Johnny Knoxville va de viaje

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Lecturas del cine en Terminal. Diego Vargas Gaete nos ofrece su crítica a la película “Jackass presents: Bad Granpda”, dirigida por Jeff Tremaine. Una road movie interpretada por Johnny Knoxville. 

Johnny Knoxville va de viaje

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John Steinbeck decía que los viajes son como un matrimonio, porque la forma más segura de equivocarse-o perderse- es pensar que los controlas. Esa es la semilla devastadora que oculta toda road movie; género cinematográfico donde el protagonista deberá enfrentarse a la incertidumbre que nace al cruzar la carretera abordo de una furgoneta destartalada (“Pequeña Miss Sunshine”) o al dirigirse a la montaña intentando escapar de los fantasmas que le muerden los talones (“Into the Wild”) o al caminar a través de una línea férrea en busca de un cadáver (“Cuenta Conmigo”).

Hace poco me tocó ver “Jackass presents: Bad Granpa”. Sí, Jackass, la tropa de eternos adolescentes que invadió el canal de MTV- a principios del dos mil- con videos en los que usaban carritos de supermercados como autos de carreras y de paso se golpeaban las cabezas, antebrazos, costillas, muslos, clavículas y codos. La película- sexta intervención de Jackass en el cine- es protagonizada por Johnny Knoxville (1971), el sensei de la pandilla que convirtió la ociosidad en un oficio rentable. “Bad Granpa”, por supuesto, es una road movie.

Antes de empezar a ver “Bad Granpa” me preguntaron qué opinión tenía acerca de Noxville y sus videos. Creo que saqué pecho y luego dije que un tipo dispuesto a golpearse una y otra vez el estómago con un bate de béisbol, seguro era un soberano tarado. La película, por cierto, cuenta la historia de Irving Zisman –interpretado por Knoxville-, abuelo de ochenta y cinco años que recibe el encargo de transportar a su pequeño nieto de un extremo a otro de Estados Unidos. La misión es entregar al niño a su padre, puesto que la hija de Zisman ha caído en la cárcel. La forma cómo se filmaron buena parte de las escenas fue usando el caballito de batalla de Jackass: cámaras ocultas. La idea, creo, era lograr reacciones naturales, tan espontáneas que los actores secundarios debían ser personas comunes y corrientes que no tenían idea de que estaban siendo filmadas.

Al inicio de toda road movie se esbozan las características del protagonista. En otras palabras, se insinúan las trabas que entorpecerán su viaje, la piel que deberá quedar en el camino si pretende avanzar. Zisman es un psicópata sexual en potencia, un abuelo descariñado, un provocador egocéntrico incapaz de mirar más allá de sus zapatos. Si bien en “Bad Grandpa” encontraremos los infaltables gags de humor escatológico y el asombro o la furia de quienes son engañados con las bromas, el acierto fue circunscribir las escenas al servicio del guión cuyo foco siempre apunta al vínculo que el anciano deberá ir fraguando con su nieto a lo largo de una ruta en constante cambio. El resultado es una aceptable road movie en tono de comedia.

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Nunca supe qué tipo de castigo le corresponde al que arroja una piedra sin estar libre de pecado, pero a medida que escribo recuerdo una caminata que emprendí junto a mi padre y mi hermano. Estábamos en el campo y queríamos alcanzar un bosque de raulíes. Se interponía en el trayecto un cerro. La misión era calcular el volumen de madera de los árboles. Alcanzamos la meta tras agotadora marcha y casi de inmediato empezó una discusión acerca de la mejor forma de llevar a cabo la faena. Mi padre y mi hermano se manejan con los números. Yo permanecía en silencio pues desde el colegio me enemisté a perpetuidad con las matemáticas. El asunto comenzó a caldearse. De pronto tuve una idea y le di una patada a un raulí delgadito, de unos ocho metros de altura. Quería decir algo así: “Para qué pelean por un par de palos”, pero se me adelantaron las termitas y el tronco fue a dar a suelo levantando una nube de tierra y hojas. Fue una escena que nos robó el habla y de paso rajó la tarde en dos. Al poco rato, usando una cámara de fotos, mi hermano y yo empezamos a grabar videos del mismo estilo. Sin pensarlo mucho fundamos la primera escuela de artes marciales campesinas. Éramos dos cavernícolas golpeando la madera y haciendo reír a un padre que oficiaba de camarógrafo o, si se quiere, tres tarados disfrutando del rumbo extraño de una tarde.

Está claro que Bad Granpa” no se ganará un espacio dentro de las grandes road movies de todos los tiempos. Sin embargo constituye un paso adelante en la carrera del clan Jackass y especialmente para Knoxville, que tuvo que esperar más de una década a fin de ponerse pantalones largos y demostrar que podía hacer algo más que una seguidilla de bromas y porrazos. Esto último, por qué no, también podría considerarse como un largo e impredecible viaje.

El autor:

Diego Vargas Gaete es escritor y guionista. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda y de la Escuela de Escritores del Centro Cultural Ricardo Rojas en Buenos Aires, Argentina. Ha sido galardonado en más de diez concursos literarios.

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