Arena de Galápagos

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Nuevo cuento en Terminal: “Arena de Galápagos”, escrito por Irene Goldfeder, ilustrado por Vero Fradkin.

Arena de Galápagos

Ilustración: Verónica Fradkin - www.veronicafradkin.blogspot.com

El Enguita crece en las playas de Galápagos. La arena calentita por la mañana, la espuma en la orilla y  las tortugas de mar son juguetes para él.

El rancho donde vive se ancla en la cima de un pequeña colina.

El Enguita es el primero en despertar, siempre anda descalzo. La Pancha, su perra, se levanta y le lame la cara. Ríen bajo, para adentro.

Luego el padre se despierta y prepara todo para ir de pesca.

Es muy listo el niño, le dice a la madre  y lo lleva con él. A La Pancha también.

El Enguita y la perra saltan del bote, nadan y los peces caen dentro de la red.

Comer pescado, plátano frito y algún que otro cangrejo con sus hermanos le gusta al Enguita.

También le gusta atrapar el viento entre sus dos manos, abrirlas y que el viento vuele.

El Enguita cierra los ojos, se deja arropar por la madre  y duerme abrazado a la perra Pancha mientras escucha jugar a sus hermanos.

-¿Usted es mi tía?- pregunta El Enguita.

La mujer lo abraza y lo alza. Sus tetas inmensas lo dejan sin aire.

El Enguita mira para abajo y ve unas sandalias que muestran las uñas de la tía todas pintadas de rojo.

La Pancha ladra como nunca antes.

La madre llora mientras el padre le cuenta al Enguita que la tía  vino a buscarlo, quiere un hijito como usted, le dice y promete que lejos va estar mejor.

-¿Me regala una risa?- le pide la tía.

El Enguita ríe y tiembla.

La Pancha sigue ladrando y muestra los colmillos.

Después El Enguita se sube al avión y ve chiquitos a la madre, al padre, a los seis hermanos, a la mar y a su perra Pancha.

-Mijito, llegamos, nada de llorar- dice la tía y le arregla la ropa.

El Enguita le mira los pies que ahora están vestidos.

Hay autos por todos lados. La tía vive alto y da miedo subir en esa cosa y sentir que no se puede llorar.

Extraña la arena bajo sus pies.

La tía tiene una perra chiquita que ladra todo el día. La Pancha es más linda, piensa El Enguita.

Todas las mañanas la tía lo lleva a la escuela y en esos ratos que llaman recreos se sienta sobre las baldosas del patio y juega a comer cangrejo con sus cinco hermanos.

Por las noches le pide al Diosito que lo vuelva a su casa. Abre la ventana para que entre el viento pero el viento es demasiado grande para atrapar con sus manos pequeñas.

Entonces el Enguita mira el cielo y encuentra la mar entre las  estrellas.

El autor:

Irene Goldfeder. Nací en Buenos Aires. De tantas vueltas que dí por el mundo se me hizo costumbre de hospedar viajeros, y ahora soy dueña de un hostel en la capital de Argentina. Crecí rodeada de libros y hace un tiempo se me metió un capricho muy bonito, dedicarme a escribir en distintos formatos pero siempre respetando el juego y el disfrute.

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