“Being Flynn” de Paul Weitz

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La desesperación de una historia por contar.

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Ver películas sobre escritores es siempre un riesgo. Estas suelen caer en uno de dos polos o estereotipos (bastante poco felices ambos): o bien el del escritor-artista creativo, de personalidad imposible e insufriblemente talentoso (que suele caer en todo tipo de adicciones), o bien del escritor loser, el que se cree la última guinda de la torta y que en realidad se deshace escribiendo una historia que nunca alcanza(rá) a terminar (y que también cae en todo tipo de adicciones).

La película de Weitz (a quien le respeto enormemente su About a Boy) se mueve peligrosamente entre ambos polos. No porque se encargue de mostrar  personajes muy ricos y complejos sino porque, en su caso, se nos muestra el retrato de no uno, sino que de dos escritores. Uno que responde claramente al segundo modelo (DeNiro haciendo de homeless en una interpretación que es a ratos descarnada y a ratos francamente patética) y otro que se debate entre la genialidad y el desamparo (interpretado por un Paul Dano a quien cuesta creerle).

La historia cuenta cómo Nicholas Flynn (Dano), que se jura escritor y vive de parásito con sus novias mientras no-trabaja y “termina” su interminable obra, es dejado por una de ellas y debe enfrentarse con la triste realidad del trabajo responsable como cualquier simple mortal. La vida lo lleva a trabajar en un refugio de vagabundos, o personas sin casa, de Nueva York en donde sobrevive bastante dignamente hasta que recibe una llamada de su padre, Jonathan (a quien no ve hace dieciocho años) pidiéndole su ayuda.

Luego del favor, el padre vuelve a desaparecer… Para luego reaparecer, una vez que lo ha perdido todo por culpa de su irresponsabilidad y afanes de grandeza, en el propio refugio de vagabundos en donde trabaja su hijo.

De ahí en más, el desarrollo es casi dolorosamente obvio. El joven, que iba de caída en picada en cuanto a sus aspiraciones, comienza a tomarse la vida en serio y se dedica a escribir (también en serio). El padre, luego de soltarle a su hijo largas tandas acerca de la obra maestra que está escribiendo y caer bien-bien bajo, acaba por encontrar alguna suerte de lugar en el mundo (si bien precaria) y acercarse ( a través del destino de escritores que comparten ambos ya que no a través de una relación de padre e hijo normal) a su único hijo quien también ya parece más a gusto consigo mismo. Entre medio hay escenas bien logradas, un par de momentos en los cuales Julianne Moore (como la madre de Nicholas abandonada por De Niro) brilla incandescentemente y un soundtrack que lo hace todo bien (el grupo se llama Badly Drawn Boy…vaya a por él).

Lo que la película insinúa, si bien no logra conseguirlo del todo, es que las ficciones son justas y necesarias. Que la vida se compone en gran medida de las historias que nos contamos a nosotros mismos y a los demás, independiente de si somos escritores o no.

Independientemente también (muchas veces) de si son verdad o no.

Como dice el personaje de Nicholas en un momento:“Todos necesitamos crear la historia que hará que nuestras vidas tengan sentido”.

Es cierto, la película no profundiza mucho más en el asunto. Pero a veces una sola línea basta para salvar toda una historia que se mueve a tropezones.

El autor:

María José Navia (Santiago, 1982) | Lectora y cinéfila compulsiva; escritora en proceso de aprendizaje. Publicó su primera novela SANT (Incubarte Eds.) en 2010 y espera publicar su segunda novela, Lost and Found/ Objetos Perdidos, a fines de este año. Sus cuentos han aparecido en diversas antologías. Twitter: @mjnavia Blog: ticketdecambio

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