El primer libro nunca se olvida

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Hoy conocemos la historia de lectura de Romina Campusano, ilustrada por Cristina Pacheco. Un libro oculto en la mochila abre un mundo que el tiempo no borra. 

El primer libro nunca se olvida

Ilustración: Cristina Pacheco

Me veo aburrida las primeras clases cuando mis compañeros comenzaban a leer, recuerdo la impaciencia de escucharlos leer, letra por letra, una sola palabra. Eran los inicios de primero básico y yo ya leía; mi mamá se había encargado de enseñarme el año anterior, con ayuda del silabario.

En un momento le comenté a mi mamá que me aburría demasiado, pero, como era una niña tranquila, nunca hice desorden para entretenerme. Solo dejaba que mi mente vagara en otras cosas: monitos animados y juegos, seguramente. Al otro día de esa conversación con mi madre, me encontré con una sorpresa en mi mochila: “Papelucho Perdido” de Marcela Paz. Miré para todos lados y cuando me aseguré que nadie me veía, lo saqué y lo puse en la rejilla debajo del banco. Lo abrí con la adrenalina que generaba cualquier travesura. Y entonces, comencé a leer mi primer libro, a escondidas, en clases, mientras mis compañeros aprendían las letras.

Pasaron unos días así, no sé muy bien cuantos, pero como dicen por ahí “todo se sabe en este mundo” y la profesora me pilló. La tía Sole me quitó el libro, pensando que lo llevaba de agrandada. Yo, sumida en mi timidez y vergüenza de ser atrapada con las manos en la masa, no fui capaz de decirle que leía de corrido, de hecho creo que no fui capaz de decirle nada. Así que mandó a llamar a mi mamá. Lo peor de todo, es que me quitó el libro hasta que llegara mi apoderado.

Mi libro, mi primer libro. Antes solo había leído las Tv Grama y Miss 17 que compraba mi hermana, nunca un libro. Y ahí estaba Papelucho, perdido en el escritorio dela Tía Sole. Me imaginaba entonces a Papelucho, la Ji y Mena (la vaca) pidiéndome que los rescatara, mientras yo solo podía decirles que teníamos que esperar a mi mamá.

Y mi mamá llegó, habló con la Tía Sole y el libro volvió a mis manos, con el único encargo de que ayudara a mis compañeros. Ayudé a mis compañeros, sin desesperarme tanto por la lentitud con la que leían. Después, ya no me quedaba mucho tiempo para leer en clases, pero todo ese año, Papelucho también fue mi compañero, primero perdido y luego historiador.

En mi caso, cada libro que he leído me ha gustado, ya sea por algún personaje, una historia secundaria o, incluso,  alguna frase. Aunque con pocos me recuerdo a mí misma leyéndolos, y, sobre todo, ninguno recuerdo mejor ni con más cariño que el primero.

El autor:

Relacionadora Pública, Magister en Comunicación Política. Adicta al chocolate blanco y las almendras. Creativa incomprendida. Sus sueños no la dejan dormir.

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