rebela, que busca su identidad, que se manifiesta y que no está dispuesta a dejarse dominar (aunque a ratos, se doblega). Pero las discusiones no se quedan solo entre la zombi dominante y la de clase media; aparece en la obra un tercer punto de vista, el de la zombi que pertenece a la clase trabajadora. Ella trabajaba como cajera en un megamercado mientras era humana. Este personaje estará permanentemente cuestionando las discusiones de las otras dos por considerarlas inútiles, debido a que, sea lo que sea que se discuta a ella siempre le tocará lo peor y nunca obtendrá un beneficio real en esta sociedad. De esta forma, entendemos que los conflictos de las zombis reflejan lo que ocurría en la sociedad preapocalíptica que ellas habitaban, es decir, la diferencia de clases y los roces se perpetúan en este nuevo orden apocalíptico. Queda la sensación de que, sean zombis o humanas, las diferencias e injusticias sociales se perpetúan igual. Este mensaje funciona como una alusión directa al espectador quien entiende que esta sociedad zombi es igual (o sospechosamente similar) a su propia sociedad. Cuando el espectador comprende esto comienzan las risas. Y la verdad es que a lo largo de esta obra, la risa aparece varias veces en el público.

Escena de la obra

En cuanto a la visualidad de esta obra, hay varios elementos que nos conectan con referentes de la cultura popular. El maquillaje, vestuario y detalles de la escenografía nos recuerdan, a ratos, las atmósferas creadas en lsa películas de Tim Burton. En un costado de la escenografía hay una calabaza naranja (de las que uno podría encontrar en cualquier supermercado en vísperas de Halloween) y en el fondo se pueden ver unas barbies viejas y usadas. También aparecen vestidos escoceses y pelos chascones (a lo Robert Smith de The Cure), elementos que nos sumergen en una atmósfera oscura, algo gótica, pero siempre pop. En un momento de la puesta en escena se escucha también una canción ícono de la cultura pop, Happy together, melodía que está usada inteligentemente para potenciar el tono irónico de la obra. De alguna manera, lo visual y lo sonoro de este montaje tiene mucho que ver con el mundo del cine, las series y la música pop y eso es algo que sorprende por su originalidad, al menos en el contexto del teatro emergente nacional.

En cuanto al tema, me parece una apuesta elegir el apocalipsis zombi y llevarlo a la escena teatral. Nos habíamos acostumbrado (al menos en los últimos años) a ver este tema en The Walking Dead una producción de alto presupuesto y enfocada a un público masivo. En este sentido, la compañía Pehelagarto corrió un riesgo al llevar un tema de gusto popular, a una sala pequeña y a un circuito de arte emergente. Esto es, a mi juicio, un gesto disruptivo y me parece que le da vitalidad a la escena teatral chilena. El resultado es satisfactorio y no precisamente por el maquillaje o los efectos (que en esta obra funcionan bien), sino más bien porque el tema se usó con un objetivo claro. Es decir, esta compañía no pretende colgarse de la moda de los zombis para lograr un éxito comercial con su obra, sino más bien, ha utilizado el tema como una manera de hablar de nuestra sociedad (de la misma manera en que lo haría una distopía), de criticarla y de reírse de ella, de forma inteligente y ácida.

La mezcla de estos dos elementos, a saber, un tema popular como el apocalipsis zombi, más la crítica social, hacen de esta obra una puesta en escena para un público amplio y variado (lo que se echó de menos en la sala dado que tiene capacidad para muy poco público). Esperamos que se pueda montar en salas más grandes para que sea disfrutada por una mayor cantidad –y variedad– de gente.

Nota: por transparencia, es necesario decir que la autora del artículo conoce al dramaturgo, Federico Zurita.

Ficha técnica:

Compañía: Pehelagarto
Elenco: Denisse Hernández, Geraldine Ortiz y Debora Weibel
Dramaturgia: Federico Zurita
Técnico: Julia Toledo
Funciones: Desde el 17 de Julio al 01 de Agosto. Jueves, Viernes y Sábado. 20:30 hrs.
Entrada general $: 4000  / 3ª Edad $: 2500  / Estudiantes $: 2500
Lugar: Sala Actuación Arcos / Victoria Subercaseaux 99, Metro U. Católica.
Web: www.facebook.com/events/1467823453510992/
Informaciones: 95985223

 

El autor:

Paula Peña | Licenciada en Lengua y Literatura. Me gustan los libros y el té.

Dejanos tu comentario