Homenaje a las víctimas de la crónica roja

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Felipe Valdivia recomienda el libro “Los zapatos de gamuza: crónica de la muerte de Luis González” (Mardegente, 2014), del poeta chileno Felipe González.

Homenaje a las víctimas de la crónica roja

Portada "Los zapatos de gamuza" - www.60watts.cl

En momentos en que la prensa sensacionalista ha encontrado –paradójicamente– una tribuna mediática para exponer noticias amarillistas, a través de los distintos medios de comunicación, el libro Los zapatos de gamuza (editorial Mardegente, 2014) del poeta nacional, Felipe González Alfonso (Santiago, 1980), no puede resultar más actual. Y eso es una virtud y un punto tremendamente a favor de este poemario, tomando en cuenta que el contenido narra un trágico homicidio registrado en 1961, en las afueras de Santiago, cuando Las Condes no era más que un proyecto de barrio alto. Y digo punto positivo, porque no es fácil experimentar proximidad hacia un hecho que se produjo hace tantos años atrás.

Con un manejo del lenguaje sobrio, acotado, pero no por eso menos directo, González logra rescatar y retratar con notable maestría la cronología de los hechos, generando en el lector una emoción y empatía con la víctima, a través de imágenes literarias notablemente logradas, aunque también imágenes reales expresadas en fotografías originales de los sucesos en cuestión. Porque esta horrible tragedia no puede quedar ajena a nosotros; de hecho, para el autor no existen distancias sentimentales, dado que el taxista asesinado de tres balazos en la nuca, Luis Humberto González, era el abuelo del poeta. El homicida nunca fue capturado, pero fue apodado (por la prensa) como El asesino de los zapatos de gamuza, el que se suponía pertenecía a esa incipiente clase acomodada de esa década.

De esta manera, el autor realiza una cronología de los hechos que avanza por dos carriles: la primera es el asesinato y, la segunda, el tratamiento que la prensa (principalmente escrita) hace sobre este hecho. González hace un ejercicio inteligente que permite alivianar este cruento crimen, entrecruzando entretelones de la actualidad de ese entonces, situación que ayuda a entender a una sociedad diferente a la de hoy, pero que desde el punto de vista de la comunicación, nos permite entender que el sensacionalismo en el tratamiento de las noticias nunca fue una fórmula ajena para captar el interés del público ni tampoco extraño para nuestros tiempos. Lo que ocurre es que hoy existen otras plataformas. Además, en el libro descubrimos que en la muerte también existe clasismo, malas prácticas sociales que la prensa también aborda tal como ocurre actualmente: “La tarde de septiembre de 1961/ en que Luis Humberto González/ recibió tres balazos en la nuca/ el tiempo continuó su curso como siempre:/ a la velocidad que exige el coagular de la sangre/ o la acumulación de la nieve sobre la huella/ y finalmente alejándose de la hora del crimen/ –entre doce y media y una–/ de igual manera como se distanciaron entre sí/ esa misma tarde/ sin que nadie lo supiera/ las huellas que podrían haber sindicado/ al autor del homicidio”.

Los versos libres de González permiten imaginar, pero también dimensionar que a la prensa –hasta hoy– no le importa quién es la víctima, salvo que la víctima haya nacido, crecido y vivido en el barrio alto, porque de Plaza Italia para abajo se trata de personas NN, a los que los periodistas deshumanizan y dan más trascendencia a las historias que a la persona. Y es ahí donde se genera esa controversia en la que la prensa se convierte en mero especulador de historias. Otros versos dicen: “Fue a la una en el circuito Los Domínicos,/ tal vez cerca de las dos, dice el artículo./ Desde la puerta de su casa/ –una mediagua–/ el niño Luis Banda Galaz ve la nieve/ cuando aparece un auto/ en el camino Otoñal./ Luis Banda Galaz clava sus ojos/ en el Chevrolet empantanado patente FE-67/ que varios metros atrás abandonó un bulto./ El niño Banda Galaz se acerca/ y una sombra baja el vidrio./ En este punto el periodista imagina la conversación”/.

Lo mejor del libro es que a través de distintos poemas en verso libre y que en algunos casos se convierten en una prosa poética cuidadosamente construida, se articula una cronología con una columna vertebral que traza la injustica, el olvido y la banalización del tratamiento que realiza la prensa sobre crímenes de personas comunes y corrientes, que carecen de apellidos influyentes en el establishment. Cada poema funciona como unidad independiente, pero si se le aborda como un todo, nos enfrentamos a una historia que se sustenta sobre la reivindicación: “El amor se solaza en su propia decadencia: la nada antes que nada. O tal vez nada de eso y este hombre sólo engrose la estadística de muertes por asalto; otro legionario de la mala suerte o del crimen organizado y sus amigos de Bandera. Quién puede saberlo y en última instancia a quién demonios le importa si no es por apreciar el tenebrismo brutal de una fotografía: Abraham sacrificando a su hijo en un souvenir de Caravaggio”.

Es la trágica historia del asesinato de Luis Humberto González que quedó impune y que la prensa lo abordó en base a los entretelones y detalles de ese atroz homicidio, de las especulaciones y de las escabrosas fotografías. Me quedo con los últimos siete versos que, a mi juicio, resumen todo: “El pincel/ la cámara/ el ojo ciego/ del dios obturador/ y sus sicarios:/ nacer a morir/ acabar muriendo”.

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Características del libro

“Los zapatos de gamuza”

Mardegente, 2014.

75 páginas.

El autor:

Felipe Valdivia | Santiago, Chile, 1985. Escritor, Periodista y Gestor Cultural por la Universidad de Chile, autor de “Traducciones de anagramas” (editorial Forja, 2012) y Manual de alteraciones (RIL editores, 2014). Columnista de las revistas El Desconcierto e Intemperie. Actualmente dicta un taller de introducción a la narrativa en la librería Lila y concluye su primera novela “Nosotras”. Sus cuentos han sido incluidos en varias antologías, entre ellos, “Sueños en tinta” (editorial LK).

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