Combate a un asalto

LibrosPortadaRecomendaciones

Francisco Valdés se trenzó en literarios rounds con cada uno de los cuentos breves de “Jíbaro”, el reciente libro publicado por Hugo Forno. Aquí el resultado. 

Quienes alguna vez hemos disfrutado de un buen combate de boxeo, sabemos que el triunfo de un peleador se basa en el trabajo sostenido en el tiempo, en la búsqueda de los flancos débiles del adversario y en evitar los golpes. Todo esto a lo largo de los 12 asaltos. Pero ¿qué pasaría si cada combate durara solamente un asalto?

Un microcuento es una pelea que debe darse, prácticamente, desde el camarín. Cada frase separada por puntos seguidos es un ataque, un jab a la cabeza que prepara al contrincante y deja algún costado descubierto para rematarlo con un golpe de KO.

www.chancacazo.cl

En JÍBARO (2012, Chancacazo), Hugo Forno nos entrega 65 microrelatos separados en tres grandes secciones: Gente, Amor y Árbol.

Cada cuento no dura más de dos páginas y el autor en ellas desarrolla una historia completa. Los contextos son simples, conocidos: las calles del centro de Santiago, un terminal de provincia, el balneario, una micro.

Los personajes de JÍBARO son gente corriente, gente que esconde secretos, personas que se muestran como el vecino ideal pero que, en realidad, podrían albergar en si peligrosas obsesiones.

En este combate a un asalto Forno -como diestro púgil- siempre guarda un golpe para el final. Si algo caracteriza a su escritura son las últimas frases de cada relato, que no siempre son un remate que finaliza la historia, sino a veces también funcionan como invitación a completar el cuento desde nuestra imaginación.

Aunque trabaje en un formato tan limitado no falla en profundidad. Se percibe un análisis previo en la psicología de los personajes, así como conocimiento de los contextos en que desarrolla cada microrelato.

En Gente están los dos relatos que tuvieron reconocimientos en el concurso Santiago en 100 Palabras: “El Rey” y “Junior”. Además de ellos , encontramos el variopinto registro de personalidades que el autor parece haber reclutado en sus escuchas y paseos por la ciudad.

La segunda parte, Amor, distinto de lo que podríamos suponer, transita por entre desamores, traiciones, sexo, violencia y resignaciones. Alcanza puntos altos en “Taylor”, un relato de autoerotismo con un final totalmente inesperado, “Tarea”, las fronteras que traspasa el amor obsesivo y “Promesas”, una cruda crónica roja.

www.zazzle.com

En Árbol es donde Forno vuelca su intimidad (y la de su familia) a las páginas, narrando historias que van desde un fallido almuerzo de día sábado en “Oro”, hasta el relato de un preinfarto cardíaco en primera persona en “WWW”.

Hugo Forno realiza en JÍBARO un ejercicio de libertad creativa que nos reafirma la existencia de múltiples caminos para contar historias fascinantes. Además, posiciona al microcuento en un sitio llamativo, a la espera de una consolidación como género.

En este combate no hay triunfos por puntos, sólo se consigue la victoria cuando el oponente toca la lona y no vuelve a levantarse.

El autor:

31 años. Ya no fui Don DeLillo.

Dejanos tu comentario