Quemando libros

Historias de LecturaPortada

El escritor chileno Vladimir Rivera Órdenes comparte con Terminal su historia de lectura, donde los libros forman un puente entre generaciones. Ilustra Karina Cocq.

Quemando libros

Ilustración: Karina Cocq | @karinacocq | http://monitologia.blogspot.com/ y http://www.karinacocq.com/

Nunca he tenido tele; es decir, he tenido, por momentos, por instantes, pero la mayor parte de mi vida no he tenido tele. Libros sí, y muchos (en realidad pocos, pero para mí los suficientes). Tengo muchos DVD de películas, originales y piratas, pero no tengo donde verlas. A veces las veo en el computador, aunque lo cierto es que me da lata porque el disco suena muchos cuando las lee el lector. Tengo muchas novelas gráficas, clásicos varios ellos: Maus, La Ascensión del Gran Mal, Agujero Negro, un Adiós Especial, el Eternauta, son mi tesoro,  y creo que será lo único que heredaré a mis hijos. Tengo una colección completa de libros de la Quimantú, algunos los dejó mi padre, detenido desaparecido, yo apenas tenía 9 meses. Pero la mayoría de los libros los quemó, olvidó quemar un par de ellos: Jack London, una colección de cuentos de ciencia ficción que se llama “30 días tenía septiembre”, Coloane, Hemingway, Edesio Alvarado y unos cuantos más. Con el tiempo he comprado la colección completa. En las ferias de las pulgas y librerías de libros usados.

Hubo un tiempo cuando era niño que tampoco teníamos luz. Velas,  sí, pero ampolletas no. Escuchábamos radios a pilas: “Doctor Mortis” y la “Bandita de Firulete”. En Parral, mis vecinos tenían tele, pero la verdad es que no nos invitaban a ver. Con mi hermano, inventábamos juegos e historias.  Pero queríamos tele.

En el Parral gris de los 80, con toque de queda y niebla permanente, el niño que yo era leía porque no tenía tele.

Ahora, por decisión, no tengo tele. Prefiero leer. Leo todo. Leo las boletas, los anuncios, la prensa, ensayos, poemas, post de facebook. Todo lo leo, pero al rato lo olvido y cuando escribo, recuerdo un par de cosas, pero la verdad casi siempre olvido todo. Debo tener un principio de Alzheimer o afasia del lenguaje.

Con los años me fui a estudiar pedagogía en castellano en Osorno, la verdad es que ahí leí poco. Me dediqué a vivir. Me fui a la carretera austral, ahí trabajé por 4 años, ahorrando para poder estudiar cine. En Hornopirén leí mucho. Llovía todo el día y todos los días. Apenas llegaba del trabajo, me encerraba a leer.

Después me vine a Santiago. En el trabajo todos ven tele. Siempre comentan las noticias, los programas. Quedo fuera de eso. Nadie entiende que un guionista de tv no tenga tele. Con ironía les respondo que Mozart tampoco tenía piano.

No leo la mente aunque me gustaría, tampoco sé leer las líneas de las manos ni leo el futuro. Pero si pudiera, los leería. Lo que sí, hablo con muertos y con el demonio. Una vez cuando mi abuelo ya había muerto, apareció detrás de mí y me dijo: “trabajarás toda la vida”. Y la verdad, ha sido así. Siempre he sido un obrero y por lo pronto, no veo nada que vaya hacer cambiar esa realidad. Lo del diablo es más complejo, quizás lo explique en otra oportunidad.

Mi mamá siempre fue obrera, trabajaba en una lavandería. Ella se iba a trabajar y yo me quedaba cuidando a mi hermano menor. A veces jugábamos, pero a veces leíamos. El es poeta y también cultiva musgos.   En las noches, los tres leíamos. Hasta el día de hoy mi mamá, quien ve todo el día tele, antes de dormir, lee. Su libro preferido es La Metamorfosis, aunque no lo entendió, pero le dio mucha pena. No quiso leer Peter Hölder porque lo encontró muy cochino.

A Pabla, mi hija, le gusta leer. Toma los libros y da vuelta una a una las páginas. Habla cuando lee, de seguro imagina su propia historia. Cuando llego del trabajo, toma mi mano, me sienta en un sillón y me pasa un libro para que le lea. Se recuesta sobre mí y leemos.

Ella no lo sabe aún, pero tengo un tesoro guardado para ella. Una gran biblioteca, con pocos libros, pero los libros que de seguro nunca olvidará. Quizás cuando lea los libros que leo, comprenderá mis silencios eternos y mis pensamientos difusos. Quizás ahí descubrirá que para mí, la ficción ha sido lo único que me ha permitido soportar esta terrible levedad del ser.

Espero de esta vida sólo tres cosas: no comprar una tele, escribir una novela gráfica y no tener que quemar los libros.

El autor:

Vladimir Rivera Órdenes | (Parral, 1973) escritor y guionista de TV, co-autor de la serie de ciencia ficción cotidiana "Gen Mishima", entre otras (Volver a mí, 12 días, Divino Tesoro, Vida por Vida). Publicó en 2012 el libro "Qué sabe Peter Holder de amor" (Chancacazo Ediciones) | http://educandomutantes.blogspot.com/

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