Pop Azucarado (crítica a Part of me)

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Como parte del tema de Terminal esta semana, me fui a ver la película más kistch de la cartelera  de gringolandia. No fue muy difícil elegirla: Part of Me, la película sobre el Tour California Dreams de la cantante Katy Perry que, por estos días, adorna la cartelera con su historia 3D de carrera a la fama, desencuentros amorosos y mucho, mucho glitter, pelucas de colores y cupcakes. Porque si hay algo que canta a gritos “placer culpable” (al menos en mi definición del término) son las películas-musicales, o que tratan de la carrera de cantante de alguien (ejemplos: Moulin Rouge, Coyote Ugly, incluso Enchanted).

(Consejo/soundtrack: lea este post escuchando a Perry con “Hummingbird Heartbeat” “Hot N Cold” , “Peacock” – para que se ría un rato- y “Part of me”)

Primera gran sorpresa. La película es entretenida.

Segunda sorpresa. La película me hizo llorar.

Tercera no-sorpresa. La sala estaba casi vacía.

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Katy Perry viene de una familia de predicadores y comenzó su carrera como cantante de gospel. La película la va acompañando durante su tour y va intercalando flashbacks con su esforzada historia. El tour ya es, de por sí, bastante impresionante(a mí me tocó verlo por estas latitudes y, la verdad, le pega cien patadas al tour de Britney y Lady Gaga JUNTAS- a quienes también tuve la oportunidad de ver), tanto el despliegue del escenario como los cambios de ropa innumerables (y en escena! Durante la canción “Hot N Cold” se cambia por lo menos quince veces) y el filme le hace honor, destacando los mejores momentos de la performance.

Aparte, hay que decirlo, la chica es adorable. O bien la película es lo suficientemente buena (entiéndase: manipuladora) como para convencernos de ello.A esto se suma verla tambalear durante el proceso de separación de su marido, el actor Russell Brand (inspirador de hits de Perry como “Teenage Dream” y “E.T” y hoy recipiente absoluto de los nuevos éxitos despechados “Part of Me” y “Wide Awake”. Ojo que la chica en versión corazón roto es de temer; si no me creen escúchense “Circle the drain” dedicado a un antiguo amor).

El momento más dramático de la película (por dramático entiéndase “lágrima fácil/ saque los pañuelitos de la cartera”) Perry está en Sao Paulo y llora y llora en su camarín. Sus asistentes le ofrecen cancelar el concierto mientras desde lejos se escuchan los gritos/cantos de los fans brasileros, que ni se imaginan lo que pasa tras bambalinas.  Pero la chica se traga las lágrimas y pide que empiecen a maquillarla. Así, la vemos transformarse en la muñeca que es en escena y caminar estoica rumbo al escenario.

Un segundo antes de entrar, vuelve a quebrarse. Dos segundos después, está cantando “Teenage Dream”, como si nada.

Como instaurara la carátula de la película de Carlos Cazsely (probablemente otro monumento kitsch): “Profesión: Ídola”.

No le voy a decir que esta es una película de culto, ni mucho menos. Ni siquiera le podría recomendar que fuera al cine a verla. Puede esperar, ciertamente, a que llegue al cable, o incluso a su versión doblada en alguno de los canales nacionales.  La cinta es efectista, juega tramposamente con el sentimentalismo al incluir muchos-muchos testimonios de niños que vieron su vida cambiar al escuchar ‘Firework” (la canción buena onda-autoauyuda-pop de Perry) pero la chica, que grita a sus públicos en cada ciudad “gracias por creer en lo rara que soy”, cae de lo más bien.

El autor:

María José Navia (Santiago, 1982) | Lectora y cinéfila compulsiva; escritora en proceso de aprendizaje. Publicó su primera novela SANT (Incubarte Eds.) en 2010 y espera publicar su segunda novela, Lost and Found/ Objetos Perdidos, a fines de este año. Sus cuentos han aparecido en diversas antologías. Twitter: @mjnavia Blog: ticketdecambio

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