NO: Camino al Oscar. “En la medida de lo posible”

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En la antesala de los premios Oscar 2013, Fabián Padilla nos ofrece su crítica a la película “NO”, de Pablo Larraín, candidata a la mejor película extranjera para los premios de la academia.

NO: Camino al Oscar. “En la medida de lo posible”

Fotografía: www.soychile.cl

La última entrega del cineasta nacional Pablo Larraín, “No”,  es el fin de una trilogía “no esperada” (Tony Manero – Post Mortem – NO) que aborda la idiosincrasia chilena en los ochenta. Sin embargo, el film, bautizado de esa forma por el plebiscito de 1988, es para muchos una dura crítica a la clase política y a la historia de un proceso que marcó a toda una generación.

El film cuenta con tres claves que hoy la hacen estar nominada a la mejor película extranjera de los premios Oscar: propuesta fílmica, pertinencia histórica y el ángulo desde dónde está relatado.

Desde el principio, la nostalgia, como excelente motor comercial y gancho emocional con el público, se toma la pantalla en tonos desgastados y luces incandescentes que emulan los viejos filtros de la época. Una edición con cortes fríos y abruptos trastoca el ritmo natural de filmación, para darle aún más sentido de pertenencia a un Santiago gris que recién aprendía lo que era un microondas o una videograbadora.

Una apuesta ciega, pero exitosa, fueron los cameos de diferentes actores políticos chilenos que protagonizaron la franja hace más de 20 años. Lo que hace de la película una artesanía única, muy idiosincrática de nuestro espíritu dual: aspiracional y solidario. Aunque es notorio el avance de las primaveras para algunos en escena, las imágenes reales que se sobreponen, como en el caso del ex presidente Patricio Aylwin o el periodista Patricio Bañados, además de bañar con lágrimas muchas salas de cine, le dijeron al mundo: “Sí, nuestra gente estuvo 17 años presa de un gran silencio”.

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Finalmente, y no menos importante, la última clave y lo más polémico de la película es la mirada con que Pablo Larraín aborda algo muy sensible para el país. La recuperación de la democracia, ni más ni menos.

Sin temor a equivocarme, el triangulo entre los personajes de José Tomás Urrutia (Luis Gnecco), René Saavedra (Gael García) y Luis Guzmán (Alfredo Castro) son la trinidad crítica y radiográfica del “ser chileno” en aquel entonces. Los tres con muchas diferencias, pero sí algo en común que los une indisolublemente: su brutal sentido del pragmatismo y mente fría para los negocios. Lo que podría ser una metáfora de cómo realmente se ganó el plebiscito contra el general Augusto Pinochet y la dictadura militar.

Urrutia-Guzmán-Saavedra tienen mucho de ficción, pero también mucho de prototipo chileno. Alfredo Castro interpreta a un agente del miedo; un director de publicidad con una elasticidad ética a prueba de balas, la que testea en sus negocios y  alianzas. Gael García es la conquista de la tercera vía, la socialdemocracia en todo su esplendor, transversal y pragmático, muy “en la medida de lo posible” como diría don Patricio Aylwin.

Luis Gnecco juega un papel angular, interpreta dos personajes a la vez: Gabriel Valdés, “el conde de la política”, y Genaro Arriagada. Dos destacados intelectuales y políticos que de no ser por su visión de mundo, prudencia y ambición, quizás Chile no estaría donde está hoy, ya sea para bien o para mal.

Fotografía: www.artematrix.com

La paradoja más clara de la trinidad que conquista el NO es la forma en la que encuentran el patrón publicitario que los llevaría al éxito. La “alegría” aparece después de una agotadora jornada proletaria, al calor de la playa, en un balneario no muy popular, junto a más de una botella de whisky.

En conclusión, “NO” es una apuesta. No tiene la intención de ser verdad y menos de quedar bien con algún sector involucrado. Es la verborrea de un joven perteneciente a la élite nacional, con una vivencia particular, a ratos asombrosa, a ratos terrorífica. Merecer un Oscar recae en manos de especialistas, no obstante, el cine hecho a pulso de Larraín,  tan solo con la nominación, recibe el aplauso cerrado de una multitud mucho más culta, con mayores accesos y libertades,  con más posibilidades de comprar whisky e ir a la playa a tomarlo. “NO” es una ironía de esas que nos hacen mucha falta.

El autor:

Fabián Padilla | @_elpadilla / Periodista (ad portas) Soy de los que aún le encuentran sentido a Las Cartas al Director. Socio de Corporación Travesía, y Club Deportivo Francisco Bilbao. Co-fundador del grupo político Verde Usach [@verdeusach], y ex candidato a secretario general @feusach 2012. Apasionado por el mundo del cine, las series y la política.

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