El idioma materno de Morábito

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Fabio Morábito nació en Egipto, pasó su infancia en Milán y terminó arraigándose en México, demostrando que el desplazamiento en su vida lo transformaría, adquiriendo lenguas, adivinando y reflexionando sobre la transmutación que originaría el convertirse en escritor. El título que da vida al libro El idioma materno (Hueders, 2014), se sintetiza y se cimienta en los datos biográficos (el idioma original, la infancia expuesta, la traducción, la lingüística), que se traslucen en 84 párrafos pequeños pero a la vez conectivos y complementarios. No está esa falsa ilusión de totalidad que según Morábito “por comodidad llamamos libros también a los cuentos y a los poemas reunidos en un volumen, aunque sepamos que el destino de cada poema y cada cuentos es valerse por sí solo, fuera del libro que lo incluye, que se antoja un abrigo momentáneo”. Acá los elementos viven mirando hacia los lados, para saber qué se dijo, para absorber lo anterior e integrarlo, unificar los detalles y formar el dibujo que rodea la lectura y la escritura.

Por eso, la forma en que se conectan estos temas, habla de una edición que pareciera saltar desde un lugar que guarda relación con el anterior. Pareciera sostenerse en una piedra (un tema) para saltar a otra (sub-tema o súper-tema). Morábito levanta el elemento, lo impulsa y rompe el contorno, se asoma a la fisura y avanza. Los pareceres y a veces juicios de estos escritos, pueden disfrazarse de recuerdos novelizados, cuentos y anécdotas. En ellos habitan, transpiran, se pelean, se dividen, se abrazan -como en una casa lo haría una familia- la lectura, la escritura y las formas de hablar.

En los párrafos se pueden encontrar disquisiciones entorno al subrayado como una enfermedad que elimina la creación (La vanidad de subrayar), la antigua –reglamentaria y amenazante- enseñanza en el colegio (Escribir sin levantar la cabeza), la probabilidad inaudita y alarmante de autores publicados que nunca hayan sido leídos (Nadie lee nada) o los traductores como puentes invisibles e importantes para la conexión entre lenguas (Por qué traducimos).

Morábito se burla de la seriedad que rodea la literatura; esa que quiere clasificar e imponer conclusiones, esa que quiere la pulcritud. En Final abierto, muestra un tira y afloja con un entrevistador que argumenta que sus cuentos poseen la cualidad de quedar abiertos. Pero a la vez agrega –el entrevistador- que le gusta ese estilo. Para valorar el gusto y la opinión, Morábito realiza el acto de irse, dejando la entrevista inconclusa en representación de estos.

“La traducción lingüística solo es posible cuando el idioma nativo tiene la suficiente capilaridad como para resistir el impacto de un idioma extraño y absorberlo en su tejido a través de una red más o menos amplia de soluciones”. Morábito realiza el acto, en todos sus escritos –ensayos, cuentos, poesía, literatura infantil- de usar un idioma prestado. Quizás en esa especie de capilaridad que explica, encontró el idioma para fluir, para cohesionar la modelación de su voz. Vio en los moldes del español, la estructura adecuada para su obra, para la expresión, para la inclinación de su estilo.

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