Dos poetas de Hierro

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En esta oportunidad nos escribe desde México Raúl Silva, periodista cultural y editor de “La Ratona Cartonera”, que actualmente  redacta una crónica del Infrarrealismo, movimiento que conoció de muy cerca. Le pedimos que nos reseñara dos nuevas publicaciones mexicanas de editorial Almadía: El “hijo de Mister Playa”, Una semblanza de Roberto Bolaño, de Mónica Maristain, y “Arte & Basura”, una antología poética de Mario Santiago, hecha por Luis Felipe Fabre.

Dos poetas de Hierro

Al principio de una de sus primeras novelas, La pista de hielo, Roberto Bolaño evoca así a su entrañable amigo Mario Santiago:

“Lo vi por primera vez en la calle Bucareli, en México, es decir en la adolescencia, en la zona borrosa y vacilante que pertenecía a los poetas de hierro, una noche cargada de niebla que obligaba a los coches a circular con lentitud y que disponía a los andantes a comentar, con regocijada extrañeza, el fenómeno brumoso, tan inusual en aquellas noches mexicanas, al menos hasta donde recuerdo. Antes de que me lo presentaran, en las puertas del Café La Habana, oí su voz, profunda, como de terciopelo, lo único que no ha cambiado con el paso de los años. Dijo: es una noche a la medida de Jack. Se refería a Jack el Destripador, pero su voz sonó evocadora de tierras sin ley, donde cualquier cosa era posible. Todos éramos adolescentes, adolescentes bragados, eso sí, y poetas, y nos reíamos.”

Este encuentro debió ocurrir un día de 1975 y fue el preludio para la fundación del Movimiento Infrarrealista, pero también el principio de una amistad profunda que ni siquiera la distancia geográfica y el tiempo pudieron disolver.

Un hecho editorial vuelve a reunir a estos “poetas de hierro”. La Editorial Almadía de México acaba de publicar dos libros que revelan instantes vitales de estos detectives salvajes, unidos ya para siempre en el imaginario de la ficción y la revelación de sus maneras de contar la vida.

 

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Arte & basura. Una antología poética de Mario Santiago Papasquiaro. Selección y prólogo de Luis Felipe Fabre.

Mario Santiago Papasquiaro escribía a la velocidad de su caminar y lo hacía sobre cualquier superficie de papel a su alcance (y a veces también en las paredes). Este libro contiene una muestra de su prolija grafía, desplegada en servilletas, cajetillas de cigarros “Delicados” sin filtro, márgenes de libros, portavasos, portadas de revistas, recibos comerciales, etcétera.

El poeta Luis Felipe Fabre es autor del prólogo y el antologador de esta selección que apenas si ofrece una dosis moderada de la poesía de Mario Santiago. No hay aquí un concentrado, a la manera de la monumental Jeta de santo, la más completa reunión de la obra de Papasquiaro que hicieron Mario Raúl Guzmán y Rebeca López (Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2008), pero sí una muestra que revela chispazos-luciernaga de una escritura salvaje, cruda y primigenia.

PINCHE KOAN YA SE ME DURMIÓ LA VULVA

Me fascinan las leonas fanáticas de la serenidad
Sultanas de jadeos claros
La voz con que mastican
Los vientos de sus selvas
Púberes salvajes / erratas de la matemática /
Asesinas de ginecólogos /
Labios & ojos
Chafireándo tráilers
Hoy en San Francisco de praxis
Mañana en Ámsterdam
Droga mirando el tulipán sudado que crece
En la cintura de 1 tarde

 

El hijo de Mister Playa. Una semblanza de Roberto Bolaño

En los e-mails que Roberto Bolaño le escribió a Mónica Maristain se perciben formas de complicidad, de afecto y de confianza:

 “Querida Maristain:

Son las tres y cuarto de la madrugada, mi hija de dos año ha tosido mucho, luego ha vomitado encima mío, yo he tenido medio que desnudarme (qué triste mi pobre cuerpo al lado del de mi hija) y vestirme otra vez, luego nos hemos puesto a ver el final de La dolce vita y ahora mi hija duerme y yo te escribo.”

 O

“Ay, Maristain:

Aun respiro. Y ya soy el segundo de la cola.

Besos,

Bolaño

¿Por qué no hacemos una entrevista ligera, levísima, frívola incluso –son las que más me gustan- casi póstuma?”

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Esa entrevista, verdaderamente “frívola” y “póstuma”, se publicó en la edición mexicana de la revista Playboy, en julio de 2003, el mismo mes en que murió Bolaño. En esos dos hechos se encuentra el origen de El hijo de Mister Playa. Una semblanza de Roberto Bolaño, un libro que reúne el testimonio de muchos amigos y conocidos de este autor que, irónicamente, siempre se burló de la fama, sin saber que su fatalidad lo envolvería de tantas maneras. Esto me hace recordar unas palabras que me dijo el escritor argentino Alan Pauls: “Las figuras muy mitológicas, como la que encarnó Roberto, se convierten tarde o temprano en lo que uno podría llamar una mercancía. Era obvio que iba pasar, justamente porque se murió muy temprano, pero creo que él había previsto todo eso y tenía un estrategia casi kafkiana de escritor con una modestia patológica, una manera de prever lo que iba a suceder con su nombre. Lo genial de él es que nunca va a ser una víctima”.

 ¿Hay claves de la literatura de Bolaño en este libro? Por supuesto que sí. Las claves de la literatura están en la vida y sus más inocuos detalles. Pero esas claves no le agregan nada a la obra de Bolaño. No hay pretensión de que así sea. Este es un libro frívolo, con todo y que contiene instantes que parecen extraídos de Los detectives salvajes. Quizá su mayor virtud la encontramos en las voces que convoca, muy cercanas a Bolaño. Cada personaje tiene su propia mitología, que no necesariamente coincide con la realidad. Está el testimonio de León Bolaño, que como todo padre descree de la mesura y a la vez ofrece un puñado de historias que por momentos se encuentran con la memoria del mismo Roberto Bolaño, cuando en la entrevista que le hizo Maristain recordó así un paisaje de América Latina: “El camión de mi padre averiado en una carretera del desierto”. Está la voz de Victoria Soto, una amiga de su madre que le ayudó a transcribir en máquina sus primeros textos. Están las voces de sus camaradas del Infrarrealismo: Bruno Montané, Rubén Medina y Ramón Méndez. O las reflexiones de sus amigos en su vida española: Ignacio Echevarría, Jorge Herralde, Rodrigo Fresan, Sergio González Rodríguez, Carmen Boullosa.

El hijo de Mister Playa es un detallado ejercicio memorioso, y como todo gesto que convoca a la memoria es un territorio donde la banalidad, el chisme, la historia innecesaria, también se asoman para mostrar y demostrar que la realidad también usa calzones.

El diseño de estos dos libros es formidable y se debe a ese espléndido artista plástico que es Alejandro Magallanes. A través de esa labor hay, por supuesto, otra placentera lectura.

 

Arte y basura. Una antología poética de Mario Santiago Papasquiaro. Editorial Almadía, 2012.

El hijo de Mister Playa. Una semblanza de Roberto Bolaño. Editorial Almadía, 2012.

 

RECUADRO:

EL RECELO DE LOS CULTOS

Extracto de una entrevista de Raúl Silva hecha a Mónica Maristain.

Fotografía: www.territorioscore.com

“Yo creo que Bolaño genera mucha envidia. Sinceramente, creo que la envidia es un sentimiento humano que no hemos explorado lo suficiente y del que suelen ser victimas muchas más personas de las que nosotros como especie podemos admitir. Entre la generosidad de Vargas Llosa y la mezquindad de Carlos Fuentes se ubica una gran gama de personas que no sabe que pensar y que en todo caso sólo debería leer los libros de Bolaño y tomar su propia opinión, nada más.

Yo tuve oportunidad de entrevistar varias veces a Fuentes y le pregunté estrictamente por Bolaño. Hasta pocos días antes de su muerte me dijo “no quiero leerlo porque se ha vuelto un fenómeno”. Diez años antes me había dicho que no lo conocía. Siempre encontraba una excusa para decir que no lo había leído. Lo dice muy bien Jorge Volpi en Mentiras contagiosas, un gran libro de ensayos publicado por Páginas de Espuma, cuando dice que si entrevistas a un escritor latinoamericano, mayor de sesenta, negará a Bolaño. Lo niega Skármeta, lo niega Sergio Ramírez. En la última entrevista, cuando le pregunto si va a ganar el Nobel y él me responde: estoy seguro de que no lo ganaré y que ganará algún atorrante que ni se acordará de mí. Efectivamente, después de que murió Bolaño lo ganó Vargas Llosa, que no se acordó de él. Todos ellos tenían todo armado, inconscientemente, para ser ellos los grandes escritores latinoamericanos del siglo XXI, pero vino Bolaño y les aguó la fiesta, vino Bolaño y les puso el dedo en el pastel.

A Diamela Eltit la vi en la Feria del Libro de Guadalajara y le pedí que como escritora chilena opinara sobre Roberto y me respondió: “Eres una mala educada por venir a preguntarme sobre eso”, como si Bolaño fuera un “eso”. Le pregunté a Skármeta qué opinas del auge de Roberto Bolaño: “No contesto a las preguntas provocadoras”, me dijo. ¿Bolaño es una provocación para Skármeta, para Diamela y todos ellos? Creo que Bolaño tuvo esa virtud que tuvieron los infrarrealistas, que es la de aguar la fiesta. Cuando todo estaba armado, puesto para que se hiciera una fiesta, llegaron estos y dijeron esto se terminó y eso es muy valioso para mí”.

El autor:

Raúl Silva | Mexicano, periodista cultural y editor de La Ratona Cartonera http://laratonacartonera.blogspot.com/

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