Librería “Comuna Literaria”

La Picá del Lector

Fuimos a conocer a Álvaro Arellano, dueño de la Librería “Comuna Literaria”.

Si hay algo que ansiamos en varios momentos de nuestra vida es independizarnos. Llegado el día, cuando creemos tener los medios para hacerlo, tomamos las maletas y dejamos la casa de nuestros padres. O cuando sentimos que en nuestra pega nos explotan, cruzamos los dedos para que en un futuro cercano se den las condiciones en que lleguemos a ser nuestros propios jefes. Esta última cuestión fue la que le sucedió al librero Álvaro Arellano, quien por años trabajó en varias cadenas de librerías del país y del Ecuador y que, hace poco menos de un año, logró el ansiado sueño de independizarse. Con la ayuda monetaria de unos socios, se puso en pleno barrio Italia con la librería “Comuna Literaria”, gerentada y atendida por él mismo.
Con Revista Terminal fuimos a su local, ubicado a pasos del metro Santa Isabel, y le preguntamos sobre sus inicios como librero, las joyitas con que cuenta su catálogo y el panorama de los libreros en Chile. Esto fue lo que nos dijo:

¿Cómo nace la idea de tener una librería?
Sentía que no estaba para trabajar para otros. Pensé en comenzar un negocio, pero no tenía capital. Lo que sí tenía eran libros. Tenía tres o cuatro cajas de libros. Tampoco tenía plata para arrendar un local, entonces empecé por la web, mientras buscaba algún trabajo de tipo administrativo. Me embalé, aprendí un poco de programación, hasta que empezó a funcionar la web, con doscientos libros. De ahí, con la plata de los que iba vendiendo, compraba más. Algunos amigos también me empezaron a pasar sus libros.

¿Qué sientes cuando alguien entra a tu librería?
Depende de quién entra. Si es una chica guapa, bien (ríe). Lo más importante para mí es entender bien quién es el otro, lo que quiere. Es como si alguien entra a tu casa, al living, en un cierto sentido. Aunque uno mismo lo plantea como un espacio público, que uno entrega a la comunidad, también hay algo que es tuyo ahí. Esa cosa es un poco extraña.

En ese sentido, ¿te provoca algo que otros se lleven tus libros?
Quizás cuando tuve mi primera librería y tenía libros de primeras ediciones, libros firmados y que yo les ponía un precio caro para casi no venderlo, e igual se vendía, ahí me achacaba. Pero es parte de un proceso de aprendizaje. Igual yo tengo pocos libros. Tengo una biblioteca pequeña comparada con la de cualquiera de mis amigos. Lo que más tengo son cosas muy difíciles de encontrar, poesía, libros de temas de interés específico, y ese tipo de cosas. Cuando encuentro libros así, me dan ganas de quedarme con el libro, y no venderlo. Pero es un juego raro, sobre todo con los libros usados, o libros nuevos que me consigo a buenos precios, igual me da lata vender.

¿Cuáles son los libros de tu librería que recomendarías?
Me pasa que hay cosas que recomiendo y nunca he leído. Por ejemplo, a Murakami lo recomiendo y nunca lo he leído, y lo recomiendo como un lector fanático de Murakami. No sé por qué lo recomiendo, es como las cosas que uno sabe intuitivamente y sé que es un buen escritor. Hay muchas cosas que no he leído pero sé que son buenas. Muchas cosas las he recomendado y ha vuelto la gente a contarme que el libro es muy bueno. Con Murakami me ha pasado así. Y, en realidad, lo que recomiendo depende de la persona. Si alguien llega y me dice “tengo que hacer un regalo”, yo lo primero que les pregunto es qué es lo que esa persona, a la que le tienen que regalar, ha leído o les gusta, o con qué temas rayan. Y ahí vamos buscando. Se supone que un buen librero le achunta. Yo les dejo la posibilidad a la persona, que si a la persona que se le regaló el libro no le gusta, lo traigan de vuelta y lo cambiamos.

Entonces, ¿los libreros no se leen lo que recomiendan?
Cuando voy subiendo los libros a la web (www.comunaliteraria.cl), ahí recién voy descubriendo nuevas cosas (ríe).

¿Qué tipo de lectores compran en tu librería?
En una librería como ésta, uno ya conoce quiénes son los clientes. Hay personas que vienen,  compran un libro una vez, y no vuelven. Esos para mí no son clientes. Es cliente el que vuelve, hablamos ciertos temas, le busco cosas, etc. Tengo clientes habituales. Mucha gente llega por la web, le gusta y sigue viniendo. Lo que pasa es que esta librería es de barrio. Tiene mucho de eso. Me falta mucho todavía, en términos de clientes, en términos de stock, etc. Estamos apostando a que este espacio que está emergiendo.

¿Cuáles son los libros que se venden más?
Lo que más se está vendiendo es La vida, instrucciones de uso (Georges Perec). Hubo un momento en que vendí cinco o seis, lo que para una librería como esta ya es un Best Seller. Poesía chilena estoy vendiendo harto. Cosas usadas que me llegan también. En catálogo de nuevos, tengo Anagrama, Tusquets, Universidad Diego Portales, Cuatro Vientos.

Una clienta que hace un buen rato está en el local viendo libros, le pregunta “¿a cuánto tenís el Libro del desasosiego (Fernando Pessoa)?”. “A 15 mil”, responde Álvaro. “¿Quieres verlo?”. La mujer, que debe llevar un rato ahí mirando libros, le dice “está muy buena la librería. ¿Hace cuánto que la tienes?” “Hace siete meses, responde el librero”. “Había pasado por aquí y no la había visto”, le dice ella. “Es que hay que mejorar la iluminación”, le dice, riendo.
La mujer no compra el libro, pero pronto se une a la conversación. Nos cuenta que es profesora de lenguaje. Que lee poco. Que llega de su trabajo a hacer y corregir pruebas. “Los profesores de lenguaje no son grandes clientes”, confirma el librero.

Pero no sólo los profesores de lenguaje leen poco. Todos, en general, leemos poco.
Es poca la gente que lee. En mi familia es poca la gente que lee. Cuando yo me junto con mis hermanos y mi mamá no hablamos de libros, ni de cine. De alguna manera, hay una relación entre literatura y vida. Mucho de lo que uno vive lo vive desde un prisma que tiene que ver con lo que uno está leyendo. Para mí la literatura es como una ayuda para poder mirar, y eso de alguna manera enriquece la sensibilidad.

¿Qué son para ti los libros?
Para mí, están todos estos caballeros (autores), que son mundos que están encerrados en estos libros y tengo que hacer que se los lleven. Pero que cada persona se lleve realmente el que tiene que llevarse. Me da lata que a la persona no le vaya a gustar. Y la idea es que se lo lleven a un buen precio. Y vuelvan.
La única forma de hacer que la gente lea es que la gente te vea a ti pasándolo bien cuando lees un libro. Para mí hay una relación directa con el libro y una relación directa con el otro. No pasa más allá. Es una relación entre literatura y vida.

¿Cómo ves el panorama de las librerías en nuestro país?
En Chile no pasa lo mismo que en otros países con las grandes cadenas de librerías. En México, en la Ghandi son secos, hacen campañas publicitarias, y toda la onda de ellos está orientada a que la gente que no compra libros lo haga. En Europa hay escuelas de libreros, con una parrilla de cursos en todos los temas necesarios, tanto en cultura general como administrativos (uso de software, etc.), cosas que acá yo he ido aprendiendo en el camino nomás. Es otra onda.

¿Volverías a trabajar en una librería, sin ser tú el jefe?
Si en algún tiempo me voy a la quiebra, y tengo que mandarles currículum, lo hago. (Ríe).

Librería “Comuna Literaria”.
Atiende: Álvaro Arellano.
Santa Isabel 0151, Metro Santa Isabel.
Horario de Atención: Lunes a Viernes de 11:00 a 21:00 hrs.
Fono: (2) 986 77 83
Celular: 8 154 75 53
Correo: vigia@comunaliteraria.cl

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