Alguien me va a leer

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Un diario personal convertido en novela, la historia de vida de una familia desde los ojos de una adolescente, el legado escrito de una hija que acompaña la soledad del padre, el único sobreviviente. Ana Frank escribió para sí y para todos.

Alguien me va a leer

Ana Frank recibió su diario como regalo de cumpleaños el 12 de Junio de 1942, hace ya 70 años. Su diario, publicado originalmente como “La casa de atrás”, llegó a la luz pública el 25 de Junio de 1947, luego de un trabajo de doble edición.

La primera editora del texto fue la misma Ana. Como cuenta Aidan Chambers en su ensayo “La pluma de Ana Frank”, hubo dos momentos clave en la producción de su texto, en la relación de la niña con su diario. Digo relación porque en el ejercicio de escribir, en la narración continua del vivir de ella y su familia oculta, ella halló en el papel con quien comunicarse y a quién dirigir cada escrito: Kitty, escucha incondicional y comprensiva, espacio para narrarse y encontrarse consigo misma.

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Queridísima o Querida Kitty apuntan los comienzos de las anotaciones de Ana en su diario. Kitty era inicialmente aquel lector imaginario de los escritos de Ana. Luego el mundo sería Kitty. Cada confesión anotada, testimonio universal de una época amarga e injusta y al mismo tiempo prueba de las esperanzas y vida cotidiana de una adolescente y su familia, sumergida en las mareas de la historia global.

El primer momento clave para Ana en su escritura, a juicio de Chambers, fue el inicio de su ciclo menstrual: “En los siete meses posteriores a la mención del comienzo de su período, Ana escribe casi el triple de lo que había escrito durante los 19 meses anteriores” (2006, p.26).  En relación a ello, Ana escribió el 5 de enero de 1944: “¡Me parece que lo que me está pasando es tan maravilloso! Y no sólo lo que puedo ver, sino lo que ocurre en mi interior […] Cada vez que tengo el período -y sólo han sido tres veces- me acomete la sensación de que a pesar del dolor, de las molestias y lo desagradable que es, posee un dulce secreto”.

El otro momento clave en la escritura de Ana fue la escucha radial de una noticia, relatada en su diario el 29 de marzo de 1944: “Querida Kitty: Bolkestein, un miembro del parlamento, habló el otro día en el programa holandés desde Londres, y dijo que después de la guerra debería hacerse una colección de diarios y cartas. Naturalmente, todos se echaron encima del mío. Imagínate, sencillamente, lo interesante que sería si, cuando todo acabara, publicase una novela sobre la habitación de atrás” (2012, p. 230).

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Ana supo en ese momento que su relato podía llegar a ser leído alguna vez. La escritura de días y meses anteriores comenzó a ser editada, corregida, pulida. Ana ya no sólo escribía para sí, deseaba ser leída, escribía y mejoraba su estilo con energía efervescente. Se conservan aún las versiones originales del diario y las versiones editadas del texto, que ella escribía en hojas aparte pensando en una versión publicable de su diario.

Su familia y quienes acompañaban el encierro o les visitaban de vez en cuando sabían que allí se urdía un texto y que Ana se desvivía por él. Hermine “Miep” Gies, quien ayudó a los Frank en la clandestinidad y rescató y conservó el diario de Ana tras la captura de la familia en 1944, fue testigo de la entrega total de la joven escritora a su relato: “Yo sabía que su diario se volvía cada día más su vida”, recordaría tiempo después de la publicación del libro.

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Fue la misma Miep Gies quien devolvió el texto íntegro a Otto Frank, el único sobreviviente de la familia, al volver éste del campo de concentración. Así, el segundo editor del texto de Ana fue su propio padre. Al recibir el texto, sorprendido, prefirió no leerlo. Pasó un tiempo para decidir encontrarse nuevamente con su hija a través del relato de su vida anotado en el diario. La tristeza era grande.

Su rol fue más allá de ser un corrector de estilo, según indican fuentes del Instituto Holandés de Documentación de la Guerra. A juicio de un comunicado de la institución, ofrecido en 1981, Otto Frank habría censurado reflexiones íntimas de la joven Ana, con el fin de salvaguardar las convenciones de la época y velar por no exponer algunas reflexiones de la joven respecto a su madre, sus compañeros y el sexo. Pese a ello, la aparición del libro se debe a la decisión del padre de cumplir con los deseos de su hija por ser escritora, tema sobre el cual Ana volvió en distintas ocasiones en el mismo diario.

El apunte del 5 de Abril de 1944 es claro en ello, y revela las dudas que probablemente todo escritor haya experimentado en cada uno de sus textos iniciales (y quizá en cada escrito):

“Quiero seguir viviendo aun después de mi muerte! Por ello le estoy tan agradecida a Dios de que me haya dado este don. ¡Puedo usarlo para crecer y expresar todo lo que llevo dentro de mí! Cuando escribo puedo sacudirme todas mis preocupaciones. ¡Mis penas desaparecen, mi espíritu revive! Pero, y ésa es la gran duda, ¿seré capaz de escribir algo grande, me convertiré algún día en periodista o escritora?”.

Referencias y sitios web visitados:

Chambers, A. (2006) Lecturas. México: Fondo de Cultura Económica.

Frank, A. (2012) El diario de Ana Frank. Santiago de Chile: Origo Ediciones, Viva Leer.

Artículo en prensa 1981 (El País, España) http://elpais.com/diario/1981/02/01/ultima/349830001_850215.html

Guía web de Ana Frank: http://www.annefrankguide.net

La Casa de Ana Frank: http://www.annefrank.org/es/

 

 

 

 

 

El autor:

Gonzalo Gallardo. Psicólogo educacional y profe. Hay días en que quiero escribir. Los más, me dedico a leer, disfrutar y aprender.

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