Miercoles 24/05/2017

Las velas encendidas

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Las velas encendidas

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Esta es una noche muy triste. Velas iluminan plazas y calles. Parece un eco de otro tiempo, pero es por el presente: se encienden luces por dos estudiantes baleados en medio de una marcha.

Exequiel tenía 25 años. Diego 18. Ellos podrían ser mis hermanos, mis amigos, podrían ser mis alumnos. Hago el ejercicio de acercarme a ellos con consciencia de que cada uno de esos escenarios se me hace insoportable. Aún a la distancia, la pérdida de sus vidas me resulta inaceptable y dolorosa.

Con las velas encendidas, muchos enviamos hoy nuestras condolencias a las familias. Esto pasó en muchas plazas de Chile. También repudiamos la violencia que se desató este jueves 14 de mayo en Valparaíso. También exigimos justicia.

Pienso que resulta importante aprender algo de esta tragedia, pues de seguro, lamentablemente, no será la última vez que actos violentos nos afecten a todos, y creo que es responsabilidad común hacer lo posible por identificar y reducir las condiciones que facilitan que este tipo de acciones se ejecuten nuevamente. Escribo esto pensando en ello.

Martín-Baró, psicólogo y sacerdote asesinado por militares en El Salvador en 1989, estudió al respecto. Su pensar ayuda a entender el fenómeno de la violencia.

Un primer aspecto a considerar es que para que ocurra violencia específica dirigida hacia una persona o grupo de personas, debe existir un contexto social que favorezca la violencia, que la posibilite y la propicie. En consecuencia, la violencia como fenómeno social no se puede explicar buscando razones en exclusiva en quien ejecuta el acto, las razones de la violencia exceden al agresor. Las normas y valores del contexto favorecen la resolución violenta, la aparición de la violencia en un lugar y tiempo específico es consecuencia de condiciones sociales previas (Martín-Baró, 1999).

Por otro lado, la violencia exige siempre una justificación frente a la realidad en la cual se aplica. Debe parecer legítima. La legitimación vendrá siempre desde quién detente el poder social, “la justificación desde el poder de un acto violento lo legitima y lo hace racional al interior del sistema” (Martín-Baró, 1999, p.375). Esto vale para las formas más aberrantes de violencia, como la violencia de Estado, pero también para los disparos de este jueves en Valparaíso, ejecutados por un anónimo y justificados por muchos -también anónimos- en las redes sociales, portavoces de un argumento que en nuestra historia ha justificado las mayores violencias: proteger la propiedad privada bien vale una vida.

Las velas encendidas denuncian lo inaceptable de este acto violento.

Las velas encendidas representan además el repudio colectivo a todo argumento que justifique lo ocurrido, el rechazo a quienes asumen posible validar esta forma de acción como un medio aceptable de resolver nuestras disputas.

Las velas encendidas pueden significar también la esperanza de que las condiciones que hoy favorecen que esta violencia emerja, cambien. Esto último depende de todos.

https://instagram.com/diegovelagrau/

El autor:

Gonzalo Gallardo. Psicólogo educacional y profe. Hay días en que quiero escribir. Los más, me dedico a leer, disfrutar y aprender.

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