La calle de los cocodrilos de Bruno Schulz

LibrosPortadaRecomendaciones

Los recuerdos de la niñez se presentan en nuestro imaginario como una sucesión de impresiones. El desafío estético del escritor por compartir una experiencia tan íntima no sólo requiere oficio, sino un don. Un referente en este arte particular es definitivamente Bruno Schulz, cuyo compendio de cuentos “La Calle de los Cocodrilos” es reseñado a continuación por Miguel Rodewald.

La calle de los cocodrilos de Bruno Schulz

www.antartica.cl

Hubo un tiempo, tan cercano como para que esta generación lo haya vivido, pero a su vez, tan lejano que lo denostamos como “pasado”, en que la distancia importaba.

Si a una persona querida la teníamos lejos el acto de la comunicación era imposible. Teníamos desde luego alternativas. Estaba la posibilidad de hacer una llamada telefónica. Pero recordemos que en este inclemente “pasado” esa alternativa era prohibitiva en términos financieros. Solo quedaba, por tanto, un recurso: la carta.

La carta, la misiva, la epístola era el medio escrito por excelencia para poder compartir lo que pasaba en nuestras cabezas y espíritus, de manera de lograr que aquel o aquella interlocutora pudiese crear esas imágenes en su fuero interno. De eso se trata la comunicación: el acto de hacer uso de una plataforma y conseguir evocaciones. Por lo mismo, una vez superadas las barreras básicas que la construcción del lenguaje impone, los más avezados transformaron a la carta en un poderoso oferente de experiencias capaz de transportar al lector a un mundo lejano del que se encontraba, acercando a este y al escritor de una manera espiritual.

La Calle de los Cocodrilos (Editorial Hueders, 2013) de Bruno Schulz (1892 – 1942) es una colección de historias cortas, publicada originalmente en Polonia en 1934. Historias rápidas, cargadas de metáforas, donde el centro de la narrativa se produce más allá de los personajes y las secuencias de eventos, para ubicarse en impresiones que el autor quiere compartir con energía, estrujando cada frase y expresión para compartir un espacio de intimidad, de sueños, de recuerdos, logrando llevar al lector a ese pequeño pueblo polaco donde el bardo se crío.

Cada cuento tiene ese afán pictográfico propio de Schulz: empieza con el relato de una salida en pleno verano. El calor intenso emana de las páginas a través de las delicadas descripciones existentes ahí “Todos bajo aquel día dorado llevaban impregnada la mueca del calor, como si el sol obligara a sus adoradores a vestir idénticas máscaras de oro. Viejos y jóvenes, mujeres y niños todos se saludaban unos a otros con estas máscaras pintadas en sus caras con una gruesa pintura áurea; se sonreían con sus caras paganas, con las sonrisas bárbaras de Baco”. Podemos leer, apreciar y vivir párrafos con esta propuesta estética a lo largo de todo el libro, sorprendiéndonos en la relectura de tal o cual pasaje a fin de poder absorber mejor lo expresado allí.

www.lashistorias.com.mx

Es interesante y central la figura del padre del autor en gran parte de estos relatos cortos: la descripción de su enfermedad y su progresivo desgaste hasta su desaparición. Schulz plantea que la gente no muere, sino que desaparece gradualmente hasta convertirse en polvo. En capítulos posteriores conocemos al padre como una persona inquieta, creativa y con un interés fuera de lo común en otras formas de vida. Su interés por los pájaros lo convierten – en uno de los cuentos – en un ornitólogo tan dedicado que decide gestar un aviario en su casa. Más adelante dicta charlas de metafísica. Este aspecto llama la atención notablemente: el dominio y aprovechamiento de la prosa por parte de Schulz es sobresaliente, ahora, la presentación del padre como un conjurador, nos da pistas del rol del escritor en la sociedad. ¿Quizás es una extensión de aquella idea cabalística de la palabra como generadora de la realidad? La sugerencia es tentadora.

Al concluir el libro y poner nuestros ojos en el mundo actual, nuestra realidad, queda ese espacio de reflexión, cual despertar de un sueño. Es ahí cuando nos enfrentamos a la idea que vivimos otra época: la era de lo instantáneo. Las comunicaciones inmediatas son la norma y estamos más cerca uno del otro de lo que estabamos 20 años atrás. No obstante eso, nosotros, los ciudadanos del futuro, estamos a un largo camino de superar la brecha del individualismo que nos hemos auto impuesto, cojeando en la capacidad de entregar un diagrama claro y preciso de nuestras emociones, fracasando en el sueño de la conciencia única. El trabajo de Schulz es inspirador. Nos toma de una mano y nos enseña a dejar nuestras máscaras y revelar el mundo interno. Con palabras.

El autor:

Nace en Iquique, crece en San Carlos, vive en Santiago. Trabajó en varios rubros. Ahora pitutea. Cree que las historias no se inventan, sino que los personajes son invocados y nos cuentan que les pasó.

Dejanos tu comentario