Un asunto de sobrevivencia

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En nuestras “Historias de lectura”, buscamos conocer, de primera mano, caminos de encuentro con los libros. Cristián Iturriaga nos cuenta cómo ha construido y salvado en su vida el gusto por la lectura. Ilustra Consuelo Tardones.

Un asunto de sobreviviencia

Ilustración: Consuelo Tardones | http://www.flickr.com/photos/bachaca/

Tenía miedo de matarla. Así que no lo hice. Ya eran muchas las advertencias que me habían dado al respecto. Decidí no entrar a estudiar literatura. Y es que mi gusto por la lectura apenas había sobrevivido al colegio. Teníamos que salir a flote a pesar de las lecturas del currículum nacional, a la selección de la profesora, a las lecturas moralistas. El único libro que recuerdo con amor fue La Última Niebla de la Bombal. La suavidad de sus párrafos y la potencia de sus imágenes fueron mi referente desde entonces.

Pero con mis mejores amigas nos defendíamos. Nuestras trincheras estaban en los libros de la feria por allá en Iquique. Era un juego de pasarse libros de mano en mano como contrabando, de devorarlos en conjunto. No los comentábamos tanto, pero sí los vivíamos. Queríamos ser los personajes de nuestros libros. Ser más adolescentes de lo que ya éramos. Lecturas que comenzaron con la crudeza descriptiva de Fuguet, las reflexiones disidentes de Hesse y el coqueto neobarroco callejeado de Lemebel.

Desde entonces y en adelante, leer fue una actividad periférica. Aprovechaba los fines de semestre para escapar del colapso nervioso refugiándome en algún libro de la biblioteca de la universidad. O, los fines de semana largo, leía con mucha rapidez alguna novela. Sabía que tenía poco tiempo para que los deberes académicos me invadieran otra vez. Era una pequeña desobediencia.

Luego conocí a Moda y Pueblo. En este taller de poesía, la lectura se volvió un acto incendiario. Una invitación junto a Diego Ramírez y el resto de los chicos y chicas dentro de la Carnicería Punk, nuestro escondite para leer, escribir y confeccionar libros a fotocopia y corchete. Entonces, vino la Malú Urriola, la Diamela Eltit, Raúl Zurita, Stella Díaz Varín, Sarah Kane, Andrés Caicedo, Gladys González, Courtney Love, PJ Harvey, Boy George, las fiestas en nombre de Baudelaire o José Donoso. Nunca leí con tanta pasión como lo hago ahora. La lectura es un asunto de sobrevivencia, si me preguntan.

Y así aprendí que literatura no es un estante en el centro de Santiago, literatura es un rayado en el baño, es una canción ochentera, un estado Facebook, una reseña de discos, un concierto de rock, una fiesta en la disco; que da lo mismo leer un libro empastado o corcheteado, que se puede leer poesía en novelas, diarios, enciclopedias, libros teóricos o folletines por igual.

La literatura tiene que desandar sus pasos. La literatura no necesita un altar, requiere lo contrario. La literatura es una historia de amor y resistencia. La literatura es más grande que la literatura. La literatura está escrita de tantas formas como la vida.

El autor:

Cristián Iturriaga | Psicólogo educacional. Publicaciones pequeñas en antologías y reseñas de discos. Tengo un lápiz que uso para escribir y para hacerle un cejillo a mi guitarra.

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