TAIPÉI. Una novela de Tao Lin

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Según el diario El País de España, Tao Lin es “el escritor joven más conocido del mundo”. Podría ser como no. Taipéi es una de sus novelas, que hoy reseñamos en Terminal.

TAIPÉI. Una novela de Tao Lin

La literatura debe mostrar los códigos socioculturales donde se puedan identificar y diferenciar los lugares por medio de los hábitos que adoptan los habitantes. Para eso, debe despegar lo particular de lo universal y, así, lograr mostrar las distintas tonalidades y funcionamientos que influyen en los actos y pensamientos en una persona cualquiera.

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La tercera novela de Tao Lin -una especie de ídolo hipster de la literatura actual-, TAIPÉI, retrata estos signos geográficos y modernos, donde Paul, el protagonista, un joven poeta taiwanés que vive en New York, pareciera estar constantemente desencadénandose hacia el fracaso y el abismo, como sinónimos de la situación actual de esa juventud. A simple vista, no tiene objetivos, ni metas (su madre desde Taiwán le insiste que deje las drogas): lo único importante es el presente. Esta percepción (distorsión para algunos) se debe a la infinidad de drogas que recorren cada etapa de la vida de Paul, sumergiéndolo en un espaciotemporal sin cortes, extensivo, monótono. Esa gran masa de tiempo, incierta e incómoda, llamado futuro, no existe, provocando, así, la desvalorización de la muerte. Este debe ser uno de los rasgos más importantes de la novela: la aceptación de estados incontrolables y azarosos para la vida humana.

El lenguaje demuestra su actualidad al usar símiles tecnológicos (aplicaciones, lenguajes informáticos, rar.) complementándolo con reflexiones relativas a la física, donde la percepción del tiempo se dibuja como un intrincado objeto laberíntico que asfixia y logra ofuscar la existencia.

 La trama de la novela no radica en la clásica fórmula donde se presentan los personajes, luego una problemática para finalizar con resolverla o aceptarla. Acá, la importancia, el centro de la historia, son los diferentes estados de desenvoltura en los que participan el protagonista y sus acompañantes. Los hechos se van repitiendo acompañados de estados fugaces, repentinos, retraídos, para ir acentuando intensamente las desconexiones entre las personas.

Tao Lin retratado por Ulf Andersen / www.goodreads.com

Paul termina sus relaciones –de amor y amistad-, asistiendo a infinitas fiestas, dando conferencias drogado, viajando en aviones y buses, desplazándose entre departamentos, ciudades y personas.

Quizás, por eso, para Paul, la aparición de Erin -con quien repetirá los patrones de drogas y evasiones-, lo llevará a dar un paso más allá. Es el único momento donde la novela parece desplazarse de su linealidad, y no solo por casarse con Erin (lo hacen en Las Vegas), sino por tratar de sostener una relación líquida que fluye hacia pequeños agujeros donde la comunicación no llega.

Tao Lin describe, machacante y angustiosamente, que la vida actual no se detiene a escuchar las historias de las personas –sobre todo en una ciudad tan poblada como Nueva York-, saturándolas de ruidos y decibeles, destruyendo los vínculos, e incluso, lamentablemente, transformando a las personas en simples sombras.

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