“El maestro y las magas”, de Alejandro Jodorowsky

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El hijo pródigo de Tocopilla en Terminal. No es Alexis, sino Alejandro.  El cineasta, guionista de cómics, tarotista, psicomago y escritor Alejandro Jodorowsky. Constanza Iglesias reseña el libro “El maestro y las magas”.

“El maestro y las magas”, de Alejandro Jodorowsky

Fotografía: www.amazon.com

Todos contamos con alguien que se instaló en nuestras vidas para tutelarnos en la búsqueda de identidad. Pero pocos humanos tenemos en mente deseos tan sublimes –o soberbios– como alcanzar la Iluminación, y muchos menos aún, consiguen que sus guías sean literalmente maestros y magas.

Para iluminarse, el joven Jodorowsky en su libro autobiográfico “El maestro y las magas” se someterá a los flagelos de un maestro zen, el japonés Ejo Takata, quien a su vez luchará por domesticar el ego de su intelectual discípulo, en un pagano y excéntrico México. ¿Hacer o no hacer?, ¿obedecer al intelecto o la intuición?, ¿confiar en los demás o en mí mismo? La respuesta está en los koans.

Un koan es una pregunta que el maestro zen plantea al discípulo. Para llegar a la respuesta (que puede tardar años en revelarse) el discípulo pasa por un cataclismo mental con dirección al vacío, penetrando finalmente en la esencia de su naturaleza. Suena bellísimo, pero lo curioso es que el enigma siempre es una absurdo: el maestro aplaude y pregunta “este es el sonido de dos manos, ¿cuál es el sonido de una mano?”. Cuando Ejo Takata sacó a patadas a un chistosito alumno que memorizó un libro de koans, sus discípulos (incluido Jodorowsky) comprendieron que si la respuesta de un koan los dejaba igual que antes, entonces no se había resuelto nada.

Hasta aquí, el lector podría creer que “El maestro y las magas” es un libro sobre un iniciado monje zen. Pero prontamente sus páginas se alejan del olor a incienso para ponerse más viscosas y terrenales. Será el propio maestro Takata, preocupado porque su discípulo quiere liberarse de los conceptos pero peligrosamente también de los sentimientos, quien lo alentará a alejarse del monasterio, penetrando en la sabiduría femenina.

Fotografía: www.jodorowsky.be

Como “la perfección es mente vacía y corazón lleno”, el monje guiará al tocopillano hacia mujeres extraordinarias que, más que convertirlo en un iluminado, lograrán engendrar al artista. Será la pintora surrealista Leonora Carrigton la que ofreciéndole a Jodorowsky devorarse el uno al otro a la usanza mexicana, es decir comiendo unos cráneos de azúcar rotulados con sus nombres como en el Día de los Muertos, la que se convertirá en la Gran Madre para otorgar al hombre, la mujer interior de la que carecía (“para que el mundo nos pertenezca debemos pensar que nos desea”).

La actriz Irma Serrano, la Tigresa, con su belleza artificial atribuida a un pacto diabólico, hembra seductora y estratega infalible, le enseñará la magia de la ilusión fuera y sobre las tablas. Mientras tanto, el camino corporal –compuesto por la atención hacia los huesos, el sexo, los músculos, la vestimenta y la sombra– será ofrecido por Doña Magdalena a través del masaje iniciático y su sabiduría para entrar en la carne y conocer la humildad. Finalmente, Reina D’Assia, hija del ocultista ruso G.I Gurdjieff, le enseñará ejercicios para los amantes, revelando las habilidades eróticas de su vagina viva, capaz de realizar todos los movimientos que hace la lengua.

¿Y Ejo Takata? Nunca se ha ido. En cada relato, el discípulo que siempre se mete en problemas, vuelve donde su maestro para buscar respuestas a través de un koan. Por supuesto, esta relación también cambiará. No solo recibe bastonazos el discípulo, sino también el maestro que se enfrenta a su difícil infancia, a la búsqueda del amor y a un nuevo destino. ¿Quién es el maestro y quién el discípulo? No importa. Ambos “son en realidad dos símbolos de un proceso interior”, cuando descubrimos las respuestas finales de un koan que convertirá a Jodorowsky en un maestro.

Si el maestro tiene defectos, no hay de qué preocuparse. “Si eres sabio, sabrás extraer lo que hay de bueno en él. Cuando tienes que atravesar un rio, aunque la barca está pintada de un feo color, agradeces que te lleve hasta la otra orilla”. De seguro, el lector agradecerá el viaje, especialmente en la sección final cuando los koans se aplican a dilemas cotidianos.

El autor:

Constanza Iglesias. 32 años, periodista, ex redactora radial.

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