García Lorca y los libros como necesidad del espíritu humano

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Federico García Lorca nació el 5 de junio de 1898, en el pueblo de Fuente Vaqueros, Granada. Ahí dio inicio a su carrera literaria. Hoy le recordamos conociendo su visión sobre el rol de los libros, y el sentido de trabajar pensando en la humanidad del futuro. 

García Lorca y los libros como necesidad del espíritu humano

Fotografía: www.vavel.com

Federico García Lorca vivió sólo 38 años. Su paso por el mundo fue breve e inmensamente prolífico. Su muerte violenta no fue capaz de silenciar su obra, ni sus ideas. En su vida escribió poesía y dramaturgia, y fue un activo defensor de la libertad, la igualdad y lo que entendió como causa común de la humanidad a través de la historia: avanzar por las ideas y su difusión a través de los libros y la cultura hacia una sociedad justa. Su visión llega a nosotros hoy, gracias a que era muy consciente de la importancia de la palabra escrita.

En Septiembre de 1931, el poeta fue invitado a la inauguración de la primera biblioteca de su pueblo. Volvía el hijo pródigo a sus calles, a encontrarse con los rostros conocidos de amigos y cercanos de Fuente Vaqueros. Invitado a tomar la palabra, prefirió leer a dar un discurso. Sabía bien que, leyendo, “la expresión es mucho más duradera porque queda escrita y mucho más firme puesto que puede servir de enseñanza a las gentes que no oyen o no están presentes aquí” (2005, p.23).

Casa natal de Federico García Lorca - Fotografía: www.turismoactual.net

Hoy seremos nosotros los que leeremos sus palabras, los que aprenderemos de la perspectiva de García Lorca acerca de la importancia de los libros y la promoción de su uso, a través de algunos extractos de lo que allí leyó:

“No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz” (p.28-29).

Fotografía: www.trianarts.com

Emociona leer las palabras del poeta dirigidas a los habitantes de su pueblo con quienes había crecido, quienes habían aprendido junto a él y en distintas generaciones por medio de la madre de García Lorca, maestra de escuela en Fuente Vaqueros.

Estas palabras ofrecidas a su pueblo son también para la humanidad, valen tanto en la España de la República como para los tiempos actuales y describen el ideario del escritor, su certeza acerca de la motivación final que podría tener lo inmensamente breve de una vida humana, enmarcada en ese océano que es la humanidad y su historia en desarrollo: “es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida” (p.46).

Así como en la poesía de Miguel Hernández o en los versos cantados de Víctor Jara,  en las palabras de García Lorca se puede ver un ánimo de trascendencia, la esperanza puesta en la difusión de las ideas como artefactos que crean espacios para soñar otra humanidad, otro orden de cosas, imposible de ser derrotado por la fuerza de la agresión o la muerte. En los libros, objetos construidos con esfuerzo, sangre y paciencia a lo largo de la historia de la humanidad, primero rudimentarios y escasos y cada vez más masivos y disponibles, se encontraría el medio perfecto de la trascendencia. Para el poeta, “contra el libro no valen persecuciones. Ni los ejércitos, ni el oro, ni las llamas pueden contra ellos; porque podéis hacer desaparecer una obra, pero no podéis cortar las cabezas que han aprendido de ella porque son miles, y si son pocas, ignoráis dónde están. Los libros han sido perseguidos por toda clase de Estados por toda clase de religiones, pero eso no significa nada en comparación de lo que han sido amados “ (p.42-43).

Estatua de Federico García Lorca en Madrid | Fotografía: www.panoramio.com

La literatura es un camino de entrada para que cada quién pueda crear una relación de amor con los libros, y con las ideas que en ellos se encuentran. Abrir las puertas del mundo literario es una tarea que nos convoca a todos. Cuidar y defender las bibliotecas públicas y construir espacios de promoción de la lectura, donde junto a otros aprendamos a leer -sin importar la edad de llegada ni el origen social- son vías de acción para esta invitación universal que, desde la plaza de Fuente Vaqueros, hoy nos propone Federico García Lorca.

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Referencias: 

García Lorca, F. (2005). Mi pueblo. Rivas-Vaciamadrid: Kliczowski. 

Fundación Federico García Lorca: http://www.garcia-lorca.org/Home/Idioma.aspx

El autor:

Gonzalo Gallardo. Psicólogo educacional y profe. Hay días en que quiero escribir. Los más, me dedico a leer, disfrutar y aprender.

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