Una conversación infinita

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¿Qué mejor manera de celebrar el día del libro que recomendando una buena lectura? María José Navia eligió recomendar a James Salter, creador de obras que se leen de punta a cabo con intensidad, con ganas de avanzar y no cerrar nunca el libro.

Una conversación infinita

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Para mí, este año, el Día del Libro es realmente el Día de James Salter. Ha sido la mejor sorpresa y, desde que supe de su existencia, me he estado leyendo, uno a uno, todos sus libros.

Light Years, traducido como Años Luz, es su novela más conocida y, verdaderamente, debería estar en el centro de toda librería, bajo un haz luminoso. Para que fuera imposible no correr a ella, no hojearla, leer un par de líneas, y enamorarse para siempre.

Es una novela terrible, no me malentiendan, el enamoramiento es con la forma de escribir de Salter, una escritura precisa, limpia, llena, también, de luz, en la cual no sobra ningún adjetivo (porque hay bastante pocos), los personajes se van delineando con una sutileza avasalladora y las reflexiones acerca de la vida se van hundiendo lenta, pero implacablemente, sobre el corazón.

Salter dice: “Lo que nos salva es siempre un accidente. Alguien a quien nunca hemos visto”, y el mundo se detiene.

Light Years, en inglés, puede leerse como “años livianos” o “años luz”, un juego que se pierde en la traducción al español, y así cuenta la historia de una pareja y sus muchas ramificaciones (en hijos, amigos, parientes, amantes), una historia que parece liviana (llena de fiestas, de cenas, de invitaciones) pero que golpea inmisericordemente. Una historia donde vemos cómo esos años livianos, esa ligereza en la existencia, esas decisiones tomadas casi sin querer pero que impactan todo y a todos, al final se van, se esfuman, verdaderamente, a la velocidad de la luz.

“Una de las últimas grandes revelaciones, es que la vida no será lo que soñabas”, reflexiona el narrador a partir de un personaje. No hay lugar para la inocencia en las historias de Salter, es una realidad cruda, brutalmente honesta y desnuda que se agradece, que deslumbra.

Hace veinte días que circula por Estados Unidos la última novela de Salter. Se llama All that is y es Tremenda. Nuevamente la atención está centrada en relaciones de pareja, en matrimonios en lenta decadencia o en los que se va filtrando de a poquito el infortunio, en familias que se van desarmando paulatinamente pero, por sobre todo, en una desesperación por vivir, por sentir, por amar, que conmueve.

La novela comienza con un pequeño párrafo que anuncia: “There comes a time when you realize that everything is a dream, and only those things preserved in writing have any possibility of being real” (Llega un momento en la vida en que te das cuentas de que todo es un sueño, y sólo aquellas cosas preservadas por escrito tienen alguna posibilidad de ser reales). Y de ahí en más, la experiencia es perfecta.

Fotografía: Chester Higgins | The New York Times

Salter escribe en pinceladas precisas. En All That is, luego de un momento de quiebre, casi invisible, en una pareja, el narrador comenta al terminar el capítulo: “The same couple, the same bed, yet now not the same” (La misma pareja, la misma cama, aunque ya no los mismos)

Salter no describe mucho a sus personajes, se los ofrece al lector “de a oídas”, vale decir, sus textos se componen de infinitos diálogos en los que se van deshojando de a poco, mostrando cada vez más de sí mismos, revelando sus misterios. Como lectores, da la sensación de formar parte de una conversación infinita, deliciosa, que hay que ir dosificando, leyendo cada vez más lento, para que no se acabe.

Hace poco, el escritor Antonio Muñoz Molina publicó una columna comentando su recientemente adquirida adicción a Salter (otro más para el club). Y, entre las muchas cosas que en ella decía, me quedó rondando ésta: “Qué importancia puede tener una literatura que no induzca al insomnio y no nos deje en un estado de vehemencia parecida a la fiebre”.

Preciso y precioso el comentario, apunta directo al corazón del fenómeno Salter, el de ser una literatura que se lee afiebradamente, esos libros que no pueden dejarse sobre el velador, que se leen hasta que amanece, de esos libros a los que dan ganas de darle las gracias, de celebrarlos en estado de euforia, libros a los que se vuelve inevitablemente; esos que le dan a la literatura su verdadero lugar en el mundo.

Salter tiene ochenta y cinco años y es un escritor magnífico y magníficamente prolífico. Habría que encender velas, pidiendo por su buena salud, todos, pero todos los días. Para que siga escribiendo, para que no nos deje nunca. Para seguir conversando por siempre.

El autor:

María José Navia (Santiago, 1982) | Lectora y cinéfila compulsiva; escritora en proceso de aprendizaje. Publicó su primera novela SANT (Incubarte Eds.) en 2010 y espera publicar su segunda novela, Lost and Found/ Objetos Perdidos, a fines de este año. Sus cuentos han aparecido en diversas antologías. Twitter: @mjnavia Blog: ticketdecambio

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