El seductor de informantes

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Hoy es el cumpleaños de Truman Capote, nacido el 30 de septiembre de 1924 como Truman Streckfus Persons. Constanza Iglesias lo recuerda contando la particular relación del escritor con los informantes que le revelaron todos los detalles del brutal asesinato de la familia Clutter, para hacer su obra maestra “A sangre fría”.   

El seductor de informantes

Fotografía: www.venturgalleries.com

Truman Capote visitó pocas veces Kansas, pero logró cuatro mil páginas de anotaciones con las que viajó a Europa para escribir, durante cinco años, su obra maestra “A sangre fría”. Un relato novelado que cuenta la historia del asesinato de la ejemplar familia Clutter (1959), en un pueblito de Kansas y cómo se arrestó en Las Vegas a sus asesinos, Dick Hickock y Perry Smith, de quienes retrató sus vidas hasta que fueron enjuiciados y llevados a la horca. El “reportaje”, que fuera publicado en cuatro entregas en “The New York Times”, se convirtió luego en un libro titulado “A sangre fría”.

Truman Capote, quien se comportaba más como una estrella de Hollywood que como un escritor, acostumbrado a las fiestas neoyorkinas, los viajes por el mundo y la compañía de la elite, decidiría alejarse del horror de Kansas (“no sé si podré aguantar tanto tiempo sin sufrir un colapso. Además es tan atroz que no sé quién va a ser capaz de leerlo”) y decidirá pasar los veranos en la costa española y los inviernos en el pueblo suizo de Verbier hasta finalizar su obra maestra. Fue esta opción la que lo llevó a convertirse en un gran seductor de informantes, a través de cartas muy bien logradas.

Es sorprendente la relación de amistad que de esta forma consiguió con Alvin Dewey, el detective a cargo del caso Clutter y su esposa, Marie. Al revisar el libro de correspondencia privada del escritor, “Truman Capote. Un placer fugaz”, somos testigos de cómo doblega a través de sus cartas al duro Alvin Dewey, llamándolo “Querido Foxy” (astuto) y regalándole botellas de whisky e incluso mandando dinero para que su esposa Marie le comprara un suculento bistec el día de su cumpleaños. Una vez ganada su confianza le envía cartas como esta: “Alvin, ¿te importa si inserto algún que otro demonios o maldita sea en tus diálogos? Es que en algunas escenas pareces más bien un monaguillo”.

Fotografía: www.guywebster.com

De igual forma, conquista a Marie revelándole los secretos de sus amigos de Hollywood, como lo viejo que esta Chaplin para tener un octavo hijo a los setenta y tres años, las penas y alegrías de los Kennedy, cómo el actor Cary Grant solo habla de los complejos vitamínicos que le devolverán la juventud o lo mucho que lamenta la muerte de Marilyn Monroe. Incluso, la cercanía es tal, que hay cartas en donde Marie y Truman deciden las telas de los nuevos muebles de la casa Dewey y otras tantas en que Capote consigue que su amiga, la actriz Jennifer Jones, sea la anfitriona de un paseo de la familia Dewey por los estudios cinematográficos durante sus vacaciones por California. Eso sí, resguardando las impresiones, Capote le pedirá a la actriz: “Si llegas a quedar con ellos [los Dewey] por favor, no les digas nada sarcástico sobre mí. Nunca en la vida había trabajado tanto, pero me va a salir un libro muy bueno”.

A cambio, el escritor recibirá por parte de Alvin y Marie Dewey informes privados sobre el caso Clutter, recortes de prensa, un sinfín de detalles para escribir e, incluso, sugerencias del detective sobre cómo tratar a los jueces. No es casual que después de un año de correspondencia con los Dewey, Capote se referirá a “A sangre fría” como “Nuestro Libro” en las cartas dirigidas  a la pareja. Su amistad, con los eternos años que duró el juicio, se volvió real y profunda. El editor de Capote, William Shawn, al ver que esta familia también se convertían en personajes importantes del libro le escribirá a Truman: “todos esos Dewey, los cinco (incluyendo al gato) ¿son de verdad tan encantadores, amables e inteligentes?”.

Fotografía: www.magnetmagazine,com

Desde Europa, Capote construirá el relato en escenas predeterminadas, dando clases de su habilidad como escritor. Por ejemplo, en una carta a Donald Cullivan, quien compartió celda con el asesino Perry Smith, le pide que describa la escena en que la esposa del sherrif, la señora Meier, les sirva una cena: “lo que necesito es una descripción física detallada de la escena, de lo que les sirvió la señora M, de cómo estaba puesta la mesa, etc. Todas y cada una de las cosas que recuerdes”. Así mismo, sobran las cartas con preguntas del tipo, ¿quién encontró el reloj dentro del zapato de Nancy Clutter?, ¿cómo se llama la secretaria del sherrif?, ¿qué dice la transcripción de las fotos de los imputados?

Es delirante pensar en cómo Truman Capote logró conmover y remover el mundo editorial con un libro escrito a  través de cientos de cartas, a lejanos kilómetros del sitio del suceso. Como diría el propio Capote, estaba la mayor parte del tiempo “mentalmente en Kansas”. Su magistral pluma, llena de emotividad, realismo y suspenso, bastó para hacer de “A sangre fría” un fenómeno del que  emergió un nuevo género, al que bautizó como “novela de no-ficción”; antesala del Nuevo Periodismo norteamericano.

La hazaña tuvo un costo emocional altísimo para Capote, del que se han escrito numerosos artículos, además de algunos documentales y películas. Por supuesto, también hay cartas revelando el infierno al que se sometió durante la escritura del “A sangre fría”. Vale la pena recordar la correspondencia con su ex pareja Newton Arvin, cuando llevaba escasos meses investigando el asesinato de los Clutter, ansioso por resultados: “A veces, cuando pienso en lo bueno que puede llegar a ser, casi me cuesta respirar. Vaya todo este asunto es la experiencia más interesante de mi vida, y sin duda ha cambiado mi vida, ha alterado mi punto de vista sobre casi todo. Esto es una Gran Obra, créeme, y por mucho que fracase, saldré ganando”.

El autor:

Constanza Iglesias. 32 años, periodista, ex redactora radial.

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