Arthur, más allá del detective

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En Revista Terminal recordamos a Sir Arthur Conan Doyle, escritor entre dos siglos, creador de populares aventuras e inolvidables personajes.  A continuación, una mirada a su propia aventura. 

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Arthur, más allá del detective

“PRÓXIMO NÚMERO, LA RESURRECCIÓN DE SHERLOCK HOLMES.

¿Nuestro héroe había muerto?… Así lo creyó el mundo, a partir del dramático instante en que Sherlock, envuelto en una polvareda, trabó brutal combate con uno de sus enemigos, al borde del precipicio. Pero el gran detective era demasiado fuerte y seguro para sucumbir bajo los puños de cualquier granuja, y es así como reaparece sano y salvo en “LA RESURRECCIÓN DE SHERLOCK HOLMES”, que tendremos el gusto de leer dentro de quince días”.

Así se lee en la contratapa interna del libro “El problema final” de la colección “Las Aventuras de Sherlock Holmes” publicada por Editorial Zig-Zag en 1935. Cada libro de la colección costaba 2 pesos con 60 centavos chilenos de la época (supongo que barato) y se publicaban quincenalmente. Imagino que cada nueva edición era ávidamente esperada por los lectores de su tiempo.

Fotografía: Claudio Astudillo

En su contratapa, ese libro antiguo -conservado gracias a los libreros de San Diego- maneja el estilo de presentación propio de una saga de alta audiencia, las que llegan a generar complicidad con sus lectores, encariñados por conocer los destinos de sus personajes favoritos en la siguiente entrega.

Por generar relatos capaces de construir ese tipo de comunión con sus lectores, y en particular por la figura de Sherlock Holmes, Sir Arthur Conan Doyle se hizo famoso y seguido por millones. Sus historias ágiles, entretenidas, llenas de misterios y sorpresas, enclavadas en el Londres del siglo XIX, con fumaderos de opio, inmigrantes silenciosos, crímenes inexplicables y cabos sueltos por doquier, anudados con elegancia en su resolución a cargo de Holmes, han acompañado por años a generaciones de lectores alrededor del mundo.

Esas mismas historias han influido además en la construcción de otros personajes (como Batman, el Dr. House o el nacional Nick Obre, de Themo Lobos), y ofrecido trama para distintas adaptaciones al cine y la televisión (vale la pena mirar la serie “Sherlock” lanzada en 2010 por la BBC, que instala a Holmes en el siglo XXI, con IPhone y twitter incluido: @SherlockSH).

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Pero no sólo de Holmes vivió Arthur. Es más, muchas veces quiso dejar de vivir de la inmensa sombra que su personaje proyectó sobre el resto de su obra. El relato “El problema final” arriba mencionado, originalmente publicado en 1893 y que en Chile dejó expectantes a sus lectores por sólo quince días, fue uno de los intentos más serios del escritor por dejar atrás al detective. En su época, pasaron diez largos años para que en 1903 Conan Doyle reviviera a su creación más popular con la colección de relatos “El regreso de Sherlock Holmes”. Ya no le dejaría hasta 1927, a tres años de su muerte.

Como decíamos, no sólo de Holmes vivió Arthur. De hecho, en sus comienzos se ganó la vida haciendo aquello que estudió en su natal Edimburgo, la medicina, combinándola con otra de sus pasiones, los viajes y las aventuras. Apenas salido de la facultad abordó un barco ballenero en el cuál ejerció la plaza de médico, recorriendo diversos parajes, llegando a conocer más tarde África oriental a bordo de otro buque. Luego volvió a Inglaterra para recuperarse de una enfermedad contraída en viaje. Y en 1885 se casó, se instaló en tierra y se aburrió esperando la llegada de pacientes a su pequeña consulta oftalmológica.

Fue en ese tiempo cuando Arhtur escribió la primera novela relativa a Holmes: “Estudio en Escarlata” (1887). En dicha novela es el Dr. Watson, compañero de aventuras del detective, quien nos presenta al personaje y lo describe en extenso, reseñando incluso un breve listado de los conocimientos y limitaciones del investigador:

“Sherlock Holmes: Área de sus conocimientos.

  1. Literatura: Cero.
  2. Filosofía: Cero.

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  3. Astronomía: Cero.
  4. Política: Ligeros.
  5. Botánica: Desiguales. Al corriente sobre la belladona, opio y venenos en general. Ignora todo lo referente al cultivo práctico.
  6. Geología: Conocimientos prácticos, pero limitados. Distingue de un golpe de vista la clase de tierras. Después de sus paseos me ha mostrado las salpicaduras que había en sus pantalones, indicándome, por su color y consistencia, en qué parte de Londres le habían saltado.
  7. Química: Exactos, pero no sistemáticos.
  8. Anatomía: Profundos.
  9. Literatura sensacionalista: Inmensos. Parece conocer con todo detalle todos los crímenes perpetrados en un siglo.
  10. Toca el violín.
  11. Experto boxeador y esgrimista de palo y espada.
  12. Posee conocimientos prácticos de las leyes de Inglaterra” (Conan Doyle, 1982 A, p.26-27).

“Estudio en Escarlata” sería recibida con mediano reconocimiento; la crítica especializada ignoró su aparición. Pese a ello, Arthur siguió escribiendo y tratando de ejercer su profesión, hasta que un día de Agosto de 1891 dio el salto y se lanzó con decisión hacia su pasión más profunda, la literatura. En su autobiografía, Conan Doyle recuerda ese momento particular en que creyó en sus méritos narrativos:

“Repasando toda mi vida anterior, vi lo necio que había sido al emplear mis ingresos literarios en mantener un gabinete oftalmológico en Wimpole Street y, con un salvaje arrebato de alegría, decidí soltar las amarras y confiar sin reservas en mis poderes de escritor” (Conan Doyle, 1989, p.96).

Ediciones hispanas de libros de Conan Doyle

Conan Doyle se dedicaría en cuerpo y alma a la escritura por el resto de su vida. Además de la figura de Holmes, Arthur creó a otro personaje de gran talla, desarrollado quizá con la intención de aplacar la atención y demanda que el detective le generaban: el profesor Challenger, científico aventurero y escéptico, capaz de descubrir nuevas áreas de investigación, brillante y excéntrico intelectual encarnado en el cuerpo enorme de un cavernícola. Con él contactará a sus lectores con “El mundo perdido” (1912), un lugar emplazado en el Amazonas en donde existen especies prehistóricas en cohabitación con el mundo de finales del siglo XIX, una especie de Parque Jurásico preservado por el tiempo y el aislamiento (sí, el título y el libro inspiraron a Michel Crichton para escribir sus propios libros de dinosaurios, llevados al cine en los noventas).

“El mundo perdido” inaugurará la saga de novelas de aventuras y exploraciones del profesor Challenger, las que llegan al espacio de la metafísica, el espiritismo y el contacto con el mundo más allá de la vida en “El país de la Bruma” (1926).  En este libro, escrito en el período intermedio entre la primera y la segunda guerra mundial, se escuchan profecías que, aún válidas en su época, podrían resonar perfectamente en la nuestra:

Lo que intentamos no es que la gente esté amedrentada, sino que se decida a cambiar, a progresar en un sentido más espiritual. No nos proponemos excitar la nerviosidad del público, sino prepararle cuando aún es tiempo. El mundo no puede continuar como hasta aquí, de lo contrario va directamente a su destrucción. Sobretodo debemos barrer la negra nube de teología que se ha interpuesto entre los hombres y Dios” (Conan Doyle, 1929, p.36).

Primera edición "El país de la Bruma" (1929).

Para esa época, la primera guerra le había arrebatado a Arthur la vida de uno de sus hijos. Este último libro de la saga de Challenger da cuenta de los cambios que estos sucesos habían activado en las búsquedas intelectuales de Conan Doyle, abriéndose a nuevos aspectos del mundo sensible. El mismo profesor Challenger, en una discusión con su rival científico Summerlee, anticipaba esta visión del autor en “El mundo perdido”, cita que recogemos desde el análisis desarrollado por José Agustín Mahieu al respecto:

“No, Sumemerlee, no acepto su materialismo, porque yo al menos soy una cosa demasiado magnífica para diluirme en simples elementos físicos, en un puñado de sales diversas  en tres cubos de agua. Aquí…, aquí –y al decirlo se golpeó la voluminosa cabeza con el puño enorme y velludo- hay algo que se sirve de la materia, pero que no es la materia. Algo que es capaz de aniquilar a la muerte, pero que la muerte no podrá aniquilar jamás” (1982 B, p.267-268).

La obra y los personajes de Sir Arthur han trascendido a su muerte. Viven en cada nueva lectura. Ahora bien, cuando a Conan Doyle le preguntaban sobre el aspecto que más valoraba de su propia obra literaria, él no hablaba ni de Holmes ni de Challenger. Él sostenía que, de estar en la hipotética situación en que supiera que toda su obra llegaría a desaparecer y tuviera la opción de elegir una sección para su salvación, elegiría sus breves cuentos históricos publicados bajo el título de “Cuentos de tiempos antiguos” (1911).

Respecto a esos relatos notables, que cuentan, entre otras escenas de la historia de occidente, sobre la partida de los romanos desde Britania, la llegada abrumadora de los Hunos, las desgracias de los primeros cristianos en Roma o el desembarco de los sajones en tierras inglesas ya hablaremos en alguna recomendación de lectura en el futuro.

 

Referencias

  • Conan Doyle, A. (1929). El país de la Bruma.  Madrid: Ediciones Oriente.
  • Conan Doyle, A. (1982 A). Estudio en Escarlata. Madrid: Hyspamérica Ediciones.
  • Conan Doyle, A. (1982 B). El Mundo Perdido. Madrid: Hyspamérica Ediciones (cita seleccionada por José Agustín Mahieu en el apéndice de esta edición).
  • Conan Doyle, A. (1989). Memories & Adventures. Oxford: Oxford University Press (cita traducida por Juan Antonio Molina Foix para su Introducción a Las memorias de Sherlock Holmes publicadas en 2004 por editorial Valdemar, Madrid).

El autor:

Gonzalo Gallardo. Psicólogo educacional y profe. Hay días en que quiero escribir. Los más, me dedico a leer, disfrutar y aprender.

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