María

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Lunes de poesía en Terminal. Seguimos compartiendo la pluma de Manel D. Udando. En esta ocasión, “María”, ilustrado por Boly.

María

Ilustración: Boly | http://bolyarte.blogspot.com/

Soñé que era la virgen María

Pero era yo
No era ella.
Me sentía falsa, impostora.
No era virgen no era madre tampoco
Todos me llaman Alejandra
Pero estos pocos me llaman María
Me adoran y lloran lágrimas cuando los miro
¿Qué espejismo ven en mis ojos?
Me he quedado callada por no embarrarla más
Y ha sido peor: más creen en mí
Ha sucedido que ya empiezo a vestirme de otra forma
A mirar de otra manera
Como creyéndome -a pesar mío
La virgen María.

No he tenido el coraje de decirles que nunca fui católica católica
Tiempo atrás lo fui, pero no como ellos creen

A veces pienso que ellos saben que no es cierto
Y presionan desde detrás de sus miradas para que jamás yo lo diga

A veces pienso que se están burlando de mi
Y quieren ver hasta dónde pueden llegar conmigo

He llorado sola y desesperada
Y entonces
casi me siento de verdad la virgen María

Me hacen daño con su devoción carnívora
Me hacen daño con lenguas hambrientas y ciegas como serpientes
Viscoseándose contra mi piel
Y penetrándome como se penetra a una virgen

He sufrido mucho este último tiempo
Me he ido quedando sola con esto
No me reconozco en el espejo y también la veo a Ella
O -ja- quiero decir:
Veo a esa virgen de la que ellos hablan

Creo que ninguno me escucharía -es lo patético.
No les interesa nada de lo que yo pueda decir
Les interesan mis orejas como dos enormes caracolas para turistas
Les interesa mi vientre abierto receptivo
Mis ojos q callan y escuchen
Les interesa todo lo que sea para ellos
Son egoístas
Son carnívoros
Son humanos
Yo no.
Yo soy distinta
Nunca haría algo así a mis semejantes
Encerrarlos en una pecera
Decoradita y limpia.

Que inmensa y grotesca inocencia

Me he ido quedando sin nadie.
Esa era la gracia de la virgen, supongo
No haber conocido el amor de a dos
No haber sentido la comunión de un orgasmo
No haber codiciado
No haber deseado
No haberse drogado en ningún cariño ajeno
Solo en el pulcro e higiénico amor de Dios
No haber sentido labios en su cuello
No haberse dormido en los brazos de ningún hombre
No haber llorado en los brazos de ningún hombre
No haber fornicado
No haber provocado la caída de ningún hombre
Y peor aun
Aceptar con resignación la muerte de su propio hijo.
Esa es la gracia de la virgen María.

Ahora mi único refugio es el dolor
Es el único espacio que quedo para mi
Después de este carnavaldescarnado de exageraciones
entorno a mí misma.

Me toca sufrir,
Y recrearme en el dolor
Verme bella y triste
Verme en un escenario devastado y sobar con devoción
Los pedazos
Me queda eso, que no es poco
No tiene fin
Es inmenso y morado y tedioso
Es insoportable irrevocable
Impune
Este dolor largo, largo, lento.

Es eterno.
Soy eterna
Me dicen ellos
la eternidad es un abismo
cuando una tropa de alienígenas
te sobajea como si fueses la virgen María.

El autor:

Manel D. Udando | Poeta

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