El universo Bolaño

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Desde el 5 de marzo (y hasta el 30 de junio) se exhibe el “Archivo Bolaño, 1977-2003”, gran exposición dedicada a la obra de Roberto Bolaño, emplazada en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Izaskun Arrese visitó la muestra, y con detalle la describe para nosotros, que estamos lejos. 

El Universo Bolaño

Fotografía: Izaskun Arrese

Le comento a un profesor de la universidad donde trabajo que por la tarde iré a la inauguración de la exposición  Archivo Bolaño. Él me pregunta si en Chile se ha hecho o hará alguna actividad similar y, aunque le respondo que lo no sé, él afirma: “Es que Roberto Bolaño era más de acá que de allá”. Quizás sea cierto, pues con ocasión de cumplirse diez años de su muerte en Cataluña han decidido rendirle homenaje.

A las siete de la tarde de un día gris y lluvioso camino rumbo al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), uno de los espacios de difusión artística más importantes de la ciudad. Para llegar ahí, bajo desde Plaza Universidad por calle Tallers, me resulta imposible no pasar antes frente al número 45, ya que en la cuarta planta del edificio que aquí se erige vivió algunos años el escritor. Apenas detengo la marcha unos segundos porque comienza a caer más intensamente la lluvia, sin embargo, este breve momento me basta para imaginar a Bolaño de pie en aquel portal. Me quedo con esta imagen y pienso en la exposición que veré en unos minutos. He leído que reúne material de archivo que por primera vez se exhibe al público. Saber esto me entusiasma y apuro el paso para llegar al CCCB. Cuando llego ya hay bastante gente esperando para entrar.

Fotografía: Izaskun Arrese

En el hall de acceso, una mujer regala broches a los concurrentes con distintas frases alusivas, la mía dice “Soy bolañista”, algunos se lo prenden a la ropa y se genera una expectación similar a la de los momentos previos de un concierto de rock. Al ingresar leo información biográfica del autor y explicaciones sobre la estructura de la exposición. El material se ha organizado de acuerdo a tres etapas creativas que están asociadas a los periodos que el autor pasó en tres ciudades: La universidad desconocida. Barcelona 1977-1980; Dentro del caleidoscopio. Girona 1981-1985; y El visitante del futuro. Blanes 1985-2003.

Entrando a la sala hay un cambio de luminosidad, se escucha música y otros sonidos que desde aquí son indefinibles. En una pared curva se exhiben fragmentos deformados de documentales sobre la matanza de Tlatelolco y el golpe militar del ’73 en Chile. Recorro con la mirada los distintos espacios: veo vitrinas que exhiben manuscritos, cartas, cuadernos y libros, en las paredes cuelgan fotografías y se leen frases extraídas de la obra de Bolaño. También hay pantallas con videos e imágenes, audífonos para escuchar y mesones con información donde te puedes sentar y leer. La exposición está planteada como una experiencia sensorial completa y en un comienzo puede provocar cierto embotamiento. Los primeros minutos, de hecho, no consigo fijar la atención y tengo la sensación de estar frente a un contenido inabarcable. La cantidad de gente me impide ver la exposición en el orden que se ha establecido, así que defino un recorrido propio.

Frente a las primeras imágenes y manuscritos siento el entusiasmo de abrir cajones prohibidos. Las fotografías muestran a un Bolaño casi adolescente en México, de pelo largo y vestimenta hippie, sonriente, rodeado de amigos. La actitud y expresión de los retratados transmite alegría y vitalidad. El material textual de esta fase corresponde a textos de la etapa del infrarealismo, manifiestos y poemas que actúan como el prólogo de las etapas posteriores.

Me acerco a un mesón y leo nombres de músicos, artistas, cineastas y escritores que inspiraron a Bolaño, son listas larguísimas. Camino luego a una pantalla táctil donde al modo de una hemeroteca se han catalogado críticas, entrevistas y notas aparecidas en diversos medios. Hay mucho material, yo apenas leo dos textos, uno donde Bolaño habla sobre el rol que deben asumir los escritores en Chile durante el golpe militar y otro donde comenta lo mala escritora que le parece Isabel Allende. Paso después a la proyección de lo que se describe como un ejercicio visual inspirado en textos de Bolaño, uno basado en los poemas de La universidad desconocida y otro que se ha titulado Dentro del caleidoscopio a partir de uno de los textos escrito en Girona. En el primero se reproduce la escritura de frases de los manuscritos con el sonido que hace la pluma sobre el papel; el segundo es más experimental e intenta recrear la mirada del caleidoscopio y la confluencia de voces. Me fijo en que la mayoría de la gente no los ve enteros, yo tampoco.

Fotografía: www.talent.paperblog.com

Vuelvo a las fotografías, algunas retratan a Bolaño en Girona o en algún viaje, en otras se lo ve con amigos escritores o gente ligada al mundo de las letras como Mario Santiago, Antoni García Porta, Enrique Vila Matas o Ignacio Echevarría. Resulta divertido algún fotomontaje que jugando con el tiempo y el espacio reúne a Bolaño con James Joyce y Jim Morrison. También está presente su familia, sus hijos Lautaro y Alexandra y su esposa Carolina López.

Cuando se llega a este punto de la exposición es evidente la ausencia de Carmen Pérez de Vega, quien acompañó al  autor el último período y fue quien finalmente lo llevaría a la urgencia del hospital.  No sé si hay testimonio fotográfico de ella, pero sabiendo que el material lo ha cedido López, se entiende la omisión. Supongo que incluirla implicaba dar muchas explicaciones.

En gran formato se exhiben imágenes de alguna de las casas donde vivió el escritor y de lugares que solía visitar en las tres ciudades que definen la muestra. Entre ellos aparece el número 45 de calle Tallers, me dan ganas de comentarle a la mujer que está a mi lado “¡Recién estuve ahí!” (no lo hago). Observo esta imagen y otras de la etapa de Barcelona donde aparecen los bares Granja Parisien y Café Cèntric, y la casa de la calle Junta de Comerç. He caminado muchas veces por cada uno de estos sitios que ahora parecen de ficción y me parece de pronto como si estuviera frente a uno de los tantos juegos intertextuales que el escritor utilizaba en sus novelas. Seguro a Bolaño le hubiera gustado mucho este momento especular.

Dedico mucho tiempo a los manuscritos y me impresionan sobre todo aquellos escritos a mano. A través de reproducciones facsimilares o del original veo por primera vez la caligrafía de Bolaño, la que los comisarios de la muestra han definido como “Grafías minimalistas donde líneas rectas con sus ondulaciones y temblores se reconvierten en sismógrafos del alma”. Me sorprende constatar que hay poquísimas correcciones en los distintos cuadernos y libretas, no conozco realmente el proceso creativo de Bolaño y si lo que aquí se muestra son segundas o terceras versiones, pero lo que se ve es una pluma segura y sin titubeos.

Tema aparte son los dibujos con que el autor acompañaba en ocasiones sus textos. Se los rescata como un sistema de símbolos que es usado en la muestra para generar “pistas” que sirven de guía para que el espectador vaya descubriendo cosas o establezca nexos a lo largo de la exposición. Sin embargo, me parece que las “instrucciones” son innecesarias y reiterativas, de hecho noto que hay muchas personas que no las leen.  Sigo observando un poco más a los espectadores y constato rostros interesados y a ratos sorprendidos. Supongo que todos los que estamos aquí hemos leído a Bolaño, me pregunto entonces qué efecto tendrá la exposición en quien lo conoce poco o nada.

No termino de leer todos los manuscritos, tampoco veo todos los videos ni escucho todo lo que hay para escuchar, me parece que es imposible hacerlo de una sola vez. Aún así, tengo la sensación de haber ingresado al mundo del autor y de haberlo habitado al menos un rato.  La muestra transmite la idea de “conectividad” que sin duda quisieron plasmar los organizadores; las partes se han estructurado para que sea evidente que hay un transcurso motivado desde el inicio hasta el fin en la obra de Bolaño y que trasluce un proyecto escritural definido consciente o inconscientemente. Sin duda, hay que dedicarle bastante tiempo a este archivo, pienso en que haré lo posible por regresar mañana y camino de vuelta a casa bajo la lluvia, deshago la ruta por calle Tallers y dejo atrás, creo, el universo Bolaño.

Fotografía: Izaskun Arrese

El autor:

Izaskun Arrese. 31 años. Tiene nombre vasco y pasaporte español, pero es chilena. Estudió Literatura en la Universidad de Chile. Desde septiembre de 2011 vive en Barcelona, donde realiza un doctorado e investiga el vínculo de las distintas artes entre sí.

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