Roberto Bolaño: la biblioteca como patria

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Nuevo documento para el “Boletín Bolaño” de Terminal. Alberto Bejarano elabora un retrato de Bolaño como lector, enlazado con las pistas que el mismo autor dejara en sus textos. 

Roberto Bolaño: la biblioteca como patria

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Si pensáramos en una figura que pudiera representar alegóricamente a un escritor como Roberto Bolaño y expresara al mismo tiempo su intensa relación con la lectura, nos inclinaríamos sin dudarlo por uno de los retratos más famosos del alucinante pintor italiano renacentista Giuseppe Arcimboldo, titulado El Bibliotecario. Se trata de un personaje conformado exclusivamente de libros. Es una especie de comediante que vemos aparecer detrás de una cortina verde con su mirada expectante clavada en el infinito. Su cabeza es un libro abierto y sus manos son un par de hojas sueltas que sostienen y acarician levemente el resto de los libros que componen su cuerpo. Los libros son de diverso y variado tamaño y sus formas geométricas son triangulares. De cierta forma ese es Roberto Bolaño, tal como lo podemos ver y leer en sus trabajos.

Así como el Bibliotecario de Arcimboldo es un conjunto de series de libros que forman un cuerpo, Bolaño es un lector-escritor hecho de fragmentos ajenos que prolonga en cada una de sus obras, las obras de otros, sus amigos y contradictores en sus diversos juegos literarios. De allí la predilección de Bolaño por los escritores como personajes en la mayor parte de su narrativa. Como Arcimboldo, Bolaño se vale del mecanismo del montaje y de la superposición de imágenes para clasificar e insertarse en las tradiciones literarias de las que se quiere hacer parte (lo policial y lo fantástico principalmente). En este artículo buscamos indagar por el Bolaño lector-escritor a través de las huellas de algunas de sus múltiples lecturas desperdigadas de forma discontinua en su obra polifónica.

I. La biblioteca como patria

La relación de un escritor con su biblioteca y su condición de lector-escritor son una puerta de entrada privilegiada a la hora de estudiar los afectos literarios de un autor. La manera como el autor clasifique sus libros y como establezca lazos personales entre ellos, de acuerdo a su mirada singular, puede decirnos en ocasiones mucho más de su forma de leer y eventualmente de escribir que una lista de anécdotas íntimas más o menos superficiales. Como lo recuerda Carolina López:

Roberto dedicaba mucho tiempo a poner los libros y a sus autores tal como a él le gustaban. Explicaba que le gustaba tocar los libros. Los sacaba, los tocaba, los abría, hojeaba, los volvía a dejar. Era capaz de mover dos o tres estanterías por colocar el libro que había salido en el lugar que él creía. Ordenaba los autores por afinidades personales: tenía a Jorge Luis Borges, a Javier Marías, a Enrique Vila-Matas. Además de por lenguas y por autores, los agrupaba por afinidades y ponía los que le caían bien en un lado, junto con los que más le gustaban.

Se trata, en el fondo de una relación mallarmeana con los objetos, en este caso con los libros. Lezama Lima lo llamaba: “la necesidad de unir las inexistentes articulaciones del vacío junto a la sensación de los cuerpos y de los objetos”. En otras palabras, Bolaño habitaba su biblioteca intensamente, dejando marcas y señales de su paso por el mundo como un lector-total, a la manera de Borges.

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A pesar de la condición nómade de Bolaño, el poeta chileno siempre cargó a cuestas su biblioteca personal y nunca dejó de ser un lector apasionado, a veces de juicios severos, pero nunca impersonales. La lectura para Bolaño era un terreno de encuentros y desencuentros con las tradiciones literarias que él mismo iba inventando tal como lo sugiere Borges en su ensayo, “Kafka y sus precursores”. Así, la presencia de sus escritores en su obra como personajes de ficción resulta ser un espacio de experimentación en el que dichos personajes se metamorfosean y proyectan en el autor sus dilemas literarios. Es el caso por ejemplo de los escritores franceses parodiados por Bolaño o la aparición de Bolaño como personaje de ficción en la novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina.

Acercarse al tema de las bibliotecas y los libros en la obra de un escritor como Bolaño nos obliga a volver a Borges, una de las influencias más decisivas en el chileno, y preguntarnos por el estatus de la biblioteca en su obra. En Borges, la figura de la biblioteca es asimilada al paraíso, en un sentido irónico. Un paraíso en el que nosotros elegimos nuestros propios laberintos y castillos kafkianos. En Bolaño, en cambio, la biblioteca está ligada al infierno. Un infierno en el que vivimos rodeados de fantasmas propios y ajenos, a los que buscamos incesantemente.

En el documental Bolaño cercano del holandés Erik Haasnoot puede verse la biblioteca personal de Roberto Bolaño en Blanes. Entre tomas de la playa y entrevistas a los amigos más cercanos de Bolaño (Enrique Vila-Matas, Rodrigo Fresán, A.G. Porta, Ignacio Echavarría y Juan Villoro), entramos en la intimidad del poeta, en su vida familiar de sus últimos años. Allí, entre fotografías y archivos multicolores, aparece entre las sombras de un verano, la biblioteca de Bolaño, esa que el poeta chileno llamaba su patria –en un sentido muy borgiano una vez más– en su conferencia “Literatura y exilio” recogida en el libro póstumo, Entre paréntesis. Pero, la patria, decía Bolaño en su última entrevista, también eran sus hijos. Por ello no es casual que los poemas Biblioteca y Lee a los viejos poetas, estén dedicados a ellos. En el video pueden verse su Biblioteca y la fuerza de sus afectos en los rostros y las voces de sus hijos: ellos leen fragmentos de poemas de Bolaño, y en especial, su hijo mayor lee el poema, Biblioteca:

Libros que compro
Entre las extrañas lluvias
Y el calor
De 1992
Y que ya he leído
O que nunca leeré
Libros para que lea mi hijo
La Biblioteca de Lautaro
Que deberá resistir
Otras lluvias
Y otros calores infernales
-Así pues, la consigna es ésta:
resistid, queridos libritos
atravesad los días como caballeros medievales
y cuidad de mi hijo
en los años venideros.

La biblioteca en Bolaño puede leerse como metáfora de la supervivencia. El poeta le escribe a su hijo y le confía su cuidado a su biblioteca. Como puede apreciarse en este poema, la biblioteca en Bolaño adquiere una dimensión transtemporal, como un amuleto que resiste el paso del tiempo y puede transferir sus poderes especiales a quien esté dispuesto a entregarse a la exploración de sus misterios. La Biblioteca, dice Bolaño, deberá resistir para cuidar de su hijo, cuando él ya no esté. También es una figura fantasmal que le muestra al escritor la amenaza de un cierta petrificación, como diría Italo Calvino, la amenaza de saber que un día ya no se escribirá más y la obra reposará en estantes más o menos desiertos a la vista de un potencial e incierto lector que revivirá la voz del autor con cada nueva lectura. De esta forma, la biblioteca en Bolaño puede ser refugio o condena.

II. La figura del lector en Bolaño

Si bien es cierto el Bolaño lector es omnipresente en su obra, tal como lo sugiere Fresán, su relación con las bibliotecas ajenas puede verse más de cerca en su libro Entre paréntesis, recopilación de artículos, reseñas y discursos durante los últimos cinco años de su vida. Allí leemos al Bolaño lector, ecléctico y enciclopédico. Allí vemos al Bolaño, escritor de la multiplicidad, en el sentido de Calvino. El Bolaño-lector lega sus afectos librescos a su hijo; como se aprecia en el poema Lee a los viejos poetas:

Lee a los viejos poetas.
Lee a los viejos poetas, hijo mío
Y no te arrepentirás
Entre las telarañas y las maderas podridas
De barcos varados en el Purgatorio
Allí están ellos
¡cantando!
¡ridículos y heroicos!
Los viejos poetas
Palpitantes en sus ofrendas
Nómades abiertos en canal y ofrecidos
A la Nada
(pero ellos no viven en la Nada
sino en los sueños)
lee a los viejos poetas
y cuida sus libros
es uno de los pocos consejos
que te puede dar tu padre.

La presencia de la biblioteca en Bolaño atraviesa también su relación con otros autores, tal como lo hemos mencionado al inicio de este libro. Por ejemplo, en  La Universidad desconocida, hay un apartado titulado, En la Sala de lecturas del infierno, en el que aparece el poema La Biblioteca de Poe, donde podemos apreciar una faceta más de esa figura de la resistencia y del misterio:

Biblioteca de Poe. 
en el fondo de un extraño corral,
libros o pedazos de carne.
Nervios enganchados de un esqueleto
O papel impreso.
Un florero o la puerta
De las pesadillas.

La pesadilla es una imagen recurrente en la obra de Bolaño. En ella convergen todas las figuras de biblioteca a las que hemos hecho alusión anteriormente: el paraíso, el infierno, el refugio, la condena y el misterio. De cierta forma podríamos decir que la célebre frase de Bolaño con respecto al secreto del mal se esconde en una inmensa e indescifrable biblioteca soñada por Poe hace dos siglos.

Cuando observamos la casa dónde vivió Bolaño sus últimos años, retratada en el documental de Haasnoot y nos detenemos en el espejo que estaba en su estudio observamos un Bolaño cercano, demasiado cercano que deambula por la intertextualidad. Un escritor que no conoce géneros, sino que más bien reconoce posibilidades de reescritura permanente, dentro y fuera de las estructuras literarias.

La reescritura de Bolaño atraviesa con frecuencia terrenos ya explorados, pero transforma el momento del lector. ¿Cómo leer a Bolaño?, después de todo, puede que no sea una pregunta inútil. Viajando por su biblioteca imaginaria, como si fuéramos por uno de esos trenes fantasma que bordean los caminos de un escritor al amanecer, cuando ya no se tienen más fuerzas para escribir y, sin embargo, alcanzas a ver en el último tramo del camino tu biblioteca (y tus manuscritos) como la última prueba, la más verdadera, de que has vivido o como dice Bolaño: “si a mí me ofrecen una gran biblioteca o un boleto de Interrail para llevar a Vladivostok, yo me quedo con la gran biblioteca, sin la menor duda. Con la biblioteca, además, mi viaje va a ser mucho más largo”.

El autor:

Alberto Bejarano | Doctor en Filosofía y estética de la Universidad París 8 con una tesis sobre “Roberto Bolaño y los lenguajes del mal”. Escritor. Investigador del Instituto Caro y Cuervo de Bogota. otrasinquisiciones@hotmail.com; http://bogotaucronica.blogspot.com

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