“Ser niño ‘huacho’ en la historia de Chile (Siglo XIX)”, de Gabriel Salazar

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Gonzalo Castillo nos recuerda que la historia se debe escribir con todas las voces, que los relatos escolares deben ser cuestionados y que el día del padre resulta, en muchos casos, un día en que se hace evidente la ausencia, celebrada por el mercado.  

No es la historia de los grandes próceres, héroes, abordajes, desastres ni guerras que nos han contado en las salas de clase. Es la historia de la mayoría de los chilenos, de nuestros padres, abuelos y bisabuelos. De esos hombres y mujeres que han tenido que resistir el peso del relato de los grandes hitos y sucesos históricos que realizaron los que “han forjado” la Historia de Chile. Mientras, ellos debían ver pasar sus existencias sin pena ni gloria.

El historiador Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia el año 2006, le ha impreso este sello a todas sus investigaciones y relatos historiográficos. Visibilizar a quienes quedaban oscurecidos por las élites y próceres, relegadas a un papel decorativo de nuestra historia. Por ahí uno que algún “roto chileno”, como supuesto símbolo de identidad y no mucho más.

Los protagonistas de esta historia son los niños. Quizás los más relegados en los relatos históricos tradicionales. Salazar, literalmente, les “da voz” a estos niños en este trabajo. A través de la pluma del historiador, los hijos del bajo pueblo que en su mayoría crecieron sin la presencia de una figura paterna, son los que cuentan “su” historia. Esa que habla de abandono, pobreza, hacinamiento y muerte.De esos niños que crecieron entre el barro de las rancherías en que sus madres hacían de todo para poder “parar la olla”; mientras que sus padres deambulaban por los campos y haciendas, siendo forzados a trabajar “a ración y sin salario”, mientras sus hijos quedan atrás, olvidados.

Esos padres apenas podían sostenerse a sí mismos. No es posible culparlos de su desidia:

Si se habla de ‘nuestros’ viejos, entonces hablemos de leyendas de bandidos, de presencias pusilánimes, de hombres derrotados. O sea, nada que fuera capaz de retener a su lado los muchos hijos que echaban al mundo.

También es la historia de esas madres que quedaron solas con sus hijos. De la culpa y llanto de Rosaria Araya por haber parido cuatro criaturas, sin tener cómo darles de comer:

Entonces lloró, se lamentó, i esclamó al cielo, nuevamente, gritando que la privase de la vida, pues se creia ser la crítica de todos por aber tenido tanto niño, i lo peor, no tener con que alimentarlos.

El relato de Salazar se centra en el siglo XIX chileno. Sin embargo, en cada palabra, cada frase resuma una inquietante actualidad. Como si esos sujetos estuviesen condenados a repetir su fatalidad. Es imposible no ver en esos “huachos” a los niños que hoy pululan por las poblaciones, creando lazos de afecto y cariño entre sus pares. Su familia es el grupo de amigos:

“Compañeros” en vez de hermanos. “Socios” en vez de padres. Geografía para caminar en vez de estratos sociales que escalar (…) Esa camaradería que, para nosotros, los “huachos”, es un principio básico de vida, especialmente la camaradería masculina.

“Ser niño ‘huacho’…” es una forma original de abordar y contar parte de la historia de nuestro país. La narrativización hecha por Salazar de las voces de esos niños, el acceso interior que logra establecer, a partir de la rigurosa documentación histórica, hace que percibamos hasta el último detalle del pensamiento de los “huachos”. De la carencia de una figura paterna a la cual arrimarse en momentos de angustia, pena, felicidad o inquietud.

Sin duda, ese es el mayor logro de esta obra.

En el cierre de este artículo, Gabriel Salazar describe cómo alcanzó ese nivel de vínculo con la niñez. Y es explícito al decir que las herramientas metodológicas de la disciplina historiográfica no son las que le ayudaron a realizar este relato. Hubo de buscar en elementos mucho más simples:

Para intentar hacer historia de este nivel y de esos orígenes es casi innecesario ser científico. Historiador con mayúscula (…) Hacer historia de niños es, sobre todo, una cuestión de piel, más que de métodos y teorías. Se trata de ‘sentir’ y ‘sentirlos’. Es una cuestión entre los niños y yo.

El autor:

Gonzalo Castillo Becerra. Leo de (casi) todo y escribo a cuentagotas. Licenciado en Historia, ex profe (por ahora) y actual estudiante de Periodismo. Hincha irracional de la Universidad de Chile. Apacible ciclista.

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