La construcción de una leyenda

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Hoy en Terminal, la reseña al libro “El increíble señor Galgo”, del escritor chileno Diego Vargas Gaete. Escribe Felipe Valdivia. 

La construcción de una leyenda

Diego Vargas Gaete | www.pinterest.com

El camino para la construcción de una leyenda urbana implica, a mi juicio, tres determinantes factores: una historia que sea capaz de sustentarse por sí misma, soportando la erosión que provoca el paso del tiempo; el comentario social para popularizar el mito; y que la acción de quien protagonice la futura leyenda urbana, sea lo suficientemente heroica (o anti heroica) para que pueda ser proyectada en el futuro.

Estos tres factores se congregan y potencian en “El increíble señor Galgo” (Furtiva, 2014), novela del escritor nacional Diego Vargas Gaete, quien ha recibido una serie de distinciones, entre ellas un especial reconocimiento en el Concurso de Novela Corta Pedro de Oña, certamen convocado anualmente por la Municipalidad de Ñuñoa. El último dato no es intrascendental, ni tampoco tiene afanes de grandilocuencia farandulera-literaria, dado que la historia de Galgo se trata, precisamente, de un escritor que gana un concurso y cae en un ostracismo que canaliza a través de la obsesión por la figura física. Sin intenciones, o puede que sí (el personaje es tan hermético que no lo deja en claro), el protagonista se convierte en una leyenda urbana hacia 2610, por lo que la novela posee un avance en la temporalidad y espacio literario, que el autor logra acertadamente.

El argumento de la historia es casi cotidiano, sencillo y anecdótico, el cual –directa e indirectamente– ya ha sido abordado en otras obras literarias (a excepción, por cierto, del quiebre que tiene la historia de Galgo y que lo convierte en una leyenda popular); la gracia está en cómo Vargas Gaete construye en poco más de 100 páginas la historia del protagonista. Es que Galgo es como la esperanza de algo, aquel jovencito que salió de provincia a buscar el éxito y que al lograrlo, no sabe cómo administrarlo y capitalizarlo para su futuro. En ese sentido, Vargas Gaete encuentra las formas adecuadas para dejarlo en evidencia ante los lectores: “Dicen que podría haber sido un buen abogado. Dicen que podría haber sido un funcionario empeñoso. Pero ya estoy cansado de ser una eterna promesa. Y aquí estoy, queriendo avanzar sobre esta mínima hoja”. Pero también es muy interesante descubrir la mirada y opinión que tienen los propios personajes de la novela en torno al protagonista, porque en cierta forma, son ellos mismos quienes convierten en leyenda la historia de Galgo: “La verdad es que me acuerdo perfectamente de Galgo, y no porque ahora se lo haya tragado la tierra o digan que es un fenómeno. Era de esas personas que siempre parecen fuera de lugar”.

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A excepción de dos capítulos dedicados a los diarios personales de Galgo –facilitados por la fundación del mismo nombre–, el protagonista no tiene mayores interacciones con los numerosos actores que componen esta novela, lo que por cierto, alimenta esta idea de que es una leyenda y mito urbano, un antihéroe si se quiere. Desde mi punto de vista aquella decisión literaria es una jugada sumamente arriesgada por parte del narrador, pues no tenemos mayores referencias de su voz, personalidad y formas de pensar, aunque Vargas Gaete logra resolver de manera inteligente y acertadamente a través de un capítulo brevísimo en el que se expone la mini biografía de Galgo, en el anuario del Colegio San José de Temuco, donde se sintetizan las características del protagonista y, como nota al pie, los datos curiosos de su vida: “Frase típica: estoy pensando/ Regalo útil: Una piscola pa` (SIC) que afloje la lengua/ Profesión ideal: Hombre invisible, agente secreto”.

Hay otro factor insoslayable en esta obra narrativa que permite entender la manera de leerla y es que hay una influencia notoria de Roberto Bolaño en Vargas Gaete, dada la estructura de la historia, forma de contarla y construcción de los personajes, sobre todo en el protagonista, quien asume una vida destinada al fracaso, intrascendental, con ansias fervorosas de publicar su primera novela y que, en definitiva, su razón de vivir es única y exclusivamente la literatura. Por lo menos hasta que gana el certamen de literatura. Acerca de la cantidad de personajes que posee la historia, evoca (guardando las proporciones, claro) a 2666. En todo caso, este último factor en un principio podría parecer que juega en contra de la novela, pues falta un notorio desarrollo de cada uno de ellos, pero al término del libro, queda la sensación de que es irrelevante para el desarrollo pleno de la trama, pues lo que se sugiere es que Antonio Galgo se convirtió en una leyenda urbana no sólo para Chile, sino que a nivel mundial.

Mi sugerencia, de todas formas, es que hay que leer con atención las cuatro primeras líneas de la novela, pues ahí se concentra el argumento central de esta interesante, divertida, irónica y buena novela nacional que en definitiva nos habla del triunfo y el fracaso y sobre cómo un tipo común y corriente logró desplazar la leyenda del Teniente Bello.

El autor:

Felipe Valdivia | Santiago, Chile, 1985. Escritor, Periodista y Gestor Cultural por la Universidad de Chile, autor de “Traducciones de anagramas” (editorial Forja, 2012) y Manual de alteraciones (RIL editores, 2014). Columnista de las revistas El Desconcierto e Intemperie. Actualmente dicta un taller de introducción a la narrativa en la librería Lila y concluye su primera novela “Nosotras”. Sus cuentos han sido incluidos en varias antologías, entre ellos, “Sueños en tinta” (editorial LK).

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