77 años sin Lovecraft

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Este 15 de marzo se cumplen 77 años desde el fallecimiento de Howard Phillips Lovecraft. Este escritor estadounidense de Providence, Rhode Island, no disfrutó en vida de la fama que goza actualmente, que es la de ser uno de los autores más influyentes en la literatura de terror del siglo XX. Escribe Carlos González. 

77 años sin Lovecraft

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Ciertamente, Lovecraft aportó material que ya es de conocimiento habitual en el mundo del terror, como el Necronomicón y los mitos de Cthulhu, y su influencia y estilo pueden percibirse desde Stephen King hasta Alan Moore, pasando por la televisión (The X-Files) y los Rituales Satánicos de Anton LaVey. ¿Qué características le hicieron merecedor de esta reputación y causaron esta influencia?

Los escritores de terror suelen tomar algo cotidiano y trabajarlo hasta cambiar la percepción del lector. Ya sea la puerta que chirría al abrirse, un payaso malévolo o una cripta abierta, la sugestión funciona relacionando el mundo narrado con el vivido. Lovecraft también lo hizo, por ejemplo, al transformar su Nueva Inglaterra natal en el país donde conspiran las brujas, fuerzas incomprensibles juegan con la humanidad y se mezclan con ella, y viejas maldiciones claman venganza muchas generaciones después de originarse. Pero soy de la opinión que pocos autores logran introducir su propia cosmogonía en la ficción de terror, y con ello, pervertir nuestra propia impresión de cómo y por qué el mundo es como es.

Como todo lector actual, mi relación con el terror está condicionada fuertemente por el cine. La atmósfera obtenida sin esfuerzo, los golpes de efecto y la imposibilidad de detener la historia me hacían ver como poco probable que un libro, donde lo anterior es difícil de lograr, pudiera asustarme mucho. Y así ocurrió, hasta que comencé a leer a Lovecraft.

Es frecuente en Lovecraft leer que el horror no permite al narrador expresar lo que está viendo – lo innombrable. Del mismo modo, lo terrorífico de sus libros no es sólo lo que escribe, sino lo que no escribe. Porque el conocimiento, para él, es nocivo. Destruye a quien lo busca. Y es desde el arrepentimiento de haber buscado el conocimiento, de haber corrido el velo, que muchos de sus personajes narran sus historias.

La mayor tragedia del ser humano es la capacidad de percibir su entorno y la necesidad de darle sentido. Es esta cordura lo primero que pierde al enfrentar la verdad. La ciencia, vista por muchos como una antorcha en la oscuridad, es vista por Lovecraft como un arrogante e ingenuo intento de comprender lo incomprensible, pues sólo pueden hallarse el horror cósmico y el insignificante papel de la humanidad en él. La religión es un placebo al que acceden los que eligen no saber que hay fuerzas superiores amorales e indiferentes, para quienes significamos absolutamente nada. Y no saberlo es bueno.

Y al dejar el texto, pensando en todo lo que se atisba en él pero no se resuelve, me pregunto si hay algo en todo ello que se contradiga con lo que sabemos del mundo. Pienso que no. Lo más terrorífico de Lovecraft es que, en el fondo, puede tener razón.

Ilustración: Francesco Francavilla - http://www.francescofrancavilla.com/

El autor:

Cesante ilustrado. No ha pasado nada de notar en su vida, pero promete agregarlo a su biografía cuando ocurra.

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