Librería Tesauro

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Conocimos la “Librería Tesauro”, dedicada exclusivamente a literatura infantil y juvenil. El diseño de los estantes, los detalles para estacionar coches o sus mesas para niños dan cuenta de su énfasis. Hablamos con Oscar Bravo, uno de sus gestores, entrevistado por Matías Montenegro. 

Librería Tesauro

Fotografía: Matías Montenegro

¿Cómo nace la idea de instalar la librería Tesauro?

La librería se llama Tesauro –a mi socia Alejandra Silva se le ocurrió el nombre con una amiga- porque viene de la palabra tesaurus, que en latín significa tesoro. Se llama el tesauro al gran árbol que reúne muchos libros. Por ejemplo, la Biblioteca Nacional es un tesauro. Nos gustó esa idea: formar un árbol que generara frutos nuevos. Por eso nuestro distintivo es una “T” con una nube arriba que simboliza este árbol.

Este proyecto nace como una necesidad de trabajo y de amor propio. Con Alejandra Silva, que es mi socia, habíamos tenido una buena experiencia trabajando a través del Fondo de Cultura Económica con el Catálogo Infantil, lo que nos dio señales de que los buenos libros de literatura infantil y juvenil estaban teniendo poco acceso al mundo interesado como profesores, promotores de la lectura, ilustradores, diseñadores. Ahí empezamos a buscar cómo acercar e integrar en un lugar propio, distinto y único, una librería especializada en buena literatura infantil y juvenil. Conjugamos un lugar en que académicos, ilustradoras y autores puedan pasearse libremente. Siempre pensamos la librería no sólo como una librería sino que como un centro de reunión.

Yo diría que hace 2 años que la literatura infantil está en una curva accedente. Hay un reconocimiento reciente a autores nacionales y extranjeros que va en alza.

Reconocemos que los libros de literatura infantil y juvenil no son baratos, en gran parte por su factura y confección, además de su tiraje limitado. El libro pasa a ser un objeto de valor y, por otra parte, un libro de tapa dura te puede durar hasta generaciones. Esa es la base de cómo llegamos a ver Tesauro Ediciones.

Nos constituimos en julio del 2012 y hace 4 meses nos asentamos en este lugar. Queremos tener un proyecto sólido antes de pensar en proyectarnos más.

Fotografía: Matías Montenegro

¿Qué sientes cuando alguien entra a tu librería?

Nuestra librería es chica, pero fue siempre pensada –desde el diseño y la altura de los muebles hasta los coches de guaguas- para recibir a niñas y niños. Para nosotros son importantes esos detalles.

Creo que cuando alguien entra siente un ambiente muy grato. Alejandra es mujer y ella conecta muy bien con las madres que entran a la librería y buscan algo especial para sus hijos.

Por mi parte, soy padre y diseñador gráfico. La imagen es importante en mi vida y si alguien se siente un poco mareado o perdido con el material que aquí se presenta, utilizamos nuestra experiencia trabajando en diferentes editoriales para ayudar a ser parte de “esa búsqueda” del material que prefiera.

Cuando entra alguien acá, nosotros pasamos a ser como su pequeña sombra, le preguntamos para saber qué le interesa. Queremos que cuando la persona escoja un libro para llevárselo, sea el libro que vino a buscar, el mejor libro.

¿Cuáles son los libros de tu librería que recomendarías?

Chuta, difícil pregunta. Obviamente, uno tiene también unos libros favoritos. La verdad yo me enamoré de un libro llamado “El Papá Tatuado”. Me identifica porque me gustan los tatuajes, tengo poquitos, no como el personaje que está lleno de tatuajes, pero creo que su historia y gráficamente me gusta mucho.

También hay ciertos autores que son consagrados, como son Rebeca Yotremen y el humor único y el juego de emociones de Oliver Jeffers.

¿Y en verdad has leído todos los libros de la librería?

O sea, he leído la mayoría de los libros de aquí, pero efectivamente hay algunos que no he leído. Yo creo que se da algo un poco increíble y difícil de explicar, pero los libros tienen algo de magia: hay veces que la vista o la mano a un libro específico y ese libro es muy cercano a lo que la persona anda buscando.

A veces uno comienza a mostrar los libros por carpetas, por colección o por ilustrador. Uno está aquí todo el día sacando  libros u ordenando, lo que lo convierte a uno en un bibliotecario. Los clientes empiezan a saber dónde están los libros, cuáles nuevas colecciones no han llegado, etc.

Nosotros creemos que sabemos harto, pero la verdad es que son cientos de editoriales afuera y lo que llega es muy poco. Nuestro ejercicio es tratar de traer lo que más se pueda.

En general, llegan pocos libros infantiles desde afuera porque las editoriales le venden casi exclusivamente al Ministerio de Educación, por lo que muchas veces si el Ministerio no toma en consideración algunos títulos, el sello editorial hasta podría desaparecer. Por eso estamos recuperando muchos títulos que son conocidos pero que ahora ya no están.

¿Cómo ves el panorama de las librerías en nuestro país?

Nosotros entendemos nuestro rol de libreros como promotores, como un medio de comunicación entre los lectores y los libros. Esta librería, por ejemplo, no podría estar atendida por alguien que no sepa de libros.

Las librerías tenemos que realizar un aporte cultural, tenemos que identificarnos con esa función al igual que bibliotecas.

Lo que uno ve es que en Chile las ferias de libros con el tiempo tienen un concepto muy similar a los supermercados o a las ferias de frutas o de antigüedades. Aunque hay esfuerzos por realizar cambios al modelo de ferias-centradas-en-la venta, ese no puede ser el único motivo. En Argentina y en otros países, hay acciones culturales dentro y fuera de las ferias. Toda la ciudad se proyecta en torno a esto; eso es cultura. Las personas “viven una obra” y luego se ilusionan con ir a buscar una obra de teatro, un libro. Una feria de libros no es ir entre algodones de azúcar y villancicos.

Fotografía: Matías Montenegro

Nuestra percepción es que, más allá del acceso o no al libro, hay una falta de socialización temprana de promoción de la lectura. Como, para decirlo en términos gruesos, que al chileno, en general, no le gusta tanto leer, no es un hábito. 

Yo creo que hay reconocer que en los últimos años se han realizado importantes avances, tanto en las bibliotecas públicas como en los jardines infantiles, tanto de Integra como Junji. Ya instalar una biblioteca donde nunca hubo, es un buen punto de partida.

Aún así hay ciudades en Chile, como Chillán, donde no hay una sola librería. ¡Y eso que el Premio Nacional Gonzalo Rojas vivía ahí!

Ahora, reconociendo eso, es cierto que ese fuerte empuje no sigue su curso para adelante. Lo que ocurre es que en muchos colegios la propuesta que existe de lectura complementaria son lecturas inadecuadas, que leí yo en el colegio. Hoy es un desafío para nosotros, y también para las bibliotecas, saber que los chicos están leyendo en otros códigos literarios y visuales que hace cinco años atrás. ¿Los niños de hoy quieren leer Papelucho o la Caperucita Roja?

Por ejemplo, los padres que vienen para acá no saben qué libro llevarle a su hijo y finalmente deciden venir para acá con ellos. Al final la lectura se resume en eso: en escoger uno que es lo que quiere leer, sea uno chico hasta que nos falte un día parar irnos al otro lado.

¿Volverías a trabajar en una librería sin ser tú el jefe?

No, definitivamente no volvería a trabajar en una librería, porque soy bien testarudo. Especialmente porque nos interesa marcar la diferencia. Llevo 30 años trabajando como independiente, aunque trabajé 6 años contratado en una editorial (pero era casi como mi empresa porque tuve la suerte que me nombraron Gerente General). Yo nací para ser independiente, aunque es lo que más cuesta porque es un carrusel.

En el futuro a mediano plazo pensamos tener nuestro propio plan editorial, especialmente libros infantiles para algún tipo de discapacidades. Podemos aportar ahí y complementar, por ejemplo, las bibliotecas de ciegos actualmente existentes.

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Librería Tesauro

Santa Magdalena 41 local 6, Providencia.

Fono: 23354073

hola@tesauro.cl

 www.tesauro.cl

El autor:

Matías Montenegro. Leo un poco y escribo menos que poco. Antes quería ser profesor de castellano, estudié psicología y hoy intento colaborar con que construyamos un país más justo. Se supone que soy el computín de Terminal.

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