Comentarios al mito tolkeniano

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A los 40 años del fallecimiento de Tolkien, Miguel Rodewald comenta su vida y obra para Terminal.

Comentarios al mito tolkeniano

Hoy, 2 de Septiembre, se conmemoran 40 años de la muerte de J.R.R. Tolkien. Su obra maestra, El Señor de los Anillos, no sólo ha sido popular durante medio siglo, sino que ha dado pie a una buena cantidad de adaptaciones en distintos medios (destacándose la trilogía filmada por Peter Jackson) e inspirado a muchos autores a crear trabajos en el género de la fantasía.

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Esta obra, publicada en los años 1954 – 1955, deja un sinfín de temáticas al lector. Una de ellas es la virtud de la vida campestre, en el modelo rural de Inglaterra de fines del siglo XIX, opuesta al vicio de la industrialización de la ciudad. También habla del anonimato al que es sujeto el hombre en ese modelo urbano (Tolkien no se da las mismas molestias para nombrar orcos y trasgos como lo hace con los demás personajes de la Tierra Media). La obra además trabaja el corpóreo de la maldad como la abstracción de la nada, describe ausencia de luz y materia, y la centraliza en tiranos hambrientos de poder, primero Saruman, y luego en el invisible y omnipresente Sauron. Uno de sus logros narrativos es que en ninguno de los tomos que componen la trilogía vemos una sola palabra de diálogo de este villano, solo sabemos de él por los testimonios que dan otros personajes.

Finalmente, hay un mensaje bastante fuerte en el mito tolkeniano: los ricos mueven todo, son clases dirigentes, desde un trasfondo hereditario, los responsables de conducir la historia.

Desarrollemos esto.

El bien es encarnado por los 9 integrantes de la Comunidad del Anillo, representantes de las razas libres: hombres, elfos, enanos y hobbits. ¿Qué tenemos?

  • Aragorn: Hombre, heredero legítimo de los tronos de Arnor y Gondor, vastas extensiones de la Tierra Media, que es donde transcurre esta épica.
  • Boromir: Hombre, hijo y heredero del Senescal de Gondor.
  • Legolas: Elfo, hijo del rey del bosque de Mirkwood.
  • Gimli: Enano, hijo de Gloin, uno de los 12 enanos que recuperan con Bilbo la montaña solitaria, de las garras del dragón Smaug (quedando ricos más allá de cualquier comprensión) en El Hobbit.
  • Frodo: Hobbit, sobrino de Bilbo, quien, tras su aventura en El Hobbit vuelve con un treceavo de las vastas riquezas obtenidas allí.
  • Merry (Meriadoc Brandybuck): Hobbit, integrante de una de las familias aristocráticas de la comarca, el sector rural virtuoso Tolkieniano.
  • Pippin (Peregrin Took), Hobbit, hijo del Thain de la comarca, el líder militar de los Hobbits, quién durante la ausencia del rey, viene a ocupar una jerarquía análoga a un senescal.
  • Gandalf: El líder de la Comunidad del Anillo, un maiar, el equivalente en mitología tolkeniana a un ángel.
  • Sam (Samwise Gamgee) es la notable excepción. Éste es jardinero en la comarca y quien por su curiosidad es parte de la historia: al escuchar a escondidas una conversación que Frodo mantiene con Gandalf, es sorprendido por el hechicero, quien lo hace jurar fidelidad e integra al equipo de Hobbits para el primer objetivo, llegar al Concilio de Rivendel. Posteriormente, entra a la Comunidad del Anillo y es clave en la destrucción del artefacto. Claro, su mérito lo convierte en aristócrata, pues en la resolución de la historia se convierte en heredero de los bienes de Frodo.

Ahora, ¿quién es Tolkien? O, mejor dicho, ¿qué motiva a J.R.R. Tolkien a escribir El Señor de los Anillos?

Hijo de un gerente de banco inglés, John Ronald Reuel Tolkien, nace el 3 de enero de 1892, en Bloemfontein en Sudáfrica. Un examen ligero nos haría pensar que Tolkien siempre perteneció a la clase alta, mas a los 4 años pierde a su padre por la tuberculosis y a los 12 a su madre por la diabetes. Criado por un sacerdote católico de carácter cínico y jovial, quien ridiculizaba a los adoradores fanáticos (cuya influencian discutiremos luego), Tolkien tiene sus encuentros con lenguajes inventados, primero con el Animalic y luego con su propio lenguaje, más complejo, el Nevbosh.

En 1911, Tolkien entra a Oxford a cursar Estudios Clásicos, pero se cambia a Idioma Inglés y Literatura pronto, graduándose, en 1915, con honores de primera clase (alrededor del 10% mejor). Los estudios retrasan su ingreso a la Primera Guerra Mundial. Entra como Teniente en 1916, para experimentar los pavores de la Guerra de Trincheras. Este punto es importante: las condiciones lúgubres de las zanjas y la muerte -que podía venir en cualquier momento- genera en el soldado una camaradería y transversalidad más allá de las clases, hecho no menor en un sistema social tan rígido como el inglés. Tolkien en cartas posteriores manifestó su respeto por “el Tommy” (algo así como el hombre de pueblo inglés).

Su primer trabajo civil fue en el Diccionario de Inglés de Oxford, donde trabajó principalmente en la investigación de la historia y etimología de palabras de origen germánico que empiezan con la letra W. En 1920 empieza a trabajar como profesor de inglés en la Universidad de Leeds. Su especialidad era el poema de Beowulf. Cuentan que para poder suscitar interés en los alumnos en este cantar Tolkien entraba solemnemente a la sala de clases, guardaba silencio y recitaba con gritos de pasión los primeros versos del poema, de la misma forma que lo hubiese hecho un juglar en otros tiempos. En 1925 regresa a Oxford como profesor de anglosajón. Es durante esa época en que escribe El Hobbit.

Tolkien no tenía intención que sus historias llegaran al público. El Hobbit, después de todo, era una historia para sus hijos y un vehículo para poder trabajar con los lenguajes que inventaba como hobby. Fue Susan Dagnall, una empleada de la editorial londinense George Allen & Unwin, quien lo persuade de enviarlo para su publicación. Este libro se pública en 1937. Su éxito hace que la editorial le pida más material para ser publicado. Tolkien envía borradores de El Silmarillion, pero la editorial quiere “más hobbits”. Es ahí cuando empieza a trabajar en “El nuevo Hobbit”, trabajo que evoluciona en El Señor de los Anillos. La construcción de la mitología ficticia de los personajes de La Tierra Media, el escenario donde ocurre la trilogía, genera el enorme conjunto de notas que su hijo Christopher pública póstumamente como El Silmarillion (1977).

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Un elemento fuerte en el mito tolkeniano es como se trata la relación entre criaturas divinas y terrenales. Tolkien era un religioso profundo, pero en un sentido fundamental, no ritual, sin alabanzas ni adoraciones. El mismo lo reconoce: “El Señor de los Anillos es por supuesto un trabajo fundamentalmente religioso y Católico. Inconscientemente al principio, pero conscientemente durante sus revisiones. Por eso es que no he puesto o he eliminado, prácticamente referencia a cualquier cosa como ‘religión’, cultos o prácticas, en este mundo imaginario. Ya que el elemento religioso está absorbido dentro de la historia y el simbolismo”.

Tolkien tenía mucha inspiración germánica, especialmente de literatura, poesía y mitología en inglés antiguo, las cuales eran sus áreas de especialización. Estas fuentes de inspiración incluían obras como BeowulfLas Sagas Nórdicas y Die Nibelungenelied (La canción de los nibelungos), texto del cual se inspiró Wagner para escribir El Anillo de los NIbelungos. Al ser Tolkien consultado sobre las similitudes entre El Señor de los Anillos y la obra de Wagner (1813 – 1883), éste contestaba: “Ambos anillos eran redondos y ahí se acaban las similitudes”. Sin embargo, hay críticos que creen que Tolkien sí tomaba elementos de la ópera, como la idea del anillo que le daba poder absoluto a su dueño. Los debates sobre la originalidad de los elementos en obras que logran trascender son en general discusiones bizantinas.

Lo más impresionante que podemos observar de la obra de Tolkien es el sentido de una expresión artística como proyección de otra actividad. Tenemos a un lingüista, amante de antiguos mitos y lenguajes, que son consecuencia de la existencia de pueblos, creando pueblos, sus usos y mitos como consecuencia de la creación de lenguajes. Es tan fuerte el poder de un lenguaje como concreción de la realidad en nuestros cerebros, que la génesis seria de un lenguaje ficticio termina desembocando en un mundo completo que vive y funciona en el subconsciente colectivo. Recomiendo personalmente al lector examinar el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, de Jorge Luis Borges, para más referencias de mundos ficticios y su interacción con la realidad propia del lector.

El mito tolkeniano toma muchos conceptos y místicas prestados de relatos antiguos, donde el héroe proviene de cuna de oro o nacimiento mágico. La idea popular del héroe que nace del pueblo, y que acostumbramos a consumir actualmente, es un constructo reciente, del siglo XX. Me quedo con lo que dijo John Steinbeck en 1939 en una entrevista de radio:

“Boileau[1] decía que sólo los reyes, dioses y héroes eran sujetos adecuados para la literatura. El escritor sólo puede escribir acerca de lo que admira. En el presente, los reyes no son muy inspiradores, los dioses están de vacaciones y los únicos héroes que quedan son los científicos y los pobres… Y dado que nuestra raza admira la valentía, el escritor la manejará donde la encuentre. Éste lo hace ahora, en el pobre que lucha”.

 


[1] Nicolas Boileau: (1636 – 1711) Poeta y crítico francés. Entra a la Sorbona a estudiar teología y se cambia a leyes. Tras su primer juicio se retira disgustado, al ver la cantidad de mentiras que pasaban por ley y justicia. Al heredar una pequeña fortuna tras la muerte de su padre, se avoca a las letras por tiempo completo. Fue historiador del rey. Boileau reforma la poesía francesa de la época de la misma manera como Blaise Pascal reforma la prosa.

El autor:

Nace en Iquique, crece en San Carlos, vive en Santiago. Trabajó en varios rubros. Ahora pitutea. Cree que las historias no se inventan, sino que los personajes son invocados y nos cuentan que les pasó.

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