Libros, medicina y conciencia

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La literatura tiene una larga relación con la medicina, y quizás, goza de mejor salud que ésta. Juan Carlos Said nos ofrece una reflexión al respecto. 

Libros, medicina y conciencia

La medicina, tradicionalmente vista cómo un acto de ayuda desinteresado, en el cual el médico utiliza conocimientos que no son suyos, si no propios de un acervo cultural trasmitido de generación en generación, se ha visto tensionada  progresivamente por nuevos problemas que involucran la esencia misma del quehacer médico y cuestionan su rol en la sociedad: la percepción de la profesión sólo como un oficio lucrativo, la destrucción de la relación entre médico y paciente, acosada por consultas cada día más breves y un papeleo cada día más largo, la práctica de procedimientos médicos que ven en la extensión de la vida de un paciente, lo único relevante, etc.

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La literatura, por su parte, tiene una larga relación con la medicina, y quizás, goza de mejor salud que ésta. Más de algún médico, tomó la pluma: Arthur Conan Doyle, Somerset Maugham  y Archibald Cronin, entre otros, para escribir o no de la medicina. También muchos escritores, han escrito relatos de médicos sin serlo, y al parecer, muchas veces, con mayor éxito: Tolstoi, Moliere, Kundera. En cualquier caso,  si excluimos los libros accesorios – aquellos hechos para decorar la sala de espera del dentista – o los libros de autoayuda o superación personal, los temas tratados con más frecuencia se repiten: el lucro, la investigación, la enseñanza de la medicina, la relación entre médico y paciente y  la muerte.

La discusión respecto al lucro no es nueva ni sólo propia de Chile.  Ahí tenemos a Archibald Cronin, en ese libro “La Ciudadela”, adecuadamente subtitulado: acerca del drama de los médicos y la medicina, que relata una historia tan antigua como presente. La de un médico recién salido de la universidad, que comienza a transar su idealismo por el deseo de obtener más dinero con su profesión, y que nos hace volver a las viejas preguntas: ¿Es legítimo cobrar? ¿Cuánto? ¿Qué hace el médico y la sociedad cuando los pacientes no pueden pagar? Los temas médicos, atravesaron toda su obra, y así, en las ”Las llaves del Reino”, si bien cuenta esencialmente la historia de un misionero cristiano en China, uno de los personajes, un médico no creyente, termina siendo el paradigma que el autor nos muestra de buena práctica médica: aquel doctor que muere víctima de una epidemia en la que trabajaba socorriendo por caridad a las  víctimas.

Otro de los temas mencionados, la investigación médica, es de origen más reciente. ¿Se puede investigar con pacientes? ¿Cuál es el límite para esta investigación? ¿A quien debe beneficiar la investigación? Maxence Van der Mersch se refiere a este problema en “Cuerpos y almas”, donde un médico, deseoso de entregar un legado a la posteridad, falsifica resultados y continua haciendo sus experimentos, a pesar de que estos no parecen tener ningún beneficio para sus pacientes en particular, ni para la humanidad en general. La historia, ficción en sí, recuerda en forma inevitable  a otros casos reales que Van der Mersch no alcanzó a ver en vida como  el caso del “Experimento Tuskegee”, donde a enfermos de sífilis  no se les dio la cura recién descubierta para su enfermedad, para no perder “valiosa” información respecto a la evolución de la ésta  sin tratamiento, o también los recientes casos de artículos con información falsa publicados en prestigiosas revistas médicas.

La educación médica, por su parte,  donde la necesidad de saber más de cada técnica o procedimiento nuevo,  parece superar con creces la necesidad de formar médicos sanos mentalmente, que puedan entregar atención con afecto a sus pacientes, no se ha quedado sin exponentes en la literatura. En esta línea,  está el libro “House of God”, de Samuel Shem,  que describe la vida de unos residentes de medicina que experimentan en su aprendizaje jornadas de trabajo de treinta horas continuas, tratamientos médicos fútiles y finalmente, el suicidio de un compañero, que no logra tolerar la presión y el vacío existencial que parece asociarse a esta forma de aprender.

Y finalmente, cómo en todo, la muerte y todo lo con ella relacionado. Algunas historias nos recuerdan acerca de lo difícil que es dar una mala noticia a una paciente y cuanto más difícil es para estos aceptarla. En ¨Pabellón de Cancerosos¨, de Alexander Solyenitzin vemos a un  paciente que afirma que lo suyo no es cáncer, a pesar de que está en un  centro de tratamiento para el cáncer, si no sólo un pólipo, o un tumor. Nada de que preocuparse y mientras tanto, un grupo de médicos, que parece alimentar con tranquilidad dicha negación, dado que muchas veces, es más fácil ser cómplices en el silencio y la mentira, que en la verdad y la palabra.

Michel de Montaigne, por su parte, famoso por sus ensayos, no dejó tampoco pasar la oportunidad de hablar de la muerte y cómo esta proyecta una luz sobre toda nuestra existencia y que así como a Príamo, a pesar de haber sido rey y poderoso toda su vida, el morir pobre, sin reino y viendo su ciudad destruida, proyecta una sombra sobre toda su existencia, lección, que los médicos preferimos no entender, al considerar que vivir unos días, semanas o meses más, es mejor que morir antes pero en paz y de la forma anhelada, proyectando luz y no sombra sobre toda nuestra existencia pasada.

Al final, la literatura, parece haberse convertido en la gran conciencia de la medicina, que nos recuerda, que no importa cuánto progreso exista, los problemas serán siempre los mismos: la naturaleza de los fines, la licitud de los medios, la necesidad de hacer el bien y no dañar. Los buenos libros, alimentan esta reflexión,  y  a diferencia de tanto artículo en revista médica, permanecerán siempre vigentes, en la medida que nos sigan mostrando la fragilidad de nuestra ética y que, si la medicina no sirve al hombre, a nadie  sirve.

El autor:

Juan Carlos Said Rojas es médico de la Universidad Católica. Con el fin de ampliar su visión de la realidad, decidió hacer la especialidad en Medicina Interna en la Universidad de Chile. Su doble militancia la lleva en la sangre: Es hijo de padre chileno y madre argentina. Gracias a esto ha podido siempre empaparse de más de una verdad. Minor en Filosofía y viajero empedernido, ha recorrido prácticamente todos los continentes (tiene una deuda con África), buscando entender como funciona el mundo. Lector empedernido de literatura fantástica, también conocida como "historia". Twitter: @juancarlossaid

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