El extraordinario Poe

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Considerado por muchos el padre del género detectivesco y la ciencia ficción. Edgar Allan Poe, nacido el 19 de Enero de 1809, fue además pionero de la historia corta. Ingresemos a su mundo macabro y muchas veces racional con esta historia de lectura de Miguel Rodewald.

El extraordinario Poe

Ilustración: www.daniels95.wordpress.com

¿Qué significa lo macabro? ¿Lo tétrico? ¿Lo siniestro? ¿Tiene que ver acaso con una determinada estética? Ya sabes a lo que me refiero: la mansión con gárgolas, el cielo nublado, una llovizna, tal vez, sonidos de bestias a lo lejos, el inclemente peligro. Quizás, yo creo, de eso se trata. Nos habla del horror, del miedo. De cuando el ser humano deja de ser el ápex de la cadena alimenticia. Pierde su condición de depredador para convertirse en presa. Esa es la tensión: recordar nuestra mortalidad. Sabernos unas criaturas pequeñas en el orden de las cosas.

La experiencia Poe fue una a la que me introduje muy joven. La clase media con aspiración intelectual. Un living con varias colecciones de libros. Un tomo del autor. Narraciones Extraordinarias su nombre. Busco a El Cuervo. No lo encuentro ahí. Hojeo y me detengo en la Máscara de la Muerte Roja. Trata del Príncipe Próspero, quien escapa de una peste mortal, encerrandose él y su corte en un castillo, mientras el resto del reino cae a costas de ella. A la medianoche, durante una fiesta de disfraces, todo se detiene. El autor describe cada minuto con tenacidad. Uno de los asistentes de la libación camina con paso lento hacia el príncipe. Lleva un disfraz escarlata y negro. Caracteriza los síntomas terminales de la enfermedad y se acerca cada vez más al anfitrión. Los asistentes mueren uno a uno a medida que marcha. Finaliza con la muerte del reloj de ébano. Diez años tenía yo. Mi despertador marca las tres de la mañana. Estaba aterrado como si estuviese allí. Creo que fue mi primer viaje. Una evocación diabólica.

La recopilación pasó por mis manos varias veces a través de los años. Conocí la angustia gótica en Berenice. El trepidante nervio de la muerte anticipada que no llega con El Pozo y El Péndulo. Vi la neurosis de estar atrapado vivo en una tumba junto al infierno de estar emparedado tanto en La Barrica de Amontillado, El Entierro Prematuro y El Gato Negro.

Poe no sólo es un clásico por derecho propio. Tiene ese don de abrir las puertas del lector a nuevos mundos. Si bien de origen norteamericano, su obra nos acerca de inmediato a la Inglaterra Victoriana. Tras eso, saltar a Arthur Conan Doyle, a Oscar Wilde o a Robert Louis Stevenson es una transición natural. Con su personaje Dupin, Poe crea el género de ficción de detectives, esto sucede en Los Crímenes de la Calle Morgue. El protagonista del relato, usando no otro instrumento que su capacidad analítica nos muestra la manera de resolver un crimen, en una aplicación práctica del método deductivo, el cual años más tarde sería usado y abusado por el mítico Sherlock Holmes. En Un Estudio en Escarlata, de hecho, Conan Doyle homenajea, a su manera, la obra de Poe mencionando a Dupin.

Las apariciones de Dupin, sin embargo, son sólo una muestra de esa inquietud del escritor de emparejar la ciencia y el arte a través de la ficción. En El Escarabajo de Oro, el protagonista es expuesto a un enigma, el cual solo puede ser resuelto a través del uso de técnicas criptográficas (Método que también ensalza Conan Doyle en Los Monigotes).

Ilustración: www.pedrophablo.wordpress.com

Edgar Allan Poe desaparece joven de este plano. Lo hace a los 40, el 7 de Octubre de 1849. Deja una obra extensa que influye a través de los años a una plétora de escritores. Me voy a permitir una blasfemia literaria[1]: si me preguntan “¿A qué músico podría escuchar?”, mi respuesta es una, “a David Bowie”. Pues bien, de la misma manera, un lector novel, antes de tratar sus ojos a nuevos experimentos narrativos, debe siempre descansar en el clásico, en la mano que pone en marcha el péndulo e influencia la marea.

Hazte un tiempo, lee a Edgar Allan Poe.



[1] Para muchos, el mezclar lo clásico y popular en el mismo silogismo no sólo es un pecado a la condición intelectual, sino una muestra inequívoca de vulgaridad y mal gusto. Soy de la corriente opuesta: toda expresión de arte es válida mientras tenga un público que sea capaz de evocar a través de ella.

El autor:

Nace en Iquique, crece en San Carlos, vive en Santiago. Trabajó en varios rubros. Ahora pitutea. Cree que las historias no se inventan, sino que los personajes son invocados y nos cuentan que les pasó.

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