Desnudo Frente a Un Espejo

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Revisión a la película The Master -que compite por los premios Oscar- escrita por Diego Vargas. 

Antes de escribir acerca de aquellas películas cuyo foco se concentra en el  mundo interno de los personajes, revivo una anécdota de adolescencia del escritor Haruki Murakami: sus padres han salido de casa y él aprovecha la ocasión para desnudarse frente a un espejo. Como lo haría un gato o un perro, se queda mirando su cuerpo con desconfianza y curiosidad. Luego anota más de veinte defectos (orejas tipo radar, pelo tieso, etcétera) que, él mismo reflexiona, no son otra cosa que reflejos de sus miedos e inseguridades más profundas.

En “The Master” (2012), escrita y dirigida por Paul Thomas Anderson, en una esquina encontramos al protagonista, Freddie Quell (Joaquín Phoenix), veterano de la Segunda Guerra Mundial, borracho solitario, incapaz de permanecer por mucho tiempo en un mismo sitio. En el rincón opuesto se encuentra Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), intelectual, carismático líder y fundador de una nueva religión cuyo credo, entre otras cosas, apela al uso de las regresiones y a la existencia de extraterrestres. El ex soldado, al colarse como polizón en un yate, conocerá a Lancaster Dodd quien se convertirá en su maestro. Aunque parezca extraño, Freddie es el personaje que no tiene un asidero concreto con la realidad, quizá inspirado en esos jóvenes que tras la Segunda Guerra paseaban sus traumas por las calles de un Estados Unidos acosado por el miedo al comunismo y a la bomba atómica. Lancaster Dood, en cambio, se parece demasiado a L. Ron Hubbard, escritor de ciencia ficción y fundador de la Cienciología, un conjunto de creencias y enseñanzas que en algunos países es considerada una religión- con adeptos como John Travolta y Tom Cruise- y en otros es mirada como una secta.

Afiche The Master

La formula narrativa que Paul Thomas Anderson utilizó -tal vez buscando evitarse así alguna demanda- fue la de introducir a Freddie dentro de los fervientes que siguen al maestro, a principios de los cincuenta, en el momento fundacional de su iglesia, pero concentrando la mirada no en las obras y acciones del grupo, sino en el vínculo paternal que Freddie construye con Lancaster. Y pronto el maestro cumplirá el mismo rol del espejo ante el cual se desnudó el joven Murakami, encargándose de mostrarle al ex marino el origen de sus fracturas internas o aquello que explica la fuente de su alcoholismo e incapacidad de amar. Como en toda buena película de personajes, donde los acontecimientos fluctúan de acuerdo a los vaivenes emocionales, en “The Master” destacan las actuaciones. Joaquín Phoenix bien merecerían un Oscar por su mutación corporal o su forma de expresar el cinismo y la rabia. Lo mismo ocurre con Philip Seymur Hoffman que interpreta a un líder que cumple a rajatabla con lo que los teóricos del guión llaman la tridimensionalidad de un personaje: un tipo que se cree un Mesías y a ratos se siente frágil e insignificante; un ser irascible y testarudo que puede ser el alma de una fiesta; un hombre generoso que hace de la manipulación un arma infalible.

Sigo recordando la vida de Murakami y anoto que al pasar los años ese muchacho desnudo terminó convirtiéndose en un conocido escritor y luego en un corredor de fondo dispuesto a toda costa a mejorar su estado físico. Esto me lleva a consignar que todo personaje resultará incompleto o al menos sin la densidad suficiente para sostener una película de este tipo si no experimenta a lo largo de la historia una curva de transformación. El método que se utiliza en “The Master” es casi una terapia de shock pues de inmediato todos buscan cambiar al impulsivo Freddie. Y en ese viaje de inmersión conoceremos los reflejos de un ser humano magullado, capaz de sacudir las certezas de un maestro, y que, a ratos, nos susurra que no por posar muchas manos en el tronco de un árbol podremos dirigirlo al lugar que deseamos.

El autor:

Diego Vargas Gaete es escritor y guionista. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda y de la Escuela de Escritores del Centro Cultural Ricardo Rojas en Buenos Aires, Argentina. Ha sido galardonado en más de diez concursos literarios.

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