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Mad Men: cómo John Cheever lo vio –y vivió- todo

El 18 de junio de 1982 murió uno de los más grandes escritores norteamericanos: John Cheever. Hoy recordamos cómo los reflejos de su obra brillan hoy a través de la serie de televisión Mad Men. 

 Mad Men: cómo John Cheever lo vio –y vivió-  todo

Fotografía: www.laperiodicarevisiondominical.wordpress.com

Son los años 60 en Estados Unidos. Los exitosos profesionales viven feliz y acomodadamente en los suburbios, donde todas las mañana dejan a sus familias para desplazarse a la ciudad. Don Draper, líder creativo de una agencia de publicidad, es uno de ellos. En apariencia, su existencia es perfecta: una bella esposa, hijos sanos, dinero. Sin embargo, su vida de maqueta oculta algo, y sintonizando Mad Men -para muchos es la mejor serie dramática al aire- podemos acercarnos, semana a semana, a conocer su misterio. Ahora, si queremos conocer intrínsecamente la psiquis de los personajes de esta serie situada en la postguerra, espiar sus casas y asistir a sus fiestas, viendo desde una ventana como se traicionan por la noche y a la mañana siguiente caminan bajo el sol, con renovada esperanza,  la misión es sólo una: leer los libros de John Cheever.

Fotografía: www.eblog.com.ar

El escritor nació en Quincy, Massachusetts, (27 de mayo 1912 – 18 de junio 1982) y se inició en la literatura a los 17 años, después de ser expulsado del colegio y escribir un relato autobiográfico de esta experiencia: “Expelled”. Desde ese momento, el norteamericano se abocó a la escritura de cuentos, que fueron poco a poco publicados en diversas revistas literarias, llegando al renombrado New Yorker, donde sus ficciones encontraron respaldo y difusión. La obra de Cheever es esencial para comprender la literatura norteamericana del siglo pasado, principalmente, porque explora a la clase media norteamericana, en los albores del capitalismo moderno.

En sus Diarios, el escritor escribió: “No nací en una verdadera clase social, y desde muy pronto tomé la decisión de infiltrarme en la clase media como un espía para poder atacar desde una posición ventajosa, sólo que a veces me parece que he olvidado mi misión y tomo mis disfraces demasiado en serio”. Porque Cheever vivió en los escenarios sobre los que escribió, llevando una vida aparentemente perfecta (se casó a los 29 años con Mary Winternitz, con quien tuvo tres hijos), camuflando su homosexualidad y desgastándose en un alcoholismo que lo refugió de su compungida existencia. Sin embargo,  en su novela Falconer,  redime por primera vez su complejo mundo interior. En la novela, el protagonista, Ezekiel Farragut -profesor casado, culto, bisexual y adicto a las drogas que es encarcelado por matar a su hermano- se enfrenta al padecimiento del síndrome de abstinencia, hurgando en su alma hasta rescatar la humanidad que en él aún vive.

La prosa realista de John Cheever describe con exactitud la sociedad que habitó, logrando hacernos sentir que todo está ocurriendo ahora, en frente a nuestros ojos. Pero más allá de su magnífica representación de los espacios físicos, es en los psicológicos con los que logra conmover, mostrando un profundo conocimiento de los individuos, desnudándolos siempre, y salvándolos, a veces. Quizá por eso, por la fuerza y brutalidad del “universo Cheever” es que los creadores de Mad Men, se inspiraron en él para levantar su propia trama. Tanto así, que  los Draper viven en Ossining, una localidad afuera de Nueva York, donde el escritor vivió los últimos 20 años de su vida y escenario de muchos de sus cuentos.

Blake Bailey, biógrafo y autor de Cheever: A life, señaló que el tema principal del la literatura de Cheever es que en medio de la felicidad y obligatoria prosperidad de los suburbios norteamericanos de los años 50 y 60, hay, en realidad, desesperación y angustia.  O lo que es lo mismo: las cosas no son lo que parecen. Así, Don Draper en Mad Men se sitúa en un puente a punto de caerse, ese que une la alegría aparente de la vida y la desesperación que existe debajo de la ilusión.

Ante el desasosiego, la mentira y la tristeza, se levanta la ficción, para Cheever, la única vía de redención. Él opinaba que en el mundo había una fealdad inevitable y la belleza había que buscarla en la literatura o en un vaso de whisky.  O en la series de televisión, ¿no?

Fotografía: www.thetalkiespodcast.com

 

 

 

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