“Relatos reunidos”, de Hebe Uhart

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Fuente: www.alfaguara.cl

Aburrían tanto las primeras lecturas obligatorias en el colegio, me acuerdo. Novelas cortas y cuentos costumbristas, de temáticas rurales, acabadas descripciones del entorno, personajes ajenos y desagradables. Gente que araba la tierra, alimentaba gallinas, se comía los chanchos. No me identificaba con ninguna de sus emociones. Por eso cuando empecé a leer a Hebe Uhart, quise arrancar; pensé que estaba frente a una pila de cuentos de campo. Ignorante yo, no sabía a lo que me enfrentaba. Porque los cuentos de Hebe Uhart no aburren. Por el contrario, te insertan de cuajo en la cotidianeidad de sus personajes; vidas, que miradas al pasar, parecen sencillas y comunes, pero que seguidas al tono de la escritora, son pura aventura, como aventurera es la vida de los que reflexionan. No por nada Fogwill la denominó la mejor escritora argentina.  Y Fogwill jamás recomendó literatura aburrida.

Hebe Uhart estudió filosofía enla UBAy fue profesora la mayor parte de su vida. En realidad, todavía lo es: dicta talleres literarios en Buenos Aires. Pero antes fue maestra de escuela -de primaria y secundaria- e incluso dirigió cátedras universitarias. Quizá por su bipolar actividad laboral, combinando docencia y escritura, fue que su encanto literario permaneció oculto, no alcanzando la difusión de otras escritoras más conocidas, como, por ejemplo, Silvina Ocampo. Quizá, también, porque la mayoría de su obra narrativa (más de diez libros de cuentos, varias novelas y crónicas de viajes) fue publicada en pequeñas editoriales independientes, algunas hoy desaparecidas. Eso le dio un aire de escritora de culto ala Uhart.

En Relatos Reunidos encontramos cuentos sobre inmigrantes, historias de jóvenes que abandonan el campo trasladándose a la ciudad, matrimonios arreglados, mujeres con propósitos tan simples como nobles: hornear un budín, regar el jardín, niñas que bailan al son de canciones de Rafaela Carrá. Personajes que gracias a su lucidez y sentido del humor llegan a las más sinceras y dolorosas constataciones, disparadas al lector, no como balas, sino como un mensaje subliminal encubierto en la pura cotidianidad. Como la narradora del extraordinario Guiando la hiedra, quien al comparar sus plantas con los humanos, concluye: “Son diferentes las personas: algunas personas, con una base mezquina, adquieren unas frondosidades que impiden percibir su real tamaño; otras, de gran corazón y capacidad, quedan aplastadas y confundidas por el peso de la vida”.

A través de un estilo particular -en que el uso del lenguaje se impone como característico de la argentina-, las narraciones de este libro transmiten la posibilidad de encontrar belleza y profundidad en cualquier acto vital. Hay, también, una mirada inocente en sus cuentos, como guiada por la brújula de quienes por primera vez descubren o realizan algo. La niña de El budín esponjoso pensaba: “Si el calentador era tan peligroso, como decían, yo no sé cómo mi mamá se arriesgaba a darle fuelle con ese inflador: a cada bombeada mi mamá se arriesgaba a ser quemada por un estallido; puede ser que la muerte no le importara”.

Algunos dicen que en los cuentos de Hebe Uhart no pasa nada. Mentira. Sucede que en sus cuentos no pasa nada sorprendente. No es necesario. A su talento le basta el más banal de los eventos para construir un relato inspirador y redondo. No necesita grandes personalidades, ni héroes cultos o tramas cinematográficas. Solo requiere de la simpleza de las situaciones normales. Como si tu vida –o la mía- fuese pura literatura.

El autor:

Viviana Moya Cañoles nació en Santiago de Chile, en 1982, pero gran parte de su vida la pasó en Concepción. Es abogada, estudió periodismo y ha participado en varios talleres literarios.

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