Habría que comerse a los niños del SENAME

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Allá por 1729, Jonathan Swift ofreció una inquietante propuesta frente a la indiferencia de su sociedad ante la miseria, hambre y enfermedad de los más pobres de Irlanda. Frente al trato y condiciones que hoy Chile ofrece a sus niños más vulnerados en sus derechos, quizá el autor esgrimiría nuevamente un argumento igualmente horroroso. 

Habría que comerse a los niños del SENAME

Ilustración: www.english.edusites.co.uk

Las últimas semanas, y como corolario de un año complejo, iniciado con la difusión de un informe de UNICEF[1] que revelaba la presencia de abusos sexuales y malos tratos al interior de los centros a su cargo, el SENAME[2] ha estado presente en las primeras planas, con letras grandes y rojas: en San Joaquín, un intento de motín dejó como saldo a más de 20 niños malheridos por la acción de funcionarios y gendarmes[3]. Días atrás la noticia fue peor, un menor murió asesinado en el Centro Metropolitano Norte[4]. Se llamaba Daniel Ballesteros, hace días estaba siendo hostigado, se sabía en peligro y había avisado a los encargados de su cuidado. Nadie detuvo las 18 puñaladas.

No sólo el Estado falló. Todos le fallamos a Daniel, y a miles de niños y adolescentes que hoy, como solución para el orden público y el bienestar de la sociedad, deben pasar meses y años recluidos en centros de atención donde la evidencia indica que sus derechos son efectivamente vulnerados y la posibilidad de reparación al daño recibido por la exclusión son mínimos. En Chile son cerca de 12.000 los niños que viven en centros del SENAME. Doce mil niños y adolescentes para los cuales la sociedad no ha encontrado otra solución más que la internación en residencias[5].

Fotografía: www.latercera.com

Esta historia no comenzó ahora, lleva un tiempo incubándose. El año 2007 se rebajó la edad para aducir responsabilidad penal a los adolescentes, pero de esto ya se discutía el año 1995[6]. A la luz de los hechos, tal parece que juzgar a niños como delincuentes no ha sido un aporte en la protección que como sociedad ofrecemos a nuestra infancia.

Cuando son motines y asesinatos los que se toman los espacios que debieran proteger a los niños y jóvenes, vale la pena preguntarse qué es lo que ofrecemos a los adolescentes marginados y de qué manera podríamos abordar esta situación como un síntoma de estructuras sociales enfermas, y no como si fuera una problemática individual de sujetos racionales y responsables de sus acciones. Que un efecto se verifique en un individuo no implica que las causas de tal efecto se encuentren en él o ella. Pero actuamos como sí así fuera. Se alaba a los emprendedores como si, en sí mismos, estuviera la razón de su éxito material. Se condena a los así llamados antisociales, porque supuestamente ellos han discernido y optado por la delincuencia. La solución del Estado parece ser evitar el desborde, contener y excluir a los delincuentes y a los niños de quienes, a ojos del mismo Estado, son incapaces de velar por los derechos de sus hijos.

Ilustración: www.bhuwanchand.wordpress.com

Muy lejos de aquí y hace mucho tiempo atrás, en el año 1729, Jonathan Swift, escritor irlandés, el mismo autor de “Los viajes de Gulliver” -malvado libro político a ojos de Ray Bradbury, diluido a cuento infantil por los años- asombrado ante la indiferencia de su sociedad frente a la miseria, el hambre y la enfermedad imperantes entre los más pobres de su país, ofreció una horrorosa proposición para solucionar de raíz estos problemas: la producción y venta, para la alimentación de las clases dominantes, de los infantes de un año nacidos de peones, criados, mendigos y campesinos:

Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño saludable y bien criado constituye, al año de edad, el alimento más delicioso, nutritivo y comerciable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y yo no dudo de que servirá igualmente en un fricasé o un guisado.

Por lo tanto, propongo humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya anotados, veinte mil sean reservados para la reproducción (…) de manera que los cien mil restantes puedan, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del Reino, aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos mantecosos y regordetes para una buena mesa.

La propuesta de Swift es práctica. Cada lord podría así disfrutar de un niño como nutritiva alimentación. Cada madre pobre recibiría más dinero por su hijo tornado alimento que conservándolo vivo. El texto continúa señalando la inmensa cantidad de beneficios que la sociedad podría recibir de aceptar su humilde proposición, presentada con naturalidad por Swift, sin dar cuenta en la escritura en ningún momento de lo espeluznante de la idea.

Todo el texto de Swift está realizado con el fin de provocar un efecto: lo macabro que sugiere, lo impensable de organizar la producción de infantes pobres para devorarlos sistemáticamente y así solucionar un problema social, es un tipo de horror equivalente al horror que su sociedad acepta con indiferencia, la injusticia y desigualdad naturalizada, asumida destino común para campesinos y peones por la élite, realidad así retratada por Jonathan Swift: la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de alimentación y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del clima, y la más inevitable probabilidad de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.

Hoy, a más de 280 años del texto de Swift, pareciera que, en términos generales, no somos tan distintos como sociedad. Pareciera normal convivir excluyendo, construir desigualdades aberrantes, lanzar al olvido a 12.000 niños y adolescentes, internándolos en residencias, alejándolos de sus familias, ofreciéndoles futuros borrosos, limitando su esperanza. Ante el horror de niños hostigados por sus pares, abusados y maltratados, asesinados en medio de la noche por otros niños, comerse a los niños del SENAME como solución podría no resultar una propuesta tan descabellada. Y eso es terrible.



[1] http://www.cooperativa.cl/noticias/pais/infancia/proteccion/unicef-e-informe-de-sename-es-mucho-mas-que-denuncias-de-abusos/2013-07-13/095229.html

[2] Servicio Nacional de Menores de Chile

[3] http://www.elciudadano.cl/2013/12/02/100274/exclusivo-motin-al-interior-de-centro-sename-deja-25-ninos-heridos/

[4] http://www.theclinic.cl/2013/12/02/los-gritos-de-auxilio-de-daniel-ballesteros-el-adolescente-que-murio-apunalado-al-interior-del-sename/

[5] Soledad Larraín, encargada del área de protección de UNICEF, afirmó que, si Chile optara por actuar en torno a los temas de infancia “de acuerdo a las directrices de las Naciones Unidas, tendríamos que tener el menor número de niños en residencia y que estén en residencia el menor tiempo posible”. Hacemos todo lo contrario, aquello que debiera ser la última opción racional es la salida más frecuente.

[6] http://www.bcn.cl/carpeta_temas_profundidad/temas_profundidad.2007-04-11.5081711610

Bibliografía:

Una modesta proposición, de Jonathan Swift.

El autor:

Gonzalo Gallardo. Psicólogo educacional y profe. Hay días en que quiero escribir. Los más, me dedico a leer, disfrutar y aprender.

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