Clochard V

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El Clochard recorre la ciudad buscando libros y música. En el otoño de su vida, se enlaza con el tono de una época que no fue, y con lo que no fue con su vida. Adriano Mazzei Labanca escribe en Terminal.

Clochard V

Ilustración: Natalia Gallardo

Zumban las balas en la tarde última, según el Poema conjetural de Borges, como los libros por mi cabeza. Así recorro cada fin de semana el Bío-Bío profundo, el marché aux puces, el mercado de las pulgas de la capital, mientras pienso que cada ciudad es una proyección imaginaria de sus habitantes. Este pensamiento del mentado Borges me lleva a otra meditación en el puesto de libros del Rufián melancólico, como se denomina en su e-mail el monarca  de los libreros de la feria, ubicado  dentro de los galpones laberínticos. El librero que vende sus libros de acuerdo a los conocimientos y la cara de quien pregunta por ellos. Selecciona por la expresión del comprador, les niega amablemente los títulos a los engrupidos y les rebaja  el precio a los de modestos  conocimientos literarios. Allí, siendo objeto de su erudición en discos de jazz y música clásica, que llega  a niveles inverosímiles, pienso en el modo de  vida actual, eso que Johan Huizinga, el brillante historiador y ensayista holandés, llama en su espléndido libro El otoño de la Edad Media, el tono de la vida, asegurándonos que si bien en esa época había, como en todas, un deseo vehemente de estrujar las horas para las tareas del cuerpo y del placer, a la par que un sentimiento milenarista y apocalíptico, toda esa esfera del modus vivendi la rodeaba la nostalgia de aquello que nunca pudo ser, todo lo que la época y quienes contribuyeron a hacerla con sus vidas no pudieron construir. En suma, lo que aparece escrito en El aire y los sueños,  el ensayo del mismo título de Gastón Bachelard; El alma romántica y el sueño, en el estudio del mismo título de Albert Béguin; El día puro, alegre y libre que pedía Fray Luis en su Oda a la vida retirada, para alejarse de los hollines y venganzas del mundo cortesano, del poder, de los apetitos sin destino y sin fondo.

Esos libros compro en su puesto que abre algunas semanas con títulos hipnóticos y seductores. Trato de no aparecer como engrupido para que me rebaje el total. Mi demostración de prudencia es recompensada y me regala la edición europea de un disco de Miles Davis que, extrañamente, no tengo. Se trata de Sketches of Spain, Antes de seguir mi ruta me habla, alucinado, de la grabación, hecha poco después de  inmortalizar los surcos de un vinilo con Kind of Blue, en 1959. Tras pasar al Santa Isabel del barrio Franklin y contestar lo de siempre a la consabida pregunta: -¿Acumula puntos?, -No, acumulo sólo libros viejos y amores fracasados-, reviso los volúmenes mientras escucho el CD y siento que la trompeta de Miles esparce por mi habitación de clochard el aire de todo aquello que nuestra época no ha podido ser.

El autor:

Adriano Mazzei Labanca | domicilio desconocido

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