La travesía del “Gato” Gamboa

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En el año 1984, la revista Hoy publicó una serie de escritos conocidos como “Testimonios”. Entre agosto y septiembre de ese año, y en cuatro entregas semanales, se ofreció al público el relato de prisión y tortura de Alberto “Gato” Gamboa titulado “Un viaje por el infierno”.

 Los que sobrevivimos a los campos de concentración no somos verdaderos testigos (…) formamos parte de aquellos que, gracias a la prevaricación, la habilidad o la suerte, no llegamos a tocar fondo. Quienes lo hicieron y vieron el rostro de la Gorgona, no regresaron, o regresaron sin palabras

Primo Levi

Alberto “Gato” Gamboa es uno de los periodistas más destacados del medio nacional. Es reconocido por ser uno de los fundadores del Colegio de Periodistas, director del diario Clarín, primero en estar “firme junto al pueblo”, en tiempos de la Unidad Popular, Fortín Mapocho (donde apareció el recordado titular, de su autoría, que rezaba: “Corrió solo y salió segundo”, sobre el plebiscito del año 1988), y además por su labor en los diarios La Época y La Cuarta.

En su testimonio ofrecido en “Un viaje por el infierno”, de 1984, el “Gato” Gamboa relata sus vivencias como detenido político en el Estadio Nacional de Santiago, y luego en la ex oficina salitrera Chacabuco devenida en campo de concentración, versión chilensis de Auschwitz o Dachau.

Como buen periodista, Gamboa presenta su relato como un reportaje “novelado a veces y otras veces no, no tiene ambiciones literarias. Es simplemente un testimonio. ¡Que se entienda bien! Un testimonio y no una acusación. No he sido ni soy el dueño de la verdad, como se estila en estos momentos”. Y es precisamente esa premisa la que atraviesa el relato. La de no abordar con odio ni revanchismos su infortunio, tratando de extraer todo lo negativo y positivo (ardua labor), de esta travesía por los más oscuras y recónditas dimensiones a las que podemos llegar los seres humanos, a imagen y semejanza de Dante en su Divina Comedia.

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“¿Cómo describir el miedo? ¡Puchas la cosa difícil! Sobre todo en esas circunstancias”. Esas circunstancias son las vividas en el Estadio Nacional, junto a otros miles de prisioneros. El recuerdo del “disco negro”, señal infame en donde tenían que apersonarse los llamados a las sesiones de interrogatorio, en las cuales abundaban los insultos, golpes, culatazos, etc.; que se realizaban en el velódromo del estadio, desde donde los detenidos volvían convertidos en estropajos, teniendo que ser recibidos por sus compañeros de celda, demostrando la solidaridad que emana entre compañeros en los momentos más terribles.

Portada Tomo segundo: "Chacabuco"

De los horrores del Estadio Nacional, Gamboa nos traslada a la inmensidad del desierto más árido del mundo. Una antigua oficina salitrera, de esas que afloraron con el auge del mineral a fines del siglo XIX y principios del XX, y que cerraron arrojando a sus miles de obreros hacia las ciudades. Específicamente se trata de la oficina Chacabuco, ubicada a medio camino entre Antofagasta y Calama, en la cual más de mil prisioneros fueron confinados a purgar sus culpas políticas.

En este lugar, el protagonista pasó más de un año junto a personas de todas las clases sociales y laborales, desde médicos y abogados, hasta obreros y jornaleros. Todos juntos sufriendo, riendo, llorando, amando a distancia a sus parejas e hijos. Nuevamente la solidaridad aflora entre ellos, los ahora denominados “compadres”, ante la prohibición del militar a cargo del campamento de utilizar el concepto “compañero”, tan sospechoso en ese momento.

Los mismos prisioneros, para hacer más llevadera su estancia, realizan mejoras en las casas-celdas. Se crea un “Consejo de Ancianos” a través de una elección democrática, vaya paradoja. Incluso organizaron un “Primer Festival de la Poesía y la Canción de Chacabuco”, que superó hasta los más optimistas cálculos de participación entre la población penal. “En la adversidad, es indudable que se escribe con más sentimiento”, resume Gamboa. Hasta se formó un conjunto musical liderado por el cantautor Ángel Parra, otro de los prisioneros ilustres, llamado “Los Chacabucanos”.

Portada Tomo cuarto: "El regreso"

Sin embargo, la camaradería que se generaba en aquel recinto no podía ocultar los vejámenes y humillaciones a las que,día a día, se veían sometidos los reclusos. Particularmente desgarrador resulta el recuerdo de la mujer de un detenido que llega de visita junto a su pequeño hijo. Cuando el comandante se acerca a él, con ánimo paternal y le dice: “¿Y Ud. Amigo no dice nada?, la respuesta no se hace esperar “¿Por qué tiene preso y por qué le pegan a mi papá?”.

A pesar de lo insoslayable que resulta la descripción de este tipo situaciones, que podrían redundar en una oscura y pesimista visión del futuro, Gamboa es enfático en establecer que del dolor se puede comenzar a construir un país de hermanos: “(…) Tampoco los sufrimientos nuestros son fuentes de rencor o de odio. Por el contrario, pienso que son la semilla de la reconciliación y el rencuentro. ¡Que también quede bien en claro!”.

 “Un viaje por el infierno” es la historia de un hombre que debió vivir en carne propia, uno de los capítulos más complejos de nuestra historia como país. Que luego de ver el rostro de la Gorgona, logró regresar. Y su retorno está lleno de palabras.

El autor:

Gonzalo Castillo Becerra. Leo de (casi) todo y escribo a cuentagotas. Licenciado en Historia, ex profe (por ahora) y actual estudiante de Periodismo. Hincha irracional de la Universidad de Chile. Apacible ciclista.

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