Reseña: “Todos piensan que soy un faquir”, de Claudia Apablaza

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En noviembre de 2013 Claudia Apablaza presentó Todos piensan que soy un faquir. Miguel Rodewald interroga todos los cuentos (y ensayo) de este tomo para comunicarnos el resultado de sus pesquisas en esta reseña.

Reseña: “Todos piensan que soy un faquir”, de Claudia Apablaza

Ilustración de portada

Una vez estaba con mi papá preparando café. Cuando consideré que el agua estaba bien, removí la tetera y empecé a servir mi taza. Mi padre me dice: “Siempre espera que el agua hierva. Tu tío Erno terminó con un racimo de úlceras porque era igual de impaciente que tú”.

Llegamos a la vida adulta con enseñanzas así de nuestras figuras paternas. Algunas pueden ser muy sabias, propias de un libro místico, otras, triviales como la que acabo de mencionar. Pero quedan y construyen nuestra identidad.

Lo primero que leemos en Todos piensan que soy un faquir es un agradecimiento al padre de la autora, quien le enseña, desde los 8 años, a hacer 50 abdominales diarios. Nos introducimos al compendio de cuentos con una cita del Yogui Bhajan. Una clave holística que nos ayudará a descifrar el libro más adelante.

En un estilo rápido, conciso y sobretodo honesto, (los americanos dirían no-nonsense and no-bullshit), Claudia Apablaza nos presenta nueve cuentos, una Tentativa De Escribir un Corpus Teórico-Emocional de Otros Textos y un ensayo bastante íntimo de crecimiento personal. El viaje es expedito y se agradece. En la era de información rápida es muy extenuante tener que leer latosos tratados y detenerse cada veinte páginas para tomar un respiro.

Persiste en los cuentos la temática de trascender, de empezar la ruta al infinito con un buen pie. De la paz y tranquilidad como medio para alcanzar el único verbo que importa. Cada cuento expresa una arista de ese poliedro, usando como vehículo las distintas neurosis a las cuales la protagonista se enfrenta en el momento dado. Tenemos la necesidad de completud a través del amor verdadero (Mi papá cree que soy un fakir), junto a la pareja obsesiva (Gym, Artes Marciales, etc; Vegano), en el páramo idílico (Guadalajara), mediante una disciplina (Ashtanga), quizás privandonos de algo (Papas Fritas), o satisfaciendo una necesidad básica inmediata (Cuento de la Isi), cumpliendo con el sistema y entorno (Movistar), o buscando ese físico ideal (No quiero tener guata). Una vez completa nuestra inmersión por estos estados de conciencia, nos encontramos con el verdadero volcado emocional de la protagonista, el núcleo real del libro, concluyendo con la línea optimista “Por fin. Lo eres. Sí. Lo eres. Por fin eres feliz”.

Quiero insistir en la idea que, aunque la protagonista se ubica en sus 30, este libro habla acerca de empezar. De la misma manera como nos preparamos para un viaje, queriendo llevar ropa cómoda, un maletín con lo necesario, una mochila bien provista; Los individuos aspiramos, algunos en nivel consciente, otros dejándolo ver en los actos, tener el mejor pie posible para realizarnos, para comenzar la “vida de verdad”.

Recuerdo la película Manhattan (1979) de Woody Allen. En el monólogo inicial el autor trata y se frustra por no lograr de inmediato de dar con esa primera página para su libro. Algo así está pasando en esta generación. Lentamente estamos entendiendo que las metas materiales son bastante efímeras como para volcar nuestra alma en ellas. Con la idea de la eternidad tan presente trabajamos con energía para buscar ese algo que nos haga ser mejores.

Otra temática bastante interesante es el uso de invocaciones por parte de la protagonista a símbolos de jerarquía superior al individuo: se menciona al Padre, a Dios, a San Expedito, a un potencial amante, a una tía o a una doctora que contesta cartas. El carácter de petición escrita y repeticiones, elemento que define a la oración o a los mantras, nos inspira a observar un patrón ritualistico. El autor Grant Morrison en Supergods (2011) nos habla del rol shamánico del escritor, del empleo de estructuras lingüísticas y sigilos con propósitos espirituales. Después de todo las palabras efectivamente crean realidad al motivar que el lector evoque otro plano sobre el que se encuentra situado. También nos enteramos que el autor se puede valer de estas herramientas para motivar cambios en su propio todo, de manera que una obra literaria puede ser muchas cosas, incluyendo un ejercicio de magia.

Celebro la literatura contemporánea. En especial los trabajos que te entreguen acceso a la corriente de pensamientos del autor. Estos cumplen la doble función de servir como espejo para el lector a fin de complementar la eterna auto evaluación, así como entregar una fotografía sincera del espíritu de los tiempos.

El autor:

Nace en Iquique, crece en San Carlos, vive en Santiago. Trabajó en varios rubros. Ahora pitutea. Cree que las historias no se inventan, sino que los personajes son invocados y nos cuentan que les pasó.

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