Serrat, según pasan los años

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En Terminal, Mario Valdovinos escribe sobre la música y escritos de Serrat.

Serrat, según pasan los años

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Recién llegó a Chile la última publicación de Joan Manuel Serrat: Antología desordenada, publicada en noviembre de 2014, para celebrar los cincuenta años de trayectoria del cantante catalán, puesto que su primera actuación profesional se verificó el 18 de febrero de 1965 en radio Barcelona, durante el programa Radioscope, conducido por Salvador Escamilla. Son cuatro discos CDs, acompañados de un libro, pródigo en fotos, que muestran la feraz trayectoria del cantautor, y de una nota autobiográfica de 30 páginas donde cuenta los orígenes y momentos estelares  de una vida artística repleta de éxitos y de algunos virajes sorprendentes, como sus cuatro fallidas incursiones en el cine que él sintetiza señalando que su mayor aporte al séptimo arte fue… abandonarlo; la relación con su tenaz director musical, Ricardo Miralles, matizada de rupturas y reconciliaciones; la paternidad de su hijo Manuel, nacido en 1969, al que ve por primera vez cuando el niño tiene cinco años, asunto que despacha en dos líneas y sin mayores revelaciones; también el concierto, nada menos que en el Lincoln Center, 1992, cuando, a la tercera canción, se quedó sin voz. Como pudo explicó a los asistentes que le era imposible seguir y les sería devuelto el dinero de las entradas, pero la audiencia se lo impidió y el recital terminó insólitamente con la orquesta que iniciaba un tema, Serrat, en un susurro, lo introducía y el resto de la canción lo coreaba el público; para no olvidarlo. El cáncer de vejiga que lo atacó en 2004 y del que se recuperó por completo; además se detiene a contar con detalles la versión personal, no la de la prensa de esos años, sobre su negativa a cantar en castellano el tema La, la, la, en el festival de Eurovisión, 1968. Serrat aceptó en la medida que le permitieran cantarlo en catalán. Siendo este un idioma local, no se lo aceptaron. El gesto del cantante era sin duda político y una forma de oponerse al autoritarismo de Franco que castigó severamente a los catalanes por su resistencia durante la Guerra Civil. En suma, la canción ganó el festival en la voz de Massiel.

Sin embargo, por encima de cualquier episodio de su carrera, aparece el descubrimiento, mutuo, de Serrat por América y de América por el cantante, continente que ha recorrido y donde ha sembrado sus versos y canciones a través de un amor absolutamente correspondido.

Serrat ha develado su intimidad poco a poco, según pasan los años, en entrevistas de prensa escrita y programas televisivos, pero no lo había hecho de manera programática como esta vez. Se trata de medio siglo dedicado a la creación poética y musical y eso no ocurre a cada rato, ni tampoco se llega a tener el favor del público tras tantos años, cuando sus condiciones vocales no son ni remotamente las mismas del comienzo, las de sus álbumes más celebrados: A Antonio Machado poeta, Mediterráneo y Miguel Hernández. Nunca cantó lo que se dice bien, pero siempre ha cantado de verdad y ha musicalizado verdades.

Barcelonés, nacido el 27 de diciembre de 1943, al interior de una familia de clase obrera que padeció como muchas otras la dictadura, llegó a cumplir estudios universitarios de Ingeniería técnica agrícola en la Universidad Laboral de Tarragona. Bastante extraño en quien fue seducido prontamente por la música y el canto. Se escucha con frecuencia que cuando el hombre trabaja Dios lo respeta, mas cuando canta lo ama: tal cosa ocurre con la aterciopelada voz del cantautor. Su relación con Chile ha sido muy especial, fue censurado por la dictadura y devuelto a Buenos Aires en el avión que lo traía desde Europa. Reapareció en el Estadio Nacional, cuando asumió Aylwin, en el multitudinario concierto Al fin Serrat, al que asistí, pero su recuerdo más persistente es la canción Tu nombre me sabe a yerba, que oí, siendo un adolescente radiómano, en 1969, y me quedé de inmediato enganchado. Antología desordenada incluye numerosos duetos y canciones interpretadas con Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Les Luthiers, Lolita Flores, Pablo Milanés, Mina, Ana Belén, Rubén Blades, recreaciones de temas eternos de Joan Manuel.

Resulta estremecedor escuchar su voz que no da con las notas agudas, cuyo fraseo pierde la melodía y emerge en un tono de ahogado, sin caer jamás en la indignidad ni provocar en el auditor, el serratiano perseverante que lo ha seguido durante estos cincuenta años, el deseo de  rogarle que se retire y deje de cantar, dedicándose solo a la composición. No, no ocurre, al menos a este serratómano, es una mezcla curiosa de patetismo y dignidad que lo salva totalmente y permite seguir aguardando álbumes magistrales los próximos cincuenta años.

El autor:

Mario Valdovinos | No nací en Valparaíso ni estudié en el Instituto Nacional, como me habría gustado, sino en Santiago y en el Liceo N. 6, Andrés Bello, de San Miguel. Tuve una infancia solitaria y feliz en las barriadas de la capital y, especialmente, en los cines. Allí me (de)formé: en la calle, en los rotativos y en la U. de Chile, donde estudié literatura y filosofía, vale decir, vocación temprana y eterna por lo inútil. Escribo hace rato narrativa y teatro, crónicas y crítica literaria, doy clases en colegios y universidades privados. ¿Privados de qué?.Vaya a saber. Soy acuariano hasta la muerte, dramaturgo y actor. Lo demás, espero que harto, se hace día a día.

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