Las Spandex – De frente a la noche (5ta parte)

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La carta pastoral de Monseñor Carlos Oviedo convierte a las Spandex en la nación de la crisis moral juvenil. Mientras el país está atento a la campaña “Conversemos sobre Sida”,  más que nunca  el  Show del Condón  de las Fiestas Spandex recobra  sentido, detonando la censura y una buena asustona por parte de las autoridades; en el quinto capítulo de la investigación de Constanza Iglesias.   

Las Spandex

DE FRENTE A LA NOCHE (5ta parte)

Para hacer noche hay que conocer la noche. En 1991 un grupo creativo, liderado por el escenógrafo Daniel Palma, fundó Fiesta Spandex. Con mucho humor, glamour y erotismo, las Spandex se convirtieron en el epicentro de la diversidad social, sexual y cultural para miles de jóvenes. Pero el baile trajo consigo problemas. Y la provocación se convirtió en fervorosa protesta. Un recorrido por la vida nocturna noventera post dictadura ¿Libertaria o libertina?

Por Constanza Iglesias M.

 

Póntelo, pónselo

Era evidente el cansancio del equipo Spandex, que comenzó su disolución en Viña del Mar. Algunos simplemente tomaron el bus de vuelta reconociendo que la patente jamás llegaría. Jordi Castell bailó por última vez en Spandex aquella inocente noche del 28 de diciembre.

“Me retiré porque creo que no hubo filtro y terminó siendo un reducto gay muy poco atractivo. Las fiestas comenzaron a masificarse, eran otros tiempos y a mí me interesaba la cosa más vanguardista. Todos querían bailar en los cubos, todos querían decir que tenían algún vínculo con las fiestas, todo el mundo hablaba y había que ir casi por moda”, comenta Castell.

El escenario continuó dispuesto a recibir  a distintos artistas y performances. Incluso se inventó un nuevo concepto en Teatro Carrera: la Cama Bar. Era un hermano menor de las Spandex, organizada por el mismo equipo. La idea era otorgarles a los músicos chilenos un espacio y por sobre todo más tiempo del que disponían en las fiestas para mostrar su trabajo. La Cama Bar era una tocata más extensa, los días miércoles, con barra para el público. Las fiestas temáticas Spandex continuaron, pero por alguna razón el contenido político se hizo cada vez más presente, bajo un estilo contestatario. Dos ejemplos.

Spandex El León Durmiente hizo un guiño ante la constante amenaza de los militares para volver a tomar el control del país. Los gogos salieron vestidos con uniforme militar entre flameantes banderas chilenas. Lo único que la producción no logró concretar fue encarcelar a un león vivo en el teatro (dificultades con los accesos). Carabineros los multó por atentar contra los símbolos patrios.

Para el 11 de septiembre de 1992 se realizó Spandex El lado oscuro de la luna. Elizabeth Patiño –quien se integró como gogo en Teatro Carrera– relata: “El solo hecho de hacer una fiesta en esa fecha era un acto de provocación. No sabíamos si el público se atrevería a acudir. El himno nacional omitiendo ciertas estrofas, la visita de los pacos en actitud más desafiante que lo habitual y un público fiel hicieron una velada espectacular”.

Show del condón (archivo Daniel Palma)

“Quedó la cagá”, afirma Lola Hervia, “un porcentaje de nuestro público eran hijos de milicos, gente de ultra derecha. Los hijos de los pacos que nos reprimían iban a nuestras fiestas. Iban los hijos de todo el mundo y se tuvieron que tragar los videos que daban cuenta de los detenidos desaparecidos. Se dijeron cosas súper potentes”.

Sin embargo, para muchos fieles seguidores de las Spandex, las fiestas comenzaron a decaer. El ambiente hilarante de Teatro Esmeralda tomó caminos excesivos en Teatro Carrera. Tal vez porque la masividad ya no era interesante y cada asistente retornaba a su espacio y su gente. Quizás algún sector del público se sintió desvinculado de la propuesta ofrecida por la fiesta o porque simplemente, como decía la expresión de oro noventera, “no estaban ni ahí” con la política.

“La gente cayó en la irreverencia. Había droga, mucha. Todo el mundo fumaba pito, jalaba, se tomaba mucho copete. La gente distorsionaba la película con la historia. Si parte del carrete ya era ir a ponerle. Yo creo que la gente empezó a ir cada uno por su lado y el público cambió y cambió”, cuenta Carlos Fuster.

Ya no era solo marihuana, la droga de moda era la cocaína. Los entrevistados dicen que en esta época reconocieron el uso alternativo del espacio entre el dedo pulgar y el índice. Algunos aseguran haber visto a personas inyectándose en los baños, incluso en la pista. Parecía algo imparable que afectaba a muchos. “En [Teatro] Carrera tomaba mucho, jalaba mucho. Simplemente era la onda no más. Yo me sumé…y la droga nos invadió”, afirma Daniel Palma.

Los que asistían a las Spandex desde sus comienzos en Teatro Esmeralda sintieron fuertemente los cambios,  hasta el punto de dejar de considerarlo un espacio propio. Fue en este contexto que Titi Ramírez decidió renunciar. Ya había cumplido un ciclo y lo que ella veía entonces parecía no tener ninguna relación con lo que habían empezado. “Llevábamos un año creando semana a semana. Estábamos desgastados”, dice Titi Ramírez.

Los mitos y prejuicios sobre las Spandex eran numerosos y para algunos  impronunciables, todos concernientes a un destape sexual, pornografía y drogas. Eran los temas que ocupaban la mesa de los chilenos. Incluso el arzobispo de Santiago, Monseñor Carlos Oviedo, resumió los hechos en su carta pastoral “Moral, juventud y sociedad permisiva” usando dos palabras: crisis moral. Pero, a pesar de la buena imaginación de los oponentes a las Spandex –convertida en nación de la crisis moral de los jóvenes– algunas apreciaciones sobre las fiestas no podían ser negadas ni por una tropa de fanáticos de éstas. Sí, se conseguía drogas en ellas. Sí, podías ver travestis. Sí, entre los asistentes se encontraban gays y lesbianas. Sí, las peleas entre grupos aumentaban. Era todo muy difícil de explicar.

Claudio Garvizo comenzó a sentir que vivía “dentro de un doble estándar” desde que en su casa se enteraron de Spandex, gracias al reportaje emitido por el programa El Mirador (TVN). La hermana de Garvizo no pudo contener la información y le contó a la familia que el hermano menor era un asiduo de las fiestas. Desde ese momento, el estudiante de periodismo mentía cada vez que iba a las Spandex. La polola de Claudio decidió no acompañarlo más, luego de presenciar una pelea en el teatro; y sus amigos de universidad le aconsejaron no comentar a cualquier persona que iban a las fiestas. “Yo pensaba, pero por qué no decirlo. Había una complicidad entre los que iban a Spandex que no era tan, tan natural”, asegura Garvizo.

Era evidente que algo cambiaba. La gestora cultural –ex gogo Spandex– Morgana Rodríguez, reflexiona: “Los impactos para mí fueron totalmente distintos. Antes [en Teatro Esmeralda] era un fenómeno de una masa pseudo elite cultural. En el [Teatro] Carrera empezaron las críticas y la fiesta se volvió más vulnerable. Este país la instaló en el lugar que le corresponde a todos los destapes adelantados a su época: en lo underground. Ahí sucumbió”.

Otro factor importante en la desintegración de las fiestas fue el nacimiento de un nuevo lugar que la gente consideró la imitación VIP de las Spandex: Discoteque Oz. Un grupo considerable de asistentes –dicen que los más cuicos y faranduleros– emigraron a este espacio más sofisticado y de mejor factura. También varios colaboradores del equipo Spandex emigraron a la Oz, empezando por los gogos.

"Los gogos salimos en ropa interior con un traje plástico transparente simulando un profiláctico”, relata Elizabeth Patiño desde Madrid, España. (archivo prensa)

Estas parecen razones suficientes para pensar que los dos únicos sobrevivientes del equipo Spandex inicial, Daniel Palma y Lola Hervia (en representación de Producciones Órbita), decidieran poner fin a las fiestas. Pero no fue así. Estiraron la cuerda hasta cortarla.

El país estaba atento a la campaña “Conversemos sobre el Sida. Un desafío para los chilenos”, tendría tres etapas y era apoyado por diferentes rostros del acontecer nacional. Dos canales de televisión no aceptaron los spots en donde se mostraba el preservativo. Más que nunca el Show del Condón de las Spandex recobraba sentido.

Fue en este contexto que se inventó Spandex Fiesta del sexo seguro o qué le hace el agua al pescado. En ella, se repartió a los asistentes condones, los que la producción Spandex se consiguió con diversas ONG vinculadas a la ayuda a portadores de VIH Sida y gente de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las entidades pidieron total discreción y reserva de sus nombres.

Se mostró la campaña española de prevención del Sida, facilitada por la embajada de dicho país. Un condón azul que perseguía a una vagina-corazón, con un pegajoso jingle que decía “póntelo/ pónselo/ pon-te/ pon-te/ pón-se-lo”. En la barra, Daniel Palma y el italiano Mikito enseñaban un “juego erótico poco académico”, según Palma. Regalaban un trago a quien lograra poner un condón con la boca a unos dildos que ambos profesores sostenían entre sus piernas. Se dispuso unas bomboneras repletas de unos exclusivos condones que un chico traía de Europa. Eran de colores y sabores, únicos en Chile.

“La idea era transmitirle a la gente que el preservativo no tenía por qué ser un mata pasiones. Los gogos salimos en ropa interior con un traje plástico transparente simulando un profiláctico”, relata Elizabeth Patiño desde Madrid, España.

“Todos querían ser de mente abierta. Queríamos ser modernos. En el fondo era algo así como ‘bueno nunca hemos hablado de sexo en público, manifestémonos’. No fue todo tan gratuito en la fiesta, ir a pasarlo bien y nada más. Entre medio de la noche igual te ponían un tema heavy”, comenta Cristian Contreras, asiduo a Spandex.

En Spandex Fiesta del sexo seguro o qué le hace el agua al pescado la producción no tuvo problemas con carabineros, pero a las dos fiestas siguientes Lalo Alemany, socio de Lola en Producciones Órbita, manifestó a diario La Tercera que Carabineros intervenía en “repercusión a la realización de la Fiesta del sexo seguro”. Récord de ocho partes por venta de alcoholes a menores – y esta vez sí tenían patente, incluso de cabaret–, partes por mal estacionamiento, por lo que fuese. Revisión completa del teatro y de los asistentes, a quienes se les sacaron hasta los zapatos. Hubo detenidos. Entre ellos, el propio Palma.

A finales de 1992 la producción Spandex preparaba la campaña de prevención del Sida llamada “Educando para el amor con alegría”. La idea era hacer una feria pública de prevención del Sida en las calles de Santiago. En esta iniciativa participaron distintos centro de alumnos de universidades chilenas, liderados por la Federación de estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Antes de pedir el permiso, Agustín Elgarrista, director general de inspección de la Municipalidad de Santiago, se adelanta a los hechos y envía una carta a la producción de Spandex comunicando que la actividad “no será autorizada por este municipio”, según diario La Época, sección espectáculos.

En la misma nota, Eduardo Lalo Alemany comenta que René Sánchez, dueño de Teatro Carrera, fue citado a la Tercera Comisaría de Carabineros luego de la realización de Spandex Fiesta del Sexo Seguro o que le hace el agua al pescado. “El dueño del Carrera nos dijo que lo iban a clausurar”, comenta Alemany, “ahora esto es una censura directa. Antes de pedir nada se nos niega todo”.

Lola Hervia recuerda que el asunto se finiquitó cuando ella y René Sánchez acudieron a un Juzgado en calle Compañía para firmar “un papel” en el que se comprometían a no volver a hacer las fiestas en el Teatro Carrera, lo que aseguraba que René Sánchez mantuviera la patente de alcoholes. “El papel” era una forma de advertirle a todos los locales nocturnos de Santiago la suerte que correrían si se asociaban a las Spandex.

Diecinueve años después de este incidente ha sido imposible dar con aquel “papel” o conseguir copia del documento. La razón: los involucrados en este hecho desconocen si el “papel” era una causa en los juzgados laborales, por ejemplo, un simple poder notarial o una eficaz asustona. En octubre de 1992, Fiesta Spandex cerraba sus puertas abruptamente. Y esta vez no quedaban fuerzas ni ganas para un nuevo intento.

CONTINUARÁ… 

Próximo capítulo: “Creadores de una historia no oficial”

 

 

El autor:

Constanza Iglesias. 32 años, periodista, ex redactora radial.

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