Hermosamente Triste

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Poema, Azul, Numen, Alma e Idea. Ésos fueron los nombres que eligió un matrimonio uruguayo de principios del siglo XX para sus hijos. La idea surgió del padre, un poeta anarquista que leía diariamente a los niños poesías de Rubén Darío, a la vez que les instaba a estudiar música y otras artes. Los cinco chicos también recibirían de su madre -una católica ávida lectora de novelas-, el gusto por la literatura, que marcaría el destino de la familia Vilariño Romani, y especialmente de Idea, quien a la larga sería la poeta más célebre del Uruguay.

Idea Vilariño.

Desde niña se le dio la escritura. Ganó un concurso de poesía a la edad de 10 años y siempre estuvo ligada a la música: estudió violín y quiso dedicarse a la interpretación, al igual que su hermano Numen. Sin embargo la vida de Idea cambiaría luego que se le diagnosticara una extraña enfermedad a la piel, que le obligaría a abandonar el instrumento y dedicarse a las letras.

Como si el destino jugara con su historia, Idea haría sus primeras publicaciones en Clínamen, una revista que sólo alcanzó su segunda edición y que daría paso a una más importante, Número, fundada por Idea Vilariño junto a Mario Benedetti y otros poetas de la llamada Generación del 45. Clínamen es el nombre que da Epicuro a la desviación espontánea en la trayectoria de un átomo, lo que genera un nuevo impulso energético en el espacio, creando un movimiento perpetuo, el movimiento que da origen a la vida.

Mientras Idea escribe, también enseña literatura en el Liceo Battle y Ordóñez de Montevideo. Durante 20 años debió levantarse a las 4 de la mañana para llegar a su lugar de trabajo y muchas noches las pasó traduciendo a Shakespeare y otros escritores extranjeros. Sus traducciones han sido premiadas en Latinoamérica completa.

Su obra poética abarca el período comprendido entre 1945 y 2009, su año de muerte. El primer libro, llamado La suplicante, firmado sólo con su nombre, le entregó prestigio entre sus pares, quienes siempre la consideraron una figura misteriosa en el ámbito literario. Nunca quiso ser una figura pública, no daba entrevistas y pocas veces se dejaba ver en encuentros de sociedad.

Poemas de amor de 1957 es su libro más famoso, por incluir íntegramente los textos que Idea escribió a Juan Carlos Onetti, el connotado escritor uruguayo, de quien fue amante durante largos once años, con quien nunca vivió y sólo pasaron nueve noches juntos y con quien protagonizaría una de las relaciones más tormentosas de la literatura mundial. Onetti diría de su romance con Idea: “nunca sentí que ella estuviera enamorada de mí. No digo que no lo estuviera, sólo digo que nunca lo sentí”.  Ella respondería quitando la dedicatoria en la próxima edición del libro, y regalando a la memoria universal su poema Ya no “Ya no será/ya no/no viviremos juntos/no criaré a tu hijo/no coseré tu ropa/no te tendré de noche/no te besaré al irme/nunca sabrás quien fui/por qué me amaron otros/…” (continua leyendo este poema acá).

Además de poeta, Idea fue ensayista y teórica literaria. Al regreso de la democracia a Uruguay, en 1989, se le entregó la Cátedra de Literatura Uruguaya en la Universidad de la República.

La música siguió siempre acompañando sus días. Escribió y compuso canciones que luego fueron grabadas por artistas como Daniel Viglietti  y Los Olimareños. También escribió dos libros acerca del tango: Las letras del Tango y El tango cantado, una forma musical que Idea cantaba, interpretaba y bailaba con gran talento. “Idea Vilariño dijo el tango es inmensamente triste, y esa belleza triste es la que se encuentra en sus textos” apuntaría el escritor Enrique Estrázulas, años más tarde.

Idea se casó cuatro veces, nunca tuvo hijos. Once años antes de su muerte, en 1998, se estrenó un documental llamado Idea fruto de una de las escasas entrevistas que dio a dos periodistas uruguayos.

Idea Vilariño muere luego de no superar las complicaciones de una operación intestinal, el 28 de abril de 2009 en la ciudad de Montevideo, Uruguay. A su funeral sólo asistieron catorce personas, probablemente siguiendo la última voluntad de la propia poeta, encargada a su amiga Ana Inés Larre Borges: “Nada de cruces. En avisos solo el nombre Idea Vilariño. No morí en la paz de ningún señor”.

El autor:

31 años. Ya no fui Don DeLillo.

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