Zona Beatle: noches y días agitados

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Este año se cumplen 50 años de “A hard day´s night”, primera película del grupo británico “The Beatles”, que fuera estrenada en 1964. El recuerdo activa la memoria, y Mario Valdovinos decidió escribir el siguiente homenaje.

Zona Beatle: noches y días agitados

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En el cine Nilo, aún existente en calle Monjitas, exhibieron durante un año, en funciones rotativas, de 19 a 24 horas, el primer film de The Beatles, A hard day´s night. Corría el año 1964, recién asumía el gobierno la Revolución en libertad de Frei Montalva y la banda de Liverpool, ese año, ya estaba instalada en la fama mundial.

En la película, la cámara volátil del director, Richard Lester, sigue a sus integrantes durante 48 horas de sus frenéticas vidas.No se muestra la génesis del grupo, los años amargos de las giras a Hamburgo, la muerte de Stuart Sutcliffe, el reemplazo de Pete Best por Ringo Starr, nada de aquello, ya son The Beatles, y los cimarreros de los liceos de Santiago acudíamos en masa a ver la cinta, una y otra vez, como los niños que no quieren que termine el placer y lo repiten hasta quedar extenuados. Coreábamos las canciones, con inglés de aeropuerto,  e incluso, los más osados, salían a los pasillos a bailar los temas, ante el frenesí de la extensa platea  -ese cine no tiene otra localidad-, que aullaba en estado de delirio, como lobos adolescentes en manada. Celebrábamos un rito de posesión, de pertenencia y también demarcábamos, como hacen los cachorros, un territorio: Zona Beatle. Tal vez era un conjuro y un pacto. A la salida nos esperaban los completos y pizzas del portal Fernández Concha y regresábamos a casa, tan campantes y sueltos de cuerpo,  cerca de las 15 horas.

-¿Cómo te fue en el Liceo?, era la pregunta con que nos recibían.

 -¿Cómo me va a ir, poh?, igualito que ayer.

Nos reíamos de todo y nadie pensaba en el día siguiente. En una oportunidad, tras pasar la mañana entera en el cine, vi de manera casual, en la vereda de enfrente, a mi padre, caminaba en dirección norte, hacia Mapocho. No se lo comuniqué a mis compañeros de curso y, para que no me viera, repentinamente empujé, a mi polola de esos años, contra un muro. La besé con arrebato, ocultando en ella, en sus cabellos, mi rostro e identidad. Demoré la acción, ante su asombro, así dejé que mi padre, un hombre alto y de paso veloz, se alejara en dirección opuesta. No me vio. Lo sé. Iba cabizbajo, metido en su mundo de necesidades y afanes, en su persistente esfuerzo por ser padre,  esposo y proveedor.

Pensé que mi padre sabía lo que hacía, mientras yo dilapidaba las horas en compañía de mequetrefes, de gañanes adolescentes, de revolucionarios de pacotilla, de seductores de opereta. Pobres diablos friolentos en busca de no sabíamos qué.

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La sala repleta de beatlemaníacos mostraba sin cesar el film. En términos argumentales es un reportaje visual, con carácter periodístico, sobre una actuación del grupo en un canal de TV londinense, pero sus fans los acosan con saña para tocarlos, reverenciarlos y destruirlos. En medio de la ingenua historia, cada uno de los cuatro se interpreta a sí mismo, aparece el abuelo de Paul, un personaje inventado que revuelve más las cosas. Al mismo tiempo, las huidas, las persecuciones, y, por encima de todo, las canciones. El ritmo es vertiginoso y ahí está el encanto, aún inmarchitable, de la cinta.

Además, y para no creerlo, no hay efectos especiales, ni siquiera hay color. La cinta es en blanco y negro y los integrantes de la banda están en la plenitud de su edad, tienen menos de 25 años y son los elegidos de los dioses. No morirán jóvenes como suele ocurrir con quienes son señalados por las caprichosas divinidades. Todos pudieron superar la barrera de los 27 años, el club de los 27, la edad tope para el holocausto personal, como Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Jim Morrison. Lennon cayó bajo las balas a los cuarenta, cuando empieza la segunda vida; a George el cáncer lo atacó con más de medio siglo de edad y quedan vivos dos.

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Los temas, trece, fueron grabados en febrero del 64, es el tercer álbum, vienen de la primera gira a USA, actuaron tres veces en el show de Ed Sullivan y las canciones servirán como banda sonora del film. La cinta resulta favorecida si se la ve en función de las canciones, todas pertenecen al grupo, aún componen temas para poder interpretar en vivo, con dos guitarras, un bajo y percusión. No han compuesto todavía los álbumes de estudio, tampoco saben si la fama persistirá. No planificaban demasiado el futuro. Nosotros menos.

Tampoco sospechaban que los jóvenes de un país remoto, Chile, nos arrancábamos del colegio para ir a verlos y celebrarlos.

El autor:

Mario Valdovinos | No nací en Valparaíso ni estudié en el Instituto Nacional, como me habría gustado, sino en Santiago y en el Liceo N. 6, Andrés Bello, de San Miguel. Tuve una infancia solitaria y feliz en las barriadas de la capital y, especialmente, en los cines. Allí me (de)formé: en la calle, en los rotativos y en la U. de Chile, donde estudié literatura y filosofía, vale decir, vocación temprana y eterna por lo inútil. Escribo hace rato narrativa y teatro, crónicas y crítica literaria, doy clases en colegios y universidades privados. ¿Privados de qué?.Vaya a saber. Soy acuariano hasta la muerte, dramaturgo y actor. Lo demás, espero que harto, se hace día a día.

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