No hay revolución sin canciones

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Coni Iglesias nos ofrece una reseña al libro “Canción Valiente. 1960-1989 tres décadas de canto social y político en Chile”, de la periodista Marisol García. 

No hay revolución sin canciones

Fotografía: www.radiouchile.cl

En un repleto Teatro Caupolicán, el candidato Salvador Allende agradece a los músicos que trabajan por la llegada de la Unidad Popular al poder. Entre ellos se encuentra Víctor Jara, Isabel y Ángel Parra, Quilapayún y Rolando Alarcón. Ese 28 de abril de 1970, Allende recuerda en su discurso la canción “Al centro de la injustica”, de Violeta Parra. “No hay revolución sin canciones”, afirma, “jamás hubo tantos folcloristas y de tanta calidad. Con nosotros están los más y los mejores”.

Es cierto. Nunca en nuestra historia existió un movimiento musical, como la llamada Nueva Canción Chilena, que se enlazara tan fielmente a la izquierda política para convocar al proyecto de la Unidad Popular. El libro “Canción Valiente”, de la periodista Marisol García, es un esfuerzo conmovedor – y exhaustivo– por conocer estas historias y las de tres décadas de canto social y político en Chile.

No es casual que Salvador Allende citara a Violeta Parra para unir las voces de todos esos músicos, aquel 28 de abril. La chillaneja fue la maestra a seguir, el modelo de ética artística para todos los músicos que conformaron la Nueva Canción Chilena (así lo afirmó el mismo Víctor Jara, su líder innato). Y es que la atrevida Violeta fue un paso más allá en una época en donde la figura del cantautor aun no existía: expuso las injusticias desde canciones testimoniales, pero además tomó posición, exponiendo a los culpables y nombrando a sus cómplices. Toda una novedad.

“Yo no sé enojarme, sé gritar lo que otros callan”, escribiría la Parra a un amigo en 1966. Pero a ella también la acallaron, incluso desde el Partido Comunista. Su hijo, Ángel, recuerda en este libro que en 1964 su madre Violeta, estando en Paris, le pasó un cuaderno con canciones –entre ellas “Arauco tiene una pena”, “Arriba quemando el sol” y “Que vivan los estudiantes” – para que las trajera a Chile y se las entregara al comité político del PC, como ayuda a la campaña de Salvador Allende. La respuesta del partido fue contundente: no las aceptaron por excesivas. Así, su cancionero social, profundamente iluminador,  se conocería lentamente, posterior a su suicidio.

Fotografía: www.cancioneros.cl

Fue en 1969, con la cuarta postulación presidencial de Allende, que los aires de cambio de Violeta se convirtieron en inspiración para los músicos de la Nueva Canción Chilena, quienes confiaban en que su compromiso bastaba para traer resultados políticos concretos. Como la música también tiene épocas de transición (bien lo expone García en cada capítulo) tuvieron que pasar extraños cruces de idearios y géneros, como el neofolclore con la inolvidable canción “Arriba en la Cordillera” de Patricio Manns con la curiosísima colaboración de las voces de los integrantes de Los Cuatro Cuartos y Las Cuatro Brujas. Y luego, otra pasada difícil: la poca credibilidad del rock nacional por su carácter apolítico y de ingenuidad insoportable; recurriendo a covers y cantando en inglés. Ni Los Jaivas se salvaron cuando se les acusaba de poner una resistencia a la “polarización ambiental” con una canción como “Todos juntos”. No era tiempos de ambigüedades, menos cuando una guitarra eléctrica era, para algunos, simplemente un símbolo imperialista.

Fue Víctor Jara, militante atípico del PC y siempre a la vanguardia, quien apoyó los nuevos sonidos e invitó al grupo Los Blops (única banda rock que firmó un tiempo en el sello discográfico de las Juventudes Comunistas, Jota Jota, luego Dicap) a participar de su disco “El derecho de vivir en paz” (1971, Dicap), agregando cuerdas eléctricas y órganos sicodélicos a esta placa emblemática. Por su parte, otros músicos se atrevieron a dejar las siutiquerías, como diría en entrevista una de las íconos de La Nueva Ola, Cecilia “La incomparable”, quien en un sorpresivo salto para la audiencia grabó junto a Valentín Trujillo la versión orquestada de “Plegaria a un labrador”, de Víctor Jara. Ejemplos hay millones.

No es casual que en uno de los debates televisivos previos a la elección presidencial de 1970 no participaran políticos, sino músicos para representar a cada candidato. Al final del programa “A ocho columnas” de canal 9 los artistas Patricio Manns (por Allende), Luis Chino Urquidi (por Alessandri) y Arturo Gatica (por Tomic) remataron cantando. La llegada de Salvador Allende al poder fue celebrada con incontables canciones de esperanza y recordatorios de la responsabilidad colectiva, como “Venceremos” y “El pueblo unido jamás será vencido”, ambos de Sergio Ortega.   Allende anunció la aplicación de un decreto para imponer a las radios un cuarenta por ciento de música chilena, partió el “tren popular de la cultura” por distintas regiones, se nacionalizó el sello RCA, mientras el Partido Comunista creaba la Dicap (Discoteca del Cantar Popular) para resguardar el cancionero político de la época. Cada aniversario del ascenso de la UP tuvo un disco compilatorio para celebrarlo y en 1973 lo acompañó uno anti-allendista para hacerle el peso, “El DesU.Pelote!” grabado por Horacio Saavedra.

Tras el Golpe de Estado, el costo de esta asombrosa riqueza musical es altísimo: prisión,  muerte y destierro. Cuarenta y dos impactos de bala para Víctor Jara en demostración de su crueldad;  ubicando “guitarra y armas casi en igualdad de condiciones”. Mueve el alma leer las  canciones de Quilapayún, Rolando Alarcón, Isabel y Ángel Parra, Patricio Manns, el propio Víctor Jara, Sergio Ortega, Illapu, Inti-Illimani, Mauricio Redoles y tanto otros, trascritas en este libro para descubrir las historias detrás de cada una de sus estrofas. Como diría su autora, resulta irritante que estas canciones mantengan tanta vigencia, cuando en las calles de este país hoy se marcha y se recuerda a sus víctimas, encendiendo velas y entonando las mismas canciones valientes.

Fotografía: Marisol García | www.artv.cl

El autor:

Constanza Iglesias. 32 años, periodista, ex redactora radial.

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