Testimonio de Lazlo Moussong

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En el “Boletín Bolaño”, el testimonio de Lazlo Moussong, escritor mexicano que en los setentas fuera parte del directorio de revista Plural, plataforma en ese entonces para la poesía infrarrealista de Roberto Bolaño y Mario Santiago. Escribe Montserrat Madariaga Caro.

Testimonio de Lazlo Moussong

Fotografía: Lazlo Moussong - www.jornada.unam.mx

Cuando Roberto Rodríguez Baños me invitó, casi tan pronto como encabezó Plural, se me vino encima una cacerola hirviente de dudas. Yo estaba seguro de que Roberto iba a sacar adelante la sobrevivencia de Plural, debido a su experiencia como periodista, su cautelosa y astuta reflexión sobre las consecuencias de sus decisiones y actos y el hecho de que nada tenía que ver con la mafia de Octavio Paz sino, exactamente al contrario, Roberto llevaba una convicción de izquierda y un espíritu de apertura que consolidaría un nuevo espacio cultural sin mafia.

Podría resumir esa cacerola hirviente de dudas mías, en que íbamos a sustituir a un personaje de fama internacional, independientemente de sus dos principales nefastas características: su agresiva posición de derecha y su destructivo elitismo, patriarca de una mafia exclusiva para favoritos suyos, algunos de gran talento y otros falsos talentos sólo vestidos de cultura, voraces (como siguieron y aún siguen demostrándolo) buscadores de beneficios económicos, poder cultural, acaparadores de empleos cuyo desempeño delegan en subempleados amigos suyos y silenciadores de todos los que no compartieran ese espíritu mafioso.

Octavio Paz y su mafia (salvo excepciones de real talento) han representado, con él vivo y ahora ya fallecido, el clímax de la corrupción mexicana en el medio intelectual y creativo.

Con el cambio, se generó una avalancha de desprecio, negación, odio y boicot a quienes tomaban a su cargo la revista.

Fotografía: Carlos Monsivais - www.bbc.co.uk

Yo, por mi parte, me había retirado del mundo intelectual y creativo porque había visto que sólo se llegaba si se besaba los pies a Octavio Paz y, por otra parte, a Fernando Benítez, así que no veía, para mis escrúpulos, un medio digno en el cual vivir. Cuando empezamos a publicar nuestros primeros textos literarios, en los años ’50, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis y yo, fuimos los más íntimos amigos; las puertas de los dominios de las mafias nos las abrió Elías Nandino en su revista Estaciones, y creó una sección para nosotros y demás jóvenes con calidad que reclutáramos. Empecé a ver cómo Monsiváis y Pacheco empezaron a buscar buena colocación con Paz Benítez, Fuentes y otros, pero me faltó talento y astucia comercial, además de que me enfrenté a la poderosa mafia española que entonces dominaba el mercado editorial de México y cerraba todo acceso a mexicanos de modestos recursos hasta quebrarlos. Puse una librería y publiqué un primer atractivo libro didáctico: Zaplana, el español más poderoso, dueño de varias librerías, me compró dos ejemplares: nada más elocuente… y quebré.

Cuando el cambio en Plural, Pacheco y Monsiváis ya eran devotos de Paz. Lo que me decidió a aceptar la generosa invitación de Roberto fue, en definitiva, haberme convencido de que de ninguna manera iríamos a ‘sustituir’ a Paz, sino a abrir las páginas de la revista a hacerla verdaderamente plural, abrir las puertas de una revista que no era de Paz sino de la cooperativa Excélsior, ya con una circulación nacional e internacional establecida, a abrir las puertas -decía- a tantos talentos que eran negados, inexistentes, arrojados a la Siberia del silencio vigilada por el libertario Octavio Paz. Que íbamos a apoyar a muchos talentos nuevos mexicanos o extranjeros en México, máxime en esos momentos en que recién habían llegado al exilio excelentes escritores del Cono sur.

Fotografía: José Emilio Pacheco - www.revistamilmesetas.com

Reconstruiríamos Plural ajeno totalmente al mal aliento de lo mafioso, del capillismo, y en este espíritu acepté la invitación de Roberto y todos y todo lo que nos llegaba lo leíamos con interés, a veces de conocidos y amigos, a veces, muchas, de desconocidos, para determinar su publicación en Plural con base sólo en la calidad. Yo perdí amigos por esta decisión y otros amigos porque no les acepté textos de mala calidad. Ni modo. Muy al principio el boicot o la desconfianza por nosotros era casi total, y la campaña en contra también, pero empezaron a comprobar la apertura o la orientación contraria a la reacción derechista en la revista y empezaron a llegar. Además, la imagen gráfica pictórica de Plural dejó de ser monopolio ese pintor repetitivo (Kazuya Sakai) experto en trazar franjas de “viaductos” en distintos colores, y las páginas de color las abrimos a una amplia diversidad de pintores mexicanos y extranjeros.

De los primeros escritores que descubrieron que no éramos unos oportunistas y asaltantes sino que abríamos un nuevo y amplio panorama, fueron los infrarrealistas.

A mí me pareció que, al margen de la imagen terrorista que el pacismo había diseminado sobre ellos, manejaban verdaderos valores poéticos novedosos y revolucionarios en el uso que le daban al idioma y a las significaciones poéticas. Bolaño me pareció el intelectual del grupo, pues más que la poesía era el pensamiento, el análisis, el hallazgo de las significaciones, la valoración de anteriores poetas revolucionarios, renovadores, indomables, y que era un joven muy inteligente. Con Bolaño y Mario Santiago, los más asiduos y prometedores, pude hacer amistad, pero no tuvo larga duración pues ellos y yo tomamos más tarde otros rumbos geográficos.

 

 

 

El autor:

Montserrat Madariaga Caro | (Viña del Mar,1982). Periodista freelance. Autora del libro Bolaño Infra: 1975-1977. Los años que inspiraron Los detectives salvajes (RIL, 2010). Vive en Quilpué con su familia: el Picolino, el Bou y Juanjo Sometimes.

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